¡Saludos, fans y “Elvismaníacos” del Club! Con el capítulo de hoy damos por finalizado nuestro particular repaso a los centros y estudios de grabación que albergaron la figura musical de Elvis Presley. De una forma cronológica, no podía ser de otra manera, la última estación del viaje es la vuelta al hogar, “Graceland”.
Actualmente para la mayoría de seguidores el hecho de llegar a Graceland, sobre todo si es por primera vez, se convierte de forma metafórica en la culminación exitosa de un peregrinaje hacia la tierra prometida. Para Elvis, el regresar a casa era casi siempre sinónimo de descanso, refugio, protección y algo de intimidad. Unas sensaciones que más allá de su situación personal le llevaron incluso a tratar de adaptar su vivienda a sus necesidades profesionales convirtiéndola en la mejor medida de lo posible en unos nuevos estudios donde prolongar su actividad contractual.
De cualquier forma, al valorar su trayectoria vemos que una utilización del entorno particular y con esta finalidad ya contó con un par de precedentes de importancia significativa que a continuación analizamos.
Antecedentes
Como en casi todo lo referente al negocio musical, mal que le pese a algunos, Elvis fué el primero y pionero en experimentar nuevas fórmulas, algunas veces de forma premeditada y en algunos casos de una manera totalmente espontánea.
La utilización comercial de grabaciones “caseras” o “personales” será en un futuro un elemento más de innovación y la simiente la encontramos en la mítica sesión del “Million Dollar Quartet”.
Corría el 4 de diciembre de 1956 y Elvis ya totalmente inmerso en la vorágine y promoción de una discográfica de ámbito nacional decidía hacer una parada de cortesía en los estudios de la Sun mientras regresaba a su ciudad de adopción y visitaba a aquellos que le lanzaron a la popularidad y contribuyeron de forma activa y fundamental a su formación como fenómeno musical de masas.
Aquella tarde de otoño y seguramente en conjunción con los astros, Presley coincidía con otros futuros mitos y el resultado gracias una vez más al avispado Sam Phillips que sabía poner en marcha las bovinas en el momento oportuno, era todo un cóctel de música fiel reflejo de las diversas influencias que les habían marcado desde la infancia. Figuras como Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y el propio Elvis daban rienda suelta a sus preferencias y referencias en un ambiente de total distensión, cargados de fuerza, ilusión y frescura.
¿El resultado? Poder asistir casi de forma clandestina a una fantástica puerta al pasado que no deja de ofrecer nuevos detalles y pequeños matices en cada escucha.
Años más tarde, en octubre de 1973 Elvis Presley sufría el segundo shock emocional importante de su vida después de la muerte de su madre y es que el día 9 se hacía oficial la sentencia de divorcio entre el cantante y su esposa Priscilla.
Unas semanas antes, el 22 y 23 de septiembre, RCA, enviaba equipo y material a la mansión que el de Tupelo tenía en Palm Springs con el objetivo de finiquitar un par de piezas necesarias para completar el nuevo álbum en cartera, “Raised on Rock”. El balance final fueron: “I miss you” y “Are you sincere”, muy en la línea melódica de aquella época con un resultado comercial también muy por debajo de los niveles de antaño.
Memphis 1976
Habiendo dejado atrás retos como el “Aloha from Hawai”, actuar en su ciudad residencial y las innumerables, monótonas y reiteradas tandas de conciertos en Las Vegas, pocos eran los estímulos que despertaban el interés del músico. Además, su salud y su estado de ánimo eran más que vulnerables. Elvis estaba harto de representar el papel de Elvis Presley y en consecuencia su entorno y su vida encontraban proyección en su música. Planificar una sesión de estudio y pretender que el Rey cumpliera con los horarios, repertorio, compromisos y obligaciones se había convertido en poco menos que una quimera. ¿Solución? Si el profeta no iba a la montaña sería la montaña la que se trasladaría al hogar del profeta.
De esta manera, RCA, ideó el montaje de un estudio móvil entre los muros de Graceland y más en concreto en la mítica “Jungle Room”. Enviando un camión que haría las veces de receptor en el exterior de la propiedad y solucionando de la manera más eficiente posible los problemas acústicos que las paredes y su material ofrecían, las primeras sesiones fueron programadas para los inicios del mes de febrero.
El equipo de músicos estaría formado por el habitual de aquellos años. Gente del calibre de James Burton, Jerry Scheff, Glen D. Hardin, Norbert Putnam, John Wilkinson, Ronnie Tutt...
La primera noche resultó prometedora capturando tres temas. El Elvis actual mostraba su talento en cuentagotas y de esta forma había que administrarlo. La concentración y la dedicación de otros años habían dado paso a una actitud de total resignación que en ocasiones rayaba incluso el tedio.
Lo más destacable de aquellas sesiones tal vez sea el peculiar sonido que de ellas se obtuvo y que los fans no pudieron apreciar con total autenticidad hasta la publicación de “The Jungle Room Sessions” por parte del sello “Follow that dream”. Hay quien sostiene la teoría de que fue la moqueta instalada la que proporcionó la particular sonoridad de aquellos temas. Lo cierto es que al añadir pistas y mezclas posteriores, la frescura y poca espontaneidad que desprendían las grabaciones, quedaron totalmente eclipsadas y difuminadas en un esfuerzo bien intencionado de ocultar otras flaquezas.
Así, de la tanda inicial surgieron temas como: “She thinks I still care”, “The last farewell”, “Moody blue”, “For the heart” y la nostálgica “Blue eyes crying in the rain”. El sencillo que un servidor ha escogido para subtitular este reportaje quizás por ser la canción que según cuentan fue la última que Elvis ensayó al piano antes de iniciar su particular y solitario viaje hacia la tierra de los mitos.
Unos meses más tarde, en octubre del mismo año, una nueva sesión fue programada en la mansión del cantante. Un par de jornadas que aún contando con un Elvis de buen humor solamente produjeron cuatro temas de los cuales el último, “He’ll have to go” se mostró un tanto premonitorio sobre su futuro personal.
De todo el material obtenido en ambas citas se lanzaron al mercado al margen de los preceptivos singles, dos álbumes: “From Elvis Presley Boulevard” y el último con material en estudio, “Moody blue”.
Elvis Presley no volvería a pisar nunca más al menos de forma terrenal un estudio de grabación. Poco después de su muerte fue sacado a la venta un directo que recogía momentos de sus últimas actuaciones y a partir de entonces infinidad de recopilatorios de toda índole se han ido sucediendo a través de los años manteniendo vivo el recuerdo del artista y su legado musical.
Espero que el recorrido que hemos hecho a lo largo de estas entregas por los centros de grabación que tuvieron la suerte y el privilegio de acogerle hayan sido de vuestro agrado y que lo hayáis pasado igual de bien que un servidor al recopilarlo en esta serie de artículos.
Hasta muy pronto. ¡Un abrazo para todos!
Jordi Prat ( Socio 1101)
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