lunes, 7 de noviembre de 2011

HUGO PERETTI & LUIGI CREATORE


¡Socios y amigos del Club! Bienvenidos a un nuevo capítulo de nuestro particular repaso por todos aquellos compositores o autores que de una forma u otra contribuyeron a engrandecer la figura musical de Elvis Presley.
El de hoy es un caso muy especial dado que confluyen en él apuntes de lo que podríamos denominar arqueología musical con pequeñas trazas del mejor cine negro de la época dorada del género sin dejar de lado la calidad y la originalidad. Aunque nuestros protagonistas, Hugo Peretti y Luigi Creatore gozaran de un papel más destacado en la década de los sesenta con su labor de composición y producción para otros artistas, en el caso de Elvis su vínculo común es mucho más breve pero no por ello carente de intensidad y relevancia. Porqué hablar de Hugo & Luigi es hablar de “Can’t help falling in love”. Todo un himno en la trayectoria del Rey.


Origen de la melodía

Si bien es cierto que nuestra pareja de italo americanos no son los auténticos creadores de tan famosa tonada, de justicia es atribuirles la merecida importancia que aportaron en su popularización.
Históricamente, el origen de la melodía se remonta a una vieja canción de amor francesa titulada “Plaisir d’amour”, fechada en 1785 y firmada por el compositor clásico Johann Paul Aegidius Martini que también ha pasado a la  posteridad con el nombre de Jean Paul Egide Martini por cuestiones geográficas y profesionales.
Años más tarde, en 1859 sería adaptada a un formato más orquestal por el también compositor francés Héctor Berlioz y tendremos que esperar hasta 1902 para tener constancia de su primera grabación en un soporte físico.
Escuchándola en su formato original, las semejanzas con el título que nos ocupa son más que ostensibles. A pesar de todas las evidencias y similitudes, expertos y profanos coinciden en catalogar el proceso más como una adaptación en lugar de utilizar el término versión que omitiría el papel desarrollado por cada elemento en un ejercicio carente de coherencia dejando en un segundo plano las más que significativas innovaciones introducidas para el tema de Elvis.  


Apuntes biográficos

Hugo Peretti nació en la ciudad de Nueva York el 6 de diciembre de 1916. Cuatro años después lo hacía su primo Luigi Creatore en el peligroso suburbio de “Hell’s Kitchen” de la misma ciudad. Si bien Hugo tenía formación instrumental como trompetista llegando a debutar en orquestas de Broadway, Luigi sólo gozaba de pedigrí musical personificado en las figuras de su padre y hermanos que si tenían estudios y vinculación artística.
La primera colaboración del dueto fue bajo el sello “Mercury” y dando forma a canciones infantiles pero pronto su talento no pasó desapercibido para los ojeadores del pop. Los conocimientos musicales del primero y el instinto del segundo para modelar historias de dos o tres minutos pronto darían sus frutos en forma de éxitos para artistas de la talla de Jimmie Rodgers o Sarah Vaughan que por entonces también empezaban a labrarse una sólida carrera.
Su fama y prestigio fue progresivamente en aumento llegando a ser propietarios y directores de una compañía como “Roulette Records” al lado de un personaje como Morris (“Mo”) Levy.
Peretti y Creatore eran los responsables del llamado control creativo mientras que el amigo Levy ejercía el papel de ejecutivo y empresario. Según el FBI pertenecía al “Clan de los Genovese” y la venta de discos y la floreciente industria discográfica a parte de proporcionarle buenos dividendos se erigía en una excelente tapadera para “blanquear” capital procedente de otras actividades del crimen organizado. Sin entrar en valoraciones partidistas, es más que evidente su vinculación con círculos de dudosa reputación. Sea como fuere, a finales de los cincuenta firmaron un lucrativo y ventajoso contrato con la poderosa RCA que de forma consensuada les proporcionaba carta blanca para poder desarrollar todas sus ideas en el marco de la producción. Una tarea que en aquellos años no tenía la trascendencia actual y que por tanto suponía toda una novedad en todos los aspectos de la composición y la posterior distribución y difusión de un producto mucho más elaborado.
Durante la década de los sesenta, la más prolífica para el tandem, serán responsables de éxitos como el “Shout” de los Isley Brothers, aportarán su grano de arena en la adaptación del texto al inglés del clásico, “The lion sleeps tonight” o firmarán la producción de gran parte de los hits de un intérprete como Sam Cooke. Bajo la humilde opinión del que esto subscribe, el mejor vocalista de color de la historia de la música popular al que proporcionaron un sonido que cambiaría de forma notable la manera de tratar las melodías y la instrumentación en el marco del pop. Posteriormente, hicieron su incursión en el ámbito del musical, concretamente en una producción titulada “Maggie Flynn” que con la temática de la Guerra de Secesión gozó del reconocimiento de la crítica de Broadway.
Hugo Peretti falleció en la localidad de Englewood (New Jersey) el 1 de mayo de 1986 a la edad de 69 años mientras que Luigi Creatore continua disfrutando de su longevidad.


Hugo, Luigi & Elvis

El primer “contacto musical” de Elvis Presley con nuestra pareja protagonista se produjo el 7 de noviembre de 1960 en los Radio Recorders de Hollywood durante las sesiones de grabación de un tema como “Wild in the country”. Una preciosa melodía que daba título a un proyecto cinematográfico que pretendía potenciar la faceta interpretativa de Presley en la misma línea de “Flaming Star” un mes antes. Lamentablemente, una alternativa de trabajo que no tubo continuidad en beneficio de tratamientos mucho más comerciales dirigidos a mayor público y mayor consumo. La prueba fehaciente es que “Wild in the country” sería editada como cara “b” de un poderoso single como fue, “I feel so bad”, relegándola a un papel secundario de acompañamiento o relleno.
Siempre colaborando con su fiel “escudero”, el también compositor George David Weiss, el 21 de marzo de 1961 iniciaron su singladura en la confección de la histórica banda sonora de la pel·lícula, “Blue Hawaii”.
Su primera aportación se tradujo en un tema como “Ku-u-i-po” que comulgando con el espíritu del álbum pretendía combinar música folclórica tradicional con el particular estilo de Elvis.
Un par de días más tarde, sin abandonar los Radio Recorders darían forma a su clásico imperecedero, “Can’t help falling in love”. Después de 29 exigentes intentos lo consideraron terminado con la sensación generalizada de que habían moldeado todo un hit  a la altura de propuestas como “It’s now or never”. Recomendable al cien por cien para cualquier fan que se precie es el escuchar el mayor número de tomas de la composición para contrastar en toda su  plenitud la evolución y el tratamiento de la melodía en todo su esplendor.
Curiosamente, cuatro días después, Elvis protagonizaría sin ser plenamente consciente desde el “Bloch Arena” de Pearl Harbour la que iba a ser su última actuación en directo en mucho tiempo. Lo que son los giros de la vida y las casualidades, a finales de la década y con su regreso a los escenarios, el Rey enseguida adoptó la balada de “Blue Hawaii” como elemento diferenciador para que el público identificara el final de sus shows. Una costumbre que se convirtió en ley y que prácticamente mantendría inalterable hasta el fin de sus días.
 

Discografía y repercusión

Seguir el rastro discográfico de la pareja de compositores y su huella en las labores de producción no es demasiado difícil sobretodo en aquellos éxitos que de una manera u otra han marcado parte de la historia musical de la segunda mitad del siglo XX. Algunos de ellos mencionados brevemente a lo largo de este artículo.
Indudablemente no solamente para los fans de Elvis Presley sino también para la mayoría del gran público, Hugo Peretti y Luigi Creatore serán siempre recordados por el papel desempeñado en la confección y adaptación de tan conocida balada. Un tema que con el paso de los años, periódicamente continua inspirando nuevas lecturas a la vez que a intérpretes y artistas de índole muy variada. Por citar sólo algunos: Perry Como, Andy Williams, Doris Day, Marty Robbins, Bob Dylan. Corey Hart, Julio Iglesias, UB40, Harry Connick Jr, U2, Andrea Bocelli, Bruce Springsteen o Michael Bublé.







Jordi Prat ( Socio 1101)

ESTUDIOS OCASIONALES


Bienvenidos a una nueva entrega dedicada a nuestro particular viaje por los principales centros de producción que acogieron la figura de Elvis Presley a lo largo de su trayectoria musical.
Hoy nos centraremos en los que de una manera un tanto ortodoxa hemos bautizado como “Estudios Ocasionales”. Aquellos que por motivos básicamente contractuales fueron testimonio musical de lo mejor y lo peor del Rey.
Analizando con rigurosidad los resultados artísticos más allá de las preferencias o debilidades que cada uno pueda manifestar y tratando objetivamente los datos, podemos afirmar con cierta seguridad que son tres las factorías principales que en el transcurso de también tres décadas aglutinan parte del extenso catálogo del de Tupelo.

1. “RCA Studios” en Nueva York

Una vez abandonado el compromiso con Sun Records y su mentor Sam Phillips, Elvis se enfrenta por primera vez al reto de una compañía de ámbito y distribución nacional con lo que todo ello conlleva implícito. Estamos aún en plena década de los ’50, concretamente a finales de enero de 1956 y la efervescencia del Rock ‘n’ Roll sacude a buena parte de la sociedad desde la perspectiva inconformista de los jóvenes.
Para su primera sesión “importante”, nuestro protagonista debe trasladarse a la ciudad de Nueva York en un edificio situado entre la Tercera Avenida y Lexington. Los responsables de producción continúan de alguna manera obsesionados con reproducir el sonido de la Sun y para tal empresa no dudarán en planificar el mayor número de factores favorables. A parte de los iniciales Scotty Moore y Bill Black y el cada vez más habitual D.J Fontana se contratarán los servicios del pianista de Boggie-woogie Shorty Long para proporcionar mayor dinamismo al material.
El repertorio habla por sí solo: “Blue suede shoes”, “My baby left me”, “So glad you’re mine”, “Tutti frutti”, “Lawdy, Miss Clawdy”, “Shake, rattle and roll”...Composiciones y compositores que beben en las aguas del Blues y del Rhythm & Blues que convenientemente tamizados y adaptados al registro y personal estilo de Presley se transformarán en una manera de entender la música que sólo el tiempo se ha encargado de proporcionarle la justa y merecida recompensa.
En el ámbito discográfico, estas sesiones iniciales servirán para poner la guinda al primer y mítico álbum de debut para su nueva compañía a parte de completar el contenido de singles y E.P’s pertinentes que en aquel tiempo tenían mayor repercusión mediática y una aceptación comercial considerable en comparación al joven formato que significaba entonces un larga duración.
Elvis volverá a pisar una vez más los estudios de la RCA en la ciudad de los rascacielos. Será en julio de ese mismo año inmerso en plena promoción televisiva pero con el suficiente instinto para apostar por temas como “Hound dog” o “Don’t be cruel” que de alguna forma marcarán su consagración definitiva a nivel nacional como ídolo de masas y fenómeno social. Su sonido básico había cambiado, el eco había desaparecido y la frescura había dado paso a la fuerza y ya nada volvería a ser igual.

2. “Radio Recorders”, Hollywood

El segundo apartado de nuestro peregrinaje nos traslada a la costa oeste, concretamente a los “Radio Recorders” de Hollywood en la ciudad de Los Ángeles (California) en pleno Santa Mónica Boulevard.
Esta factoría por cantidad y calidad se erigirá en la auténtica protagonista de los años sesenta pero su relación con Elvis comienza exactamente en septiembre de 1956. Allí, acompañado hasta ese momento de su inseparable trío y de los cada vez más omnipresentes “Jordanaires”, iniciarán un periplo musical marcado claramente por los contratos cinematográficos y por sus respectivas bandas sonoras.
A pesar de todo, inicialmente tendrán tiempo y libertad para dar rienda suelta a su talento atacando temas como “Love me”, “Paralyzed”, “Too much”, “Ready Teddy” o “Rip it up”. Piezas que configurarán la columna vertebral de su segundo álbum titulado simplemente “Elvis”. El formato tradicional encontrará salida con la grabación del fantástico E.P de Gospel, “Peace in the valley” y en la manufactura de singles como “All shook up”, de nuevo con la sensacional aportación de Elvis golpeando el dorso de su guitarra en una original producción que marcará una insólita referencia musical. Mención a parte, la confección del que para muchos todavía hoy es uno de los mejores álbumes de “Christmas” de la historia. Algo muy en boga del mercado norte americano.
La sombra y el buen hacer de excelentes compositores como Jerry Leiber, Mike Stoller, Otis Blackwell o Thomas A. Dorsey son un fundamental punto de apoyo que lamentablemente no tendrá toda la continuidad que muchos hubiéramos deseado.
El Coronel Parker y su ambicioso afán por controlar todo el entorno comercial de su pupilo, las obligaciones contractuales derivadas del cine y la maraña de intereses vinculados a las diferentes editoriales encargadas de proporcionar nuevo material marcarán directamente la pauta menos creativa de la década pero también la más lucrativa para todas las partes implicadas. De aquí surgirán éxitos de ventas como “Loving you”, “G.I Blues”, “Blue Hawaii”o “Viva Las Vegas”.
Musicalmente y de forma progresiva, los estudios “Radio Recorders” serán testimonio activo de la evolución del estilo de Elvis Presley que adoptará un carácter más sofisticado con apuntes más cercanos al Pop y las baladas en todas sus manifestaciones, alejándose del genuino cóctel que lo consagró como Rey del Rock.
De alguna manera adoptará lo que periodistas acreditados han definido como “la fórmula”, consistente en la repetición de una serie de parámetros marcados por la monotonía y la reiteración siempre con alguna que otra excepción y teniendo en cuenta un registro vocal inimitable capaz de convertir cualquier mediocridad en una pieza más que digna.
Llegados a este punto, es aquí donde un servidor aporta su humilde opinión con el recuerdo especial para un proyecto como “King Creole”, posiblemente el mejor largometraje protagonizado por Elvis. Pero no sólo eso, contó además con un prestigioso director como Michael Curtiz, secundarios de la talla de Walter Matthau, un guión consistente, una evocadora fotografía en blanco y negro, unas localizaciones inolvidables y lo más destacado, una banda sonora de ensueño. Todavía hoy, transcurridos poco más de cincuenta años, sencillos como: “Trouble”, “Dixieland Rock”, “Crawfish” o el que dio título al film, nos siguen cautivando por su magia, espontaneidad, vigencia y trepidante ritmo cargado del auténtico aroma de Blues de Nueva Orleáns. Todo ello en unas sesiones de grabación llevadas a cabo a principios de 1958 cargadas de “feeling” perceptible a través de las fotografías de las mismas.
 
 
3. Studio “C” de RCA en Hollywood

La tercera y última parada ya en la década de los ’70, sin movernos de Hollywood nos sitúa de nuevo en unas instalaciones pertenecientes a RCA, concretamente al estudio “C” en Sunset Boulevard, no visitadas por Elvis desde abril de 1960.
De todos es conocida la situación personal de nuestro artista en aquellos años que de una manera premeditada o no, repercutirá en algunos de los temas que pasarán a formar parte de su repertorio.
El estudio “C” de la RCA albergará dos tandas importantes de producción. Una primera fechada en marzo del ’72 de la que surgirán singles míticos como “Burning love”, “Always on my mind” o “Separate ways” y una segunda tres años después, también en marzo pero del ’75 que dará lugar al más que aceptable álbum “Today”, formado por composiciones como “Green, green grass of home”, “And I love you so” o “Shake a hand”.
En ambos casos la base instrumental y humana será prácticamente la misma. Sin lugar a dudas el equipo de lujo de la década con personal del calibre de James Burton, John Wilkinson, Ronnie Tutt o Glen D. Hardin. Todos ellos responsables del sonido característico de la música de Elvis en aquellos años.
Las técnicas de grabación y aparatos responsables junto con los instrumentos han ido evolucionando acorde con los tiempos y los resultados son en ese aspecto más que significativos con un claro reflejo en el sonido mucho más contundente. Desgraciadamente y por razones obvias, el Rey ya no podrá saborear en toda su dimensión los avances tecnológicos que en poco más de un lustro sacudirían los planteamientos y formatos de la industria discográfica

Jordi Prat ( Socio 1101)
(Próximo apeadero: “Graceland”)

BEN WEISMAN


¿Qué tal socios? Bienvenidos a una nueva entrega de nuestro particular periplo musical a través de todos aquellos compositores que de forma directa influyeron en la trayectoria profesional de Elvis Presley.
Si en el anterior capítulo dedicado al tándem “Hugo & Luigi” priorizamos la calidad por encima de cualquier otro factor, sin lugar a dudas, el protagonista de hoy viene avalado por la garantía de la cantidad. Las cifras son siempre una excelente referencia y en este aspecto nadie podrá discutir jamás el mérito y aportación de un personaje como Ben Weisman que, pese a quien pese, ostenta la distinción de ser el autor que mayor número de canciones proporcionó al Rey. Repasar su obra, supone también realizar un nuevo viaje prácticamente a través de toda la discografía de Presley, sobretodo la que abarca el período comprendido entre 1956 y 1971.

Apuntes biográficos

Benjamín Weisman nació el 16 de noviembre de 1921 en Providence (Rhode Island) aunque creció en Brooklyn. Auspiciado por una familia con fuerte tradición musical, siendo todavía un niñó, ya cantaba de una forma casi profesional en el coro de la iglesia. Con la llegada de la adolescencia, tuvo la suerte de conocer la obra de grandes maestros como Bach o Beethoven estudiando piano cinco años bajo la supervisión de la concertista Grace Castagnetta. Ya en plena juventud y sirviendo a la patria en el ejército de su país dio rienda suelta a su vocación ejerciendo de director musical a las órdenes del “Tío Sam”. Una vez licenciado, regresó a Nueva York y debido a su enorme versatilidad musical y al prestigio que ya le acompañaba encontró las puertas del emblemático “Tin Pan Alley” (míticas calles de la ciudad de los rascacielos donde se concentraban buena parte de las factorías musicales que distribuían material por todo el país) abiertas de par en par. De todas maneras, fue la editora “Hill & Range” la que se llevó el gato al agua ofreciéndole un magnífico contrato en exclusiva con la que conseguiría labrarse más que un nombre en la historia de la música popular del pasado siglo XX. A las órdenes de su director, Jean Aberbach y manteniendo siempre una estrecha relación con las tendencias más actuales del momento consiguió copar los principales puestos de las listas transmitiendo su sello personal y tratando de adaptarse a cada contexto que el intérprete en cuestión requería.
El trabajar y colaborar con Elvis Presley fue para Weisman un constante reto. Sus composiciones contenían una mezcla de casi todo: country, blues, rock, pop e incluso gospel y siempre se manifestó afortunado de haber podido contribuir al éxito de una estrella de las dimensiones de Presley.
Ben Weisman falleció el 20 de mayo de 2007 en la ciudad californiana de Los Ángeles rodeado de familiares y amigos pero su relación personal y musical con Elvis merece un extenso capítulo a parte.

Weisman & Presley

Para recuperar el primer “contacto” profesional de Elvis con Ben Weisman hemos de retroceder hasta septiembre de 1956 y situarnos en los estudios Radio Recorders de Hollywood. Allí, el joven cantante se encontraba dando forma al que sería su segundo L.P. “Elvis”, en unas sesiones de grabación de las que existen un magnífico testimonio gráfico en forma de estupendas fotografías. Arropado por excelentes músicos y sentado al piano, transmitía toda la fuerza y potencial que su encanto atesoraba. En este inmejorable entorno, la pareja de compositores Aaron Schroeder y Ben Weisman, miembros del staff de “Hill & Range” aportaron un tema como “First in line”. Una preciosa melodía con un tempo totalmente diferente a los que estaba acostumbrado el de Tupelo y que le brindaba la oportunidad de explorar nuevos campos de su faceta como intérprete.
Su siguiente encuentro se produjo unos meses más tarde, a mediados de enero de 1957 en el mismo lugar pero en esta ocasión trabajando en la banda sonora de la película, “Loving you” y para ser más exactos en el sencillo “Got a lot o’ livin’ to do”. Teniendo en cuenta el guión y la escena en cuestión, debía transmitir la fuerza adecuada e ilustrar la emergente carrera de una estrella del Rock ‘n’ Roll, algo muy parejo a la realidad del cantante. Tras nueve intentos en forma de otras tantas tomas decidieron que ya disponían del master ideal para su edición.
Días después y durante las mismas sesiones de grabación del proyecto cinematográfico, Elvis tendría la oportunidad de conocer directamente a Ben Weisman. El compositor había venido a California para ver en persona a su prometedor cliente y también para potenciar la inclusión de alguna de sus composiciones en el nuevo film del artista.
Weisman recordaba que encontró a Elvis en un rincón del estudio punteando acordes de blues con una guitarra. Poco después se sentaron juntos al piano y mostrando la sonrisa que le había hecho famoso tardaron muy poco en congeniar.
En febrero de ese mismo año el tandem Weisman / Presley volvió a asociarse para un single como “Don’t leave me now”. Un excelente medio tiempo que es toda una curiosidad en la carrera de Elvis y que fue incluido en la banda sonora de “Loving you”. Meses más tarde de nuevo se grabó para formar parte del siguiente proyecto cinematográfico, “Jailhouse Rock”. Comparando las dos versiones, la segunda es tal vez un poco más elaborada, con una introducción de piano sugerente y una presencia del teclado mucho más evidente junto con la guitarra y los coros de los Jordanaires que le proporcionan un acabado homogéneo aunque el tempo es prácticamente el mismo en ambos casos, al igual que el magnífico tratamiento vocal de Elvis.
A partir de entonces, la presencia de alguna composición de Ben Weisman en las bandas sonoras de las películas del Rey se convirtió casi en una constante habitual.
El año 1958 se inició con la confección de los temas del que para muchos es el mejor film de Elvis, “King Creole”. Con un guión basado en una novela de Harold Robbins, un director como Michael Curtiz (“Casablanca”) y actores de la talla de Walter Matthau o Carolyn Jones, la propuesta gozaba de todos los ingredientes para convertirse en éxito y la música tenía que estar a la altura. El primer tema destacable de la factoría Weisman es “Crawfish”.Un ritmo encantador y totalmente innovador servía para introducir el personaje de Elvis al inicio de la historia en plena ciudad de Nueva Orleáns. Los puristas pueden disfrutar en el disco “Essential Elvis, Hits like never before. Vol.3” de la versión en la que el cantante comparte un mágico duelo vocal con la solista Kitty White. Después atacaron las excelentes “Don’t ask me why” y “As long as I have you” dejando para el final un sencillo como “Danny” que a la postre fue descartado por el cambio en el título de la película y que durmió cerca de 20 años en los baúles de RCA antes de ver la luz.
Una vez superado el paréntesis militar, Ben Weisman también aportó su sello en el esperado regreso musical de nuestro ídolo con dos temas como “Fame and fortune” (editado como cara “b” de “Stuck on you”) y “It feels so right” formando parte del mítico “Elvis is back”. Ambas propuestas con un marcado espíritu de blues que tanto gustaba al Rey.
Con la llegada de la década de los ’60, Ben Weisman contribuirá con sus composiciones a difundir la llamada “Fórmula” que caracterizará la música de las bandas sonoras de las películas, de todos los fans conocidas, con unas evidentemente mejores que otras. Por destacar tan solo algunas: la adaptación de una bonita tonada tradicional alemana como es “Muss I denn” que en “G.I. Blues” se transformó en “Wooden Heart”, dos baladas deliciosas como “In my way” o “Forget me never” que aparecieron en “Wild in the country”, la repercusión y el éxito de un proyecto como “Blue Hawaii” aderezado con composiciones como “Almost always true” o “Moonlight swim” o el buen tono que transmitían temas como “Riding the rainbow”, “I got lucky”o “This is living” en la más que aceptable “Kid Galahad”. Mención especial para un sencillo como “Follow that dream”. Una melodía rebosante de optimismo para un film menor del mismo título de la que Weisman siempre se mostró muy satisfecho citándola como una de sus mejores canciones. Curiosamente, un criterio compartido por muchos fans, entre ellos el mismísimo “Boss”, Bruce Springsteen, que no duda en incluirla en el repertorio de muchos de sus conciertos.
A lo largo de los años, la amistad entre cantante y compositor se fue acrecentando durante las muchas sesiones que Presley programó en los estudios de Hollywood. Según Weisman, Elvis poseía un gran sentido del humor y tenía la capacidad de transformar las tediosas horas de grabación en jornadas mucho más divertidas. El propio Ben Weisman que dirigió personalmente alguna de ellas (“Frankie and Johnny”) recibió el cariñoso apelativo de “The Mad Professor” por parte del Rey.
Musicalmente, de la colaboración entre ambos durante la década no hay que dejar en el tintero la edición inexplicable de un sencillo como “Do the clam” o la magnífica aportación de un tema como “We call on him”. Editado como cara “b” del sencillo “You’ll never walk alone” ofrecía una sensacional intro de piano, el buen hacer una vez más de los coros de los Jordanaires y el extraordinario contrapunto de la soprano Millie Kirkham para colorear una balada con tintes de himno religioso.
Para finalizar, de justicia es también mencionar un tema como “Rubberneckin’” perteneciente a las sesiones de los American Studios de Memphis de 1969 que se publicó como reverso de un sencillo como “Don’t cry daddy” y que Weisman cedió y presentó como si fuera obra de su mujer seguramente por cuestiones relacionadas con los derechos de autor.
La última vez que Ben Weisman estuvo personalmente con Elvis Presley fue en 1976 en el Hotel Hilton de Las Vegas. Era el último show que cerraba la temporada y fue invitado a la fiesta posterior. A su llegada, el cantante lo recibió con efusividad y le preguntó cuantas canciones suyas había llegado a cantar. Weisman respondió que 57 a lo que Elvis reaccionó haciendo callar a todos los presentes y anunciándolo junto con tan distintivo honor a lo que la concurrencia respondió con una fuerte ovación. Después se retiraron para mantener una conversación básicamente entorno a la música. Elvis le comentó que meditaba incorporar a su repertorio una composición como “Softly as I leave you”, una canción que en palabras del Rey era más propia de un hombre a un paso de la muerte que no sobre alguien a quien su amada lo acaba de abandonar. Weisman intuyó lógicamente que las cosas no funcionaban del todo bien en la vida de su amigo. A pesar de todo siempre recordó aquella conversación con afecto y nostalgia.

Reconocimientos

Aunque para muchos críticos y seguidores, Ben Weisman es uno de los directos responsables de mediocridades como: “It’s carnival time”, “A dog’s life”, “Chesay”, “Clambake” o “He’s your uncle not your dad”, lo cierto es que su figura para bien o para mal contribuyó a engrandecer el mito de Elvis Presley.
De hecho, poco después de la muerte del cantante, Weisman compuso en su honor una suite sinfónica a la que tituló “The Elvis Concerto”. Después de estrenarla por muchos lugares del mundo se fue retirando paulatinamente de la vida pública y también prodigó cada vez menos su faceta creativa.
A nivel de cifras se calcula que las composiciones de “The Mad Professor” rondan las 400 que han proporcionado unas ventas cercanas a los 100 millones de álbumes y obteniendo a título personal unos 60 discos de oro.
Sus canciones, muchas de ellas inolvidables, han sido interpretadas por gente tan diversa como: The Beatles, Dean Martín, Barbra Streisand, Nat King Cole, Dusty Springfield, Carl Perkins, Peggy Lee o Dionne Warwick. 



Jordi Prat ( Socio 1101)

martes, 25 de octubre de 2011

IVORY JOE HUNTER

 

¡Saludos! Y bienvenidos a una nueva entrega de nuestro particular viaje a través de todos aquellos autores que con diferente intensidad influyeron en la trayectoria profesional y musical de Elvis Presley.

A medida que avanzamos, el nivel de especialización aumenta, la cantidad cede parte de su protagonismo a la calidad y también a la curiosidad que en muchos casos nos permite revelar detalles y personalidades que en una primera impresión pasan para la mayoría desapercibidos. Para todos aquellos que siempre hemos priorizado la vertiente musical y su potencial artístico, esta labor de investigación y estudio es toda una pasión que crece con los años toda vez que nos brinda la oportunidad de descubrir identidades como la que ilustra hoy nuestro reportaje: Ivory Joe Hunter.



Pincelada biográfica



Ivory Joe Hunter y su “original” nombre vinieron al mundo el 10 de octubre de 1914 en la localidad tejana de Kirbyville con el auspicio musical de sus progenitores ya que su madre era cantante de Gospel mientras que su padre ejercía de guitarrista.

Profesionalmente tenemos que remontarnos a 1933 para encontrar su primera grabación oficial, concretamente con el histórico Alan Lomax y su labor para la Biblioteca del Congreso.

Años más tarde, a principios de los cuarenta y sin dejar el estado de Texas, en la ciudad de Beaumont goza de su propio programa de radio. Poco después efectúa al lado de los Johnny Moore’s Three Blazers su debut comercial aunque el primer hit regional lo conseguirá con “Blues at sunrise”. Cerrará la década colocando singles como “I quit my pretty mama” o “Guess who” en las listas de Rhythm & Blues.

Coincidiendo con el inicio de los cincuenta firma para una discográfica reconocida como “MGM” e inmediatamente la edición de “I almost lost my mind” le supone el éxito y el reconocimiento a nivel nacional. En 1954 ya había grabado más de 100 canciones, hecho refrendado con su fichaje para una compañía de mayor difusión como “Atlantic”. Será aquí donde dejará testimonio de su creación más universal y con la que ha inscrito su nombre en la historia de la música popular del pasado siglo XX, “Since I met you baby” (1956) de la que hablaremos más adelante.

Tal vez como le sucedió al mismo Rock ‘n’ Roll y a muchos intérpretes de la época, al finalizar la década su popularidad también empieza a resentirse a pesar de tener a favor el factor de que entonces estaba a la orden del día el que muchos artistas blancos hiciesen sus particulares versiones de composiciones de artistas de color. No olvidemos ni el contexto histórico ni el país del que estamos hablando: Estados Unidos, con toda su grandeza y su peculiar doble moral.

En los agitados años sesenta, Hunter hizo su particular retorno a la palestra orientando su andadura hacia el Country, un género que desde siempre le había influenciado. Aunque su nueva faceta estilística no le brindó la posibilidad de revivir glorias pasadas si que le permitió gozar de cierto prestigio en un mercado tan selecto llegando incluso a disfrutar de apariciones y actuaciones en el mismísimo Grand Ole Opry con cierta periodicidad. Mérito del que muy pocos intérpretes de color podían presumir entonces.

De cualquier forma, pocos autores han estado a su altura en cuanto a productividad. Hay quien dice que llegó a componer más de 7.000 canciones, escribiendo según él, siempre sobre cosas cotidianas y que se repiten a lo largo de las generaciones.

Ivory Joe Hunter falleció de cáncer en Memphis a los 60 años el 8 de noviembre de 1974 aunque su cuerpo reposa en su Kirbyville natal.

Su legado musical se caracteriza por encima de todo por la enorme elegancia y la alegría que supo transmitir en su trabajo. Un sentimiento reflejo de su eterna sonrisa que le valió en algunos círculos el apodo de “El hombre más feliz”.



Presley & Hunter



La primer vez que Elvis Presley toma contacto con la música de Ivory Joe Hunter y  de la que tengamos testimonio se produce de una forma un tanto “accidental”. Concretamente sucede el 4 de diciembre de 1956 en el Sun Studio y dentro de la mítica “jam session” del “Million Dollar Quartet”. Allí en mitad de la misma y durante aproximadamente medio minuto, Elvis arremete unas breves estrofas de la bella “Out of sight, out of mind”. Un tema que Hunter había compuesto junto a Clyde Otis, compositor y productor de Misisipi que ostenta el mérito da haber sido el primer afroamericano que obtuvo el puesto de responsable de “A&R” (Artistas y repertorio) de un sello importante (Mercury Records) en 1958. Trabajó para gente del calibre de Brook Benton, Dinah Washington o Sarah Vaughan. Bajo el pseudónimo de Cliff Owens por cuestiones contractuales y en colaboración con Aaron Schroeder firmaría el sencillo “Any way you want me” que el mismo Elvis grabaría en 1956.

El segundo contacto con las composiciones de Ivory Joe Hunter se produce de manera más convencional. En febrero de 1957, durante la elaboración de la banda sonora de “Loving you” hace falta más material para la publicación final del long play, motivo por el cual, entre otras se recurre a un tema como “I need you so”, sencillo que ya había sido seleccionado previamente.

A nivel humano es en la primavera de 1957 cuando Ivory Joe Hunter es invitado personalmente por Elvis a compartir jornada en Graceland. De ese encuentro, Hunter guardaría siempre un grato recuerdo y a parte del exquisito trato recibido siempre haría referencia al hecho de haber compartido y entonado canciones como “I almost lost my mind” de una forma totalmente informal.

La siguiente aproximación a la música de Hunter sin dejar 1957 se lleva a cabo en septiembre y en concreto dando forma a la deliciosa balada “My wish came true”. Un sencillo grabado durante las sesiones del magnífico “Christmas Album” y que sería editada como cara B del single “A big hunk o’ love” en 1959 durante el servicio militar de Presley y con el objetivo de mantener su popularidad a buen nivel. El mismo tema formó parte del segundo volumen de grandes éxitos (“50.000.000 Elvis fans can’t be wrong”) lanzado en diciembre de ese mismo año y con idéntica finalidad.

Nos adentramos ya en el capítulo más “exclusivo” de esta particular relación musical dado que es esta canción la única que Ivory Joe Hunter compuso de una forma premeditada para Elvis Presley. Nos referimos a “Ain’t that loving you baby”. Un tema creado de nuevo en colaboración con Clyde Otis que recordaba perfectamente la anécdota de su gestación. En 1958, Otis había ido a Louisiana a visitar a su colega. Durante el encuentro recibieron una llamada de la editora “Hill & Range” con la propuesta de escribir algún tema para Elvis Presley. Iniciativa a la que rápidamente respondieron de forma afirmativa pero también con la sinceridad de confesar no tener ninguna idea preconcebida al respecto. Casi de forma inmediata se sentaron al piano y se pusieron a trabajar en “Ain’t that loving you baby” y aunque el resultado fue excelente tal vez la salida comercial que le dispensaron los responsables de RCA no se correspondió con la que de verdad se merecía la composición.

Elvis la grabó en junio de 1958 en el estudio B de Nashville aprovechando un permiso militar antes de embarcar hacia a Alemania y dentro de la que para muchos elitistas es la última sesión “pura” de Rock ‘n’ Roll.

Del mismo tema se recogieron dos versiones conocidas para la mayoría de fans. Una más “bluesy” con la presencia destacada de los coros de los Jordanaires que no vería la luz hasta 1964 como cara B del sencillo “Ask me” y una más cercana al “boogey” con un tempo mucho más acelerado y con el grupo vocal tan solo haciendo palmas que tardaría más de dos décadas en ser editada de forma “oficial”. Concretamente en el recopilatorio en torno al Blues de 1985, “Reconsider baby”. Un lustro después y dentro de la serie “Essential Elvis”, sería el volumen 3 el que lanzaría conjuntamente tomas de las dos versiones para poder contrastar y elegir la preferida si es que para alguien ambas alternativas no tienen la suficiente personalidad.

Sea como fuere, después de 1958 Elvis no volvería a contactar musicalmente con Ivory Joe Hunter hasta 1971. Otra vez en el estudio B de la RCA en Nashville y dentro de un ejercicio muy productivo a nivel discográfico para el Rey se tenía de nuevo presente el buen hacer del compositor tejano.

En una sesión de mayo enmarcada en la confección del que sería un álbum como “Elvis” (previamente bautizado como “Fool”) y después del paréntesis obligatorio de la comida, el de Tupelo se sentó al piano para dejar testimonio quizás de uno de los instantes más “acústicos” de toda su trayectoria. Tan solo él y el piano y por encima de todo el encanto de su voz dando forma a dos temas de Hunter con denominación de origen: “It’s still here” y “I will be true”.

Sobran comentarios de ningún tipo aunque de justicia es recordar que del segundo de ellos ya tenemos referencias en algunas “home recordings” efectuadas en Bad Nauheim (Alemania) confirmando el hecho de que Elvis siempre le tuvo en cuenta sobretodo en aquellos instantes marcados por la intimidad del hogar y el gusto personal por la buena música.

Un magnífico colofón a una relación musical breve pero intensa con un balance final de seis composiciones que contribuyeron de forma más que ostensible a la aproximación que desde siempre Elvis manifestó respecto al Rhythm & Blues más puro y convencional.



Discografía



A parte de infinidad de recopilatorios que tratan de recoger lo más selecto de su extenso catálogo es relativamente fácil y asequible encontrar algunos álbumes pertenecientes a su discografía oficial, básicamente de su época en Atlantic, editados en formato 2x1 en sellos especializados en este tipo de productos como son “Collectables” o “Ace”.

Vía importación también podemos acceder a algún directo representativo de su etapa y paso por el Grand Ole Opry de Nashville.

Como denominador común y de forma casi obligatoria en todos ellos no puede faltar un hit como “Since I met you baby”. Definida por algunos críticos como una obra maestra de suave elegancia cargada de espíritu de Blues, actualmente y de forma indiscutible se erige en todo un estándar de la música popular norte americana que forma parte ya del repertorio obligado de cualquier escuela con cierto atisbo de sensibilidad.

Innumerables han sido los artistas que han hecho su particular lectura de tan ilustre composición. Por citar sólo algunos: Sonny James, Mindy Carson, Freddy Fender, Pat Boone, Sam Cooke, B.B. King, Jerry Lee Lewis, Dean Martín o más recientemente Willy Deville, lamentablemente fallecido en agosto de 2009.





Jordi Prat ( Socio 1101)

DON ROBERTSON

 

¡Saludos! Amigos y socios del Club. Una vez aparcado el paréntesis estival, para unos símbolo de descanso y diversión y para otros de todo lo contrario, recuperamos de nuevo nuestro particular repaso por todos aquellos compositores y autores que de una manera u otra hicieron mella en la carrera de Elvis Presley.

Si en el capítulo anterior la presencia de Otis Blackwell nos brindó la aportación de diversos momentos estelares en forma de temas inolvidables, en esta ocasión la tónica dominante vendrá marcada por un equilibrio constante en la calidad y el estilo y es que durante un período muy concreto de la vida del de Tupelo, Don Robertson fue su autor favorito, sinónimo de un sonido que en años posteriores crearía escuela siendo punto de referencia ineludible de nuevos talentos.



Apuntes biográficos



Donald Irwing Robertson nació en Pekín (China) un cinco de diciembre de 1922, fruto de la relación entre un eminente doctor en medicina impulsor entre otros avances de los primeros bancos de sangre y de una madre pianista y poeta que a muy corta edad inició a su hijo en los entresijos de la música. Con esta influencia, a los cuatro años ya paseaba sus manos por las teclas de un piano y tres más tarde ya era capaz de componer algunas melodías.

Inicialmente trató de seguir los pasos de su padre en el ámbito de la medicina pero muy pronto sintió en su interior la llamada de la música que ocupaba un segundo plano en sus prioridades profesionales.

De esta manera a principios de la década de los cincuenta ya formaba parte del plantel de pianistas de ensayo de los estudios de la discográfica Capitol Records tocando ocasionalmente en alguna sesión de grabación.

A parte de estar familiarizado con otros instrumentos será precisamente con el piano y como intérprete del mismo con el que obtendrá fama y reconocimiento. Su contribución fundamental es la creación de un sonido fácilmente identificable denominado por los técnicos como “Slip-note” o también “Nashville piano”. Un mérito de alguna manera compartido y potenciado por la figura y buen hacer de un coetáneo suyo, Floyd Cramer que indudablemente y de forma individual merecería más de un capítulo a parte.

Sea como fuere, ellos dos son considerados los responsables directos de un sonido muy particular que sobre todo a inicios de la década de los sesenta se convirtió en todo un sello representativo de la música de Elvis Presley, básicamente en aquellos temas marcados por los medios tiempos y como no, las baladas.

A diferencia de otros compositores, Robertson sí tuvo contacto directo con Elvis y su longevidad lo ha ido apartando paulatinamente de los actos públicos dejando paso a la vida familiar.



Presley & Robertson



Para rememorar la primera vez en que Elvis Presley estableció contacto musical con Don Robertson hemos de remontarnos a marzo de 1956 cuando el cantante ya bajo la tutela de RCA estaba inmerso en la confección de lo que sería su histórico primer álbum, escogiendo y rebuscando entre todas las propuestas que le hacían llegar.

Curiosamente, cuando Robertson por entonces compositor en ciernes que gozaba de contrastada proyección, asalariado de Hill & Range se enteró de que una de sus creaciones, “I’m counting on you” no sería grabada por un artista de primera línea, mostró cierto disgusto que en poco tiempo se transformó en una sensación de triunfo.

Precisamente en este tema y debido a que la banda tenía ciertos problemas con las baladas fue el papel activo de Chet Atkins a la guitarra el que logró desatascar definitivamente la sesión.

La siguiente aportación de Don Robertson se produjo cinco años más tarde, en marzo de 1961, entre las míticas paredes del Studio B de Nashville durante las sesiones del fantástico, “Something for everybody”, para muchos el clímax vocal de Presley como cantante.

“There’s always me” fue la primera de las escogidas y en palabras del propio Elvis (“Esta es mi canción”), no tardó ni un minuto en sentirse plenamente identificado con la estructura marcada por un inicio nostálgico y coronada por un final memorable.

De segundo plato, “Starting today”, otra balada cargada de ternura y emotividad.

A partir de aquel instante, la presencia compositiva de Robertson pasó a formar parte de una especie de constante del entorno musical del Rey.

Tan solo unos días más tarde pero esta vez en Hollywood, ambos tendrían su primer contacto personal. El cantante invitó al compositor a la primera jornada de las grabaciones de la banda sonora de “Blue Hawaii” para la que Robertson había hecho en inglés una adaptación del clásico “La Paloma” bajo el título de “No more”.

La sensación fue de auténtica sorpresa quedando impresionado por la seriedad en el trabajo y por la perseverancia del intérprete en la reiterada búsqueda de la mejor toma alternativa.

Tres meses más tarde, de vuelta a Nashville, sería el turno de “I’m yours”, una de las canciones finalmente descartadas de “Blue Hawaii”. A pesar de la oposición del Coronel Parker que la quería reservar para una nueva entrega cinematográfica, Elvis decidió no esperar y fue incluida en el álbum “Pot Luck” destilando el mismo aroma que composiciones como “I love you because” o “Are you lonesome tonight?”.

A mediados de octubre del mismo año y en el mismo escenario le llegó el turno a la excelente “Anything that’s part of you”. Otra composición con el inconfundible sello de Don Robertson que contó además con la mágica presencia de Floyd Cramer al piano que siguiendo el patrón que Robertson había marcado en la demo original contribuyó de forma activa en la confección de la mejor cara “b” posible de un sencillo lleno de encanto como resultó “Good luck charm”.

La segunda aportación de Robertson en aquella fecha fue “I met her today”. Otra excelente balada que desgraciadamente fue aparcada en los archivos durante cuatro años hasta ser editada finalmente en el refrito “Elvis for everyone”.

En 1962 si Don Robertson no era el compositor favorito de Elvis sí que se contaba entre el elenco de sus preferidos. Otra vez en los estudios Radio Recorders de Hollywood y para inaugurar la sesión de los temas correspondientes a la banda sonora de “It happened at world’s fair” se escogieron dos de sus composiciones: “I’m falling in love tonight” y “They remind me too much of you”.

En esta ocasión, la presencia del propio compositor sentado al piano proporcionó la fuerza y la intensidad necesarias al material. Los nervios y reticencias iniciales fueron substituidos por una absoluta confianza una vez Elvis entonó sus primeras notas. Concretamente, la excelente comunicación y comunión entre ambos evitó que el segundo de los temas no fuera descartado después que alguien en el control sugiriera un cierto parecido de la melodía con “Chapel in the moonlight”.

Al finalizar la sesión, Elvis invitó a Robertson a su casa inaugurando así una serie de encuentros y visitas que se repetirían posteriormente en Hollywood, Bel Air o Las Vegas.

La siguiente sociedad Robertson – Presley sin abandonar la ciudad de los sueños la encontramos a principios de 1963. Acompañado del que sería su más fiel colaborador, Hal Blair, Don Robertson trabajó en dos temas que formarían parte del nuevo proyecto cinematográfico de Elvis, “Fun in Acapulco”. Ambos compositores visitarían incluso un “night club” español a la búsqueda de inspiración. El resultado: “I think I’m gonna like it here” y “Margherita”. Empapados de aires latinos aparcaron momentáneamente su particular estilo caracterizado por la presencia del dialogo entre piano y voz.

Sin abandonar 1963 pero esta vez de nuevo en Nashville le llegó el turno a un sencillo como “What now, what next, where to”, un tema descartado por Johnny Cash de ahí tal vez su aroma country, que pasó a formar parte del L.P “Double Trouble” como bonus track del repertorio de la banda sonora.

En la misma sesión se dio salida a una nueva balada, “Love me tonight”, que aun tendría tiempo de ser incluida en “Fun in Acapulco”. Cargada de pasión repetía una vez más la fórmula estructural quizá un poco fuera de la órbita de las tendencias musicales que se cocían por aquel entonces.

La guinda final de los encuentros musicales entre Elvis Presley y Don Robertson se produjo en junio de 1970 como no en Nashville. Durante la famosa y prolífica sesión en la que Elvis apostaba por un sonido country actual combinado con el soul y el rhythm & blues de Memphis se decidió a recuperar todo un clásico como “I really don’t want to know” que escrita en colaboración con Howard Barnes ya había sido todo un hit en 1954 en la voz de Eddy Arnold.

Haciendo una valoración objetiva, al tirar la vista atrás es evidente que en la relación musical Robertson / Presley no encontramos ningún número 1 como en el caso de Leiber / Stoller, Pomus / Shuman u Otis Blackwell pero es indudable que su importancia como baladista contribuyó activamente en la construcción de un estilo dotado de una calidad más que contrastada sobretodo en el contexto de la llamada “fórmula” que inexorablemente se imponía en las bandas sonoras de las películas no dejando margen para demasiadas florituras.       



Discografía y reconocimientos



Como intérprete y catalogado por el mismo como un desliz de juventud, Don Robertson obtuvo su primer hit en 1956 con la desenfadada “The happy whistler”.

Sus composiciones han sido recreadas por un sinfín de artistas destacando entre muchas el senzillo “Please help me I’m falling” en la voz de Hank Locklin en 1960.

Como músico de sesión colaboró con gente tan variopinta de la talla de Chet Atkins, Nat King Cole, Waylon Jennings, Ann Margret o Charlie Pride.

Desde 1972 su nombre forma parte del prestigioso “Song writers Hall of Fame” de Nashville y a título de curiosidad su canción “Pianjo”, escrita e interpretada por el mismo puede escucharse en los diferentes parques de atracciones que la factoría Disney tiene repartidos por todo el planeta.

A nivel discográfico “Bear Family” editó en agosto de 2003 el recopilatorio “...And then I wrote songs for Elvis”. Un disco que ofrece 26 composiciones interpretadas por el propio Robertson muchas de ellas en formato demo junto un interesante y extenso libreto ilustrativo de toda su trayectoria.





Jordi Prat ( Socio 1101)

DOC POMUS & MORT SHUMAN

 

¿Qué tal socios? Bienvenidos a la segunda entrega de nuestro repaso personal a la carrera musical de Elvis Presley desde el prisma de la composición. Si en el capítulo inicial nos centramos en Jerry Leiber y Mike Stoller, para una gran mayoría el mejor equipo de compositores que trabajaron con el Rey, para esta ocasión tenemos preparado un segundo plato digno también de las mejores cocinas. Nos referimos a Doc Pomus y Mort Shuman, responsables de algunos hits memorables y de una constante presidida por la calidad tan solo ensombrecida por cierta monotonía que acompañó al de Tupelo durante la década de los sesenta.



Apuntes biográficos



Nacido como Jerome Solon Felder el 27 de junio de 1925 en el barrio de Brooklyn (New York), la vida de Doc Pomus estuvo marcada por la fatalidad aunque nunca desistió su pasión por la música, ya fuera como intérprete o bien como autor.

Después de superar una poliomielitis infantil que le obligaba a desplazarse con muletas, la mala suerte se cebó de nuevo en él en forma de accidente condenándolo a una silla de ruedas, condición que le acompañó el resto de su vida.

Contaba que su pasión por el “Blues” surgió después de escuchar un disco de Big Joe Williams y ya durante la adolescencia trató de lanzar su carrera como intérprete del género ayudándose de sus muletas para mantenerse en los escenarios pero muy pronto se dio cuenta que el tema de la composición le podía reportar un mayor reconocimiento junto con mejores beneficios.

Por su parte, el pianista Mortimer Shuman, natural también del barrio de Brooklyn había venido al mundo una década más tarde, concretamente el 12 de noviembre de 1936.

Ambos vivieron de lleno el nacimiento y posterior explosión del “Rock ‘n’ Roll” de la segunda mitad de los cincuenta junto con la consolidación de lo que se catalogó como “Pop” ya en plenos sesenta.

Su espíritu inquieto y su formación musical les llevaron a coincidir en el mítico “Brill Building” de la ciudad de los rascacielos. En sus oficinas que pasarían a la posteridad como una de las factorías musicales más influyentes de la música popular del pasado siglo XX cimentaron su leyenda.

En 1958, asociados bajo la tutela del sello “Hill & Range” iniciaron una relación personal y profesional que se prolongó hasta 1965 y que les proporcionó éxito y prestigio hasta el punto de ser considerados toda una garantía para el afortunado cantante que pudiera beneficiarse de sus composiciones.

A la hora de trabajar, normalmente era Mort Shuman el encargado de elaborar la melodía mientras que en Pomus recaía la responsabilidad de la construcción de las letras adecuadas al estilo del destinatario y acordes con los tiempos y las tendencias del momento. A pesar de todo, en muchas ocasiones los méritos eran compartidos y en el caso de Doc Pomus su versatilidad le llevó a colaborar con otros compositores como Phil Spector o el mismo Jerry Leiber con el que firmaría en 1962 la magistral “She’s not you”, una canción que era pura dinamita y que el propio Elvis llevaría al Top 5 gracias a su tonada dulce y contagiosa.

Después de la llamada invasión británica, en pleno epicentro de los sesenta, la relación profesional entre ambos autores prácticamente finalizó sobretodo con la marcha de Mort Shuman al Reino Unido donde empezó a componer para artistas británicos. Más tarde, su inquietud lo trasladó a París donde trabajó con el rockero local Johnny Hallyday, adaptó al inglés las letras del compositor belga Jacques Brel y trató de relanzar su propia trayectoria como solista sin demasiada repercusión.

Finalmente y de una manera un tanto triste, los caprichos del destino se encargaron de “reunir” de nuevo al tandem de compositores ya que ambos nos dejaron en 1991 con un estrecho margen de diferencia. 



Elvis chante Doc Pomus & Mort Shuman



En el año 2000, el Club de fans de Elvis de Francia auspició la edición de un doble álbum que con este título pretendía recopilar los vínculos musicales entre el cantante y los dos compositores.

Un contacto que se inició en marzo de 1960 durante las sesiones de grabación del mítico “Elvis is back!”. Después de casi dos años sin pisar un estudio, un ansioso Elvis en mejor forma que nunca consolidaba su nueva forma de cantar bordando un “A mess of blues” cargado de “feeling”.

Un mes más tarde la siguiente aportación del dueto fue la balada “Doin’ the best I can” para la banda sonora de “G.I. Blues” en su primera incursión cinematográfica, inaugurando así una especie de tradición que requería la presencia de al menos una de sus composiciones en todas las películas del Rey.

A partir de 1961 la conexión musical Presley/ Pomus/ Shuman, se acentúa de una forma más que evidente y su aportación se verá recompensada con la producción de auténticas joyas. De las jornadas de grabación del álbum “Pot Luck” surgirán temas como “Kiss me quick”, cargada de aires latinos pero con espíritu Pop, “Gonna get back home somehow” con clara esencia roquera, “Suspicion” con un Elvis a pleno pulmón, “She’s not you” de la que ya hemos hablado unos párrafos antes, “I feel that I’ve know you forever o “Night rider” de la que con toda seguridad habrían podido sacar mayor rendimiento caso de no haber estado programada al final de una jornada agotadora.

Mención a parte merecen “(Marie’s the name of) His latest flame” y “Little sister”. Cara A y B respectivamente de uno de los mejores singles de la discografía de Presley. “His latest flame” desde un primer momento encantó a Elvis e inicialmente decidieron darle un trato basado en el sonido de las congas y las guitarras acústicas tratando de acercarse al típico ritmo creado por Bo Diddley. En cuanto a “Little sister” ya de todos es conocida la anécdota de que el guitarrista Hank Garland tenía contrato con Gibson pero necesitaban el sonido de una Fender para acabar dando forma a otro clásico con un ritmo totalmente diferente al que había pensado originalmente Mort Shuman.

En 1963 llega el turno para un tema trepidante como “(It’s a) Long lonely highway”, típico del sonido Nashville del Studio B de la RCA. Aunque se incluyó en el álbum de “Kissin’ cousins” no formaba parte de su banda sonora sino que apareció en calidad de “bonus track”.

Unos meses más tarde llegaba la consagración definitiva en la colaboración entre compositores y cantante con la irrupción del tema “Viva Las Vegas”. Un sencillo que acabó dando título a la película a parte de mostrar toda su capacidad de síntesis, melodía y tratamiento del texto en poco más de dos minutos.

Décadas después, el sello “Follow that dream” nos descubría una deliciosa primera toma inacabada con mayor protagonismo del piano de Floyd Cramer y su inconfundible estilo y buen hacer que para muchos hubiera podido ser una seria alternativa caso de haber profundizado en ella. Tampoco podemos pasar por alto el papel de la balada “I need somebody to lean on”. Un excelente retrato de la desolación de la noche con ligeras reminiscencias del estilo de Sinatra con aroma de “Blues”.

En definitiva, hablamos de un tema que ya es todo un himno de la ciudad del juego y que tanto para Elvis como para el tandem Pomus y Shuman supuso una especie de ave fénix de su relación musical.

A partir de aquel instante continuaron las aportaciones puntuales en las bandas sonoras del cantante pero ya fuera por la calidad de los guiones cinematográficos o bien por cierta tendencia a la reiteración, la verdad es que ninguna de ellas no obtuvo ni la repercusión ni el éxito de las anteriores.

“Girl Happy” en 1964, “What every woman lives for” de “Frankie and Johnny” en 1965, “Never say yes” de “Spinout” y “Double trouble” en 1966 marcan la recta final de sus colaboraciones. De forma excepcional, Elvis tan solo volvió a ellos en 1969 al incluir el tema “You’ll think of me” durante las sesiones en los American Studios y que finalmente se editaría como cara B de la mítica “Suspicious Minds”.

Punto final a una relación musical de casi una década con un balance cercano a la veintena de canciones algunas de ellas inmortales y con derecho a capítulo a parte en la biografía del cantante.

El eco de Pomus y Shuman en la voz de Elvis Presley sólo se podría escuchar de una forma no demasiado frecuente al inicio de los setenta en su largo periplo por la ciudad de Las Vegas al incluir un “medley” de “Little sister” y el “Get back” de los Beatles en algunas de sus actuaciones sobretodo en los comienzos de su espectacular regreso.



Relación personal con Elvis



Quizá sea este el capítulo más curioso del reportaje de hoy. Mortimer Shuman no conoció jamás de forma personal a Elvis Presley. El caso de Doc Pomus tiene un componente añadido.

A principios de los sesenta, durante una sesión de grabación , el cantante llamó al compositor para aclarar algunas dudas y Pomus habló con él sin saber realmente quien era su interlocutor.

Años más tarde, el mismo Pomus quería poner fin a este sin sentido de incomunicación y en 1974 trató de contactar con él durante una de sus tandas programadas en el Hilton pero Elvis ya “había abandonado el edificio” y tan solo pudo encontrarse con su padre, Vernon. Finalmente, tres años después, Elvis y Doc pusieron fecha a su reunión definitiva pero desgraciadamente la muerte del Rey una semana antes cerró categóricamente las puertas a su anhelado encuentro.



Discografía y Reconocimientos



Doc Pomus, a parte de ser miembro reconocido del “Blues Hall of Fame” lo es también desde 1992 del “Rock ‘n’ Roll Hall of Fame” y del “Songwriters Hall of Fame”.

Entre otros éxitos del dueto podemos destacar temas como “Lonely avenue” de Ray Charles (1956), “A teenager in love” de Dion and the Belmonts (1959), “Save the last dance for me” de Ben E. King (1960) o “Sweets for my sweet” de The Drifters (1961).

Sus canciones han sido interpretadas por gente tan diversa como Willy Deville, Charlie Rich, Ruth Brown, Dr John, Irma Thomas, Andy Williams o Marianne Faithful.

En clave de homenaje, en 1995 “Rhino” editó un álbum titulado “Til the night is gone” con canciones de Doc Pomus versionadas por artistas como Bob Dylan, Brian Wilson, Los Lobos, John Hiatt, B.B. King o Lou Reed.

A nivel recopilatorio, tres temporadas atrás, “Ace” lanzó al mercado “The Pomus & Shuman Story: Double trouble 1956-57” dónde como curiosidad Elvis interpretaba el sencillo “Double Trouble” y Lavern Baker llevaba a cabo su particular lectura del “Little sister” bajo el título de “Hey Memphis”.

Después de Jerry Leiber y Mike Stoller, Doc Pomus y Mort Shuman son evidentemente la pareja de compositores más ilustres que aportaron canciones a la carrera de Elvis Presley. Si bien es cierto que no fue en la etapa más creativa y rompedora del cantante si que lo fue sin lugar a dudas durante los años en que gozaba plenamente de su mejor técnica y condición vocal. 

 







Jordi Prat ( Socio 1101)

OTIS BLACKWELL

 

¡Saludos! Bienvenidos a un nuevo capítulo dedicado a los principales compositores que trabajaron para Elvis que iniciamos hace un par de entregas. Si en las dos anteriores los tandems de creadores fueron los protagonistas, en esta ocasión el mérito absoluto recae sólo en un individuo. Igualmente, si en los reportajes precedentes se conjugaban en equilibradas proporciones cantidad y calidad, esta vez la calidad concentrada predomina sobre la cantidad de una forma más que ostensible aunque no por ello en ningún caso merezca un tratamiento menor. Al contrario, la aportación de un personaje como Otis Blackwell resultó fundamental en el desarrollo musical y creativo de un joven Elvis Presley todavía en formación e inmerso en un contexto musical susceptible a influencias y cambios constantes



Pincelada biográfica



Otis Blackwell nació un 16 de febrero de 1932 en Brooklyn (New York). Desde muy pequeño aprendió a tocar el piano y creció escuchando Rhythm & Blues y Country & Western. Un estilo, este último no muy en consonancia con un joven de color de su época pero la pasión por las películas del género que vivía su mejor momento y las canciones que en ellas aparecían se erigían en reclamo ineludible para un creador con ganas de innovar.

La primera publicación de Blackwell fue el tema “Daddy Rolling Stone” que se convirtió en todo un éxito en Jamaica en la voz de Derek Martin aunque su primer hit oficial llegó en 1956 cuando el cantante de Rhythm & Blues, Little Willie John publicó “Fever”. Una canción escrita en colaboración con Eddie Cooley y firmada por Blackwell bajo el pseudónimo de John Davenport que aún obtuvo mayor repercusión con la lectura más cercana al Pop que de ella hizo Peggy Lee. Poco después iniciaría su peculiar relación con Elvis Presley.

Muchos años más tarde en una aparición en el show de David Letterman confesó lo que en algunos círculos era un secreto a voces, que nunca conoció personalmente al de Tupelo.

Existen dos explicaciones al respecto. La que podríamos calificar de oficial y que hace referencia a que el propio Otis creía que un encuentro cara a cara podría romper la química e incluso ser portador de mala suerte. De hecho, llegó a renunciar a participar en el rodaje de “Girls! Girls! Girls!” para el cual había sido invitado y una segunda con un matiz más oficioso que culpa al Coronel Parker y a su obsesión por mantener aislado a su pupilo de las influencias externas junto con el propio carácter introvertido del mismo Elvis no muy proclive a este tipo de encuentros en aquellos años.

De cualquier manera, fue Otis Blackwell quien mostró a Elvis la manera tan personal de entonar y vocalizar en composiciones como “Don’t be cruel” ya que sus propias “demos” eran las que servían de pauta inicial.

La carrera de Blackwell como compositor va más allá de las 2.000 canciones en himnos destacados como “Great Balls of Fire” y “Breathless” para la voz de Jerry Lee Lewis o “Heartbreak hill”de Fats Domino sin olvidar que artistas de la talla de Ray Charles, Otis Redding, James Brown, Carl Perkins o Billy Joel han ilustrado su extenso catálogo.

Blackwell continuó trabajando, escribiendo y grabando música hasta bien entrada la década de los ’80. Su versatilidad incluso como productor lo llevó a experimentar con diversos géneros llegando a producir un álbum para la reina del Gospel, Mahalia Jackson.

En 1991 sufrió un ataque de apoplejía que lo dejó medio paralizado y lo obligó a retirarse paulatinamente de la escena musical hasta su fallecimiento víctima de un ataque al corazón el 6 de mayo de 2002 en la localidad de Nashville (Tennessee) donde fue enterrado.



Presley & Blackwell



El primer contacto musical entre ambos se produjo a principios de julio de 1956. Después de una de sus apariciones televisivas y antes de regresar a Memphis, Elvis entraba en los estudios de la RCA en New York para iniciar una sesión cuyas fotografías testimoniales revelan a un cantante todavía con el pelo rubio, cargado de ilusión, alegría y de frescura.

Presley admiraba al intérprete, pianista y compositor, por eso cuando le propusieron un tema como “Don’t be cruel”, rápidamente se enamoró de él. Aunque trabajaron en el sencillo más de dos docenas de tomas pronto se dieron cuenta de que tenían una auténtica joya entre manos. Tras el arpegio inicial de Scotty Moore, Elvis giró la guitarra creando una percusión y una atmósfera vinculada nunca antes escuchada. El resultado final, uno de los mejores singles de su carrera dado que “Hound dog” fue la elegida para la cara “b” del mismo.

Una par de meses después, inmerso en la elaboración del repertorio de su segundo álbum, el tema escogido fue “Paralyzed”. Una composición con una estructura musical muy similar a “Don’t be cruel”, con el ritmo característico y contagioso con el que los jóvenes de la época parecían enloquecer.

Días más tarde en la actuación del “Toast of the Town” de Ed Sullivan, conducido por el actor Charles Laughton debido a que el presentador estaba convaleciente de un accidente de coche, Elvis estrenó en televisión “Don’t be cruel”.

En diciembre del mismo año durante la mítica sesión del “Million Dollar Quartet” en los estudios de la Sun, el Rey transmitía algo más que interés en la interpretación de “Don’t be cruel” y “Paralyzed”.

Ya en enero de 1957, Elvis Presley grabaría en los estudios de la RCA en Hollywood el que posiblemente sea el tema más popular de su relación con Otis Blackwell, “All shook up”. Con una irresistible tonada y una melodía igualmente pegajosa, Elvis volvía a golpear el dorso de su guitarra creando una sonoridad que tal vez se convertiría en una especie de denominación de origen para las composiciones de Blackwell.

Superado su paréntesis militar y con unas ganas locas de volver a grabar, las sesiones del sensacional “Elvis is back!” se iniciaron con “Make me know it”, una nueva aportación del compositor de Brooklyn en quien Elvis creía ciegamente hasta el punto de apostar por una particular versión de “Fever” en la que prácticamente sin instrumentación añadida se ponía de manifiesto su excelente dominio vocal.

Un par de temporadas después, en 1962 y ya firmando sus temas con Winfield Scott, uno de sus colaboradores habituales, Blackwell cedía un sencillo como “(Such an) easy question”, un medio tiempo Pop con aires de Blues que formaría parte del contenido del álbum “Pot Luck”.

Ese mismo año, Blackwell y Scott trabajarían en la banda sonora de la película “Girls! Girls! Girls!”. Si bien el tema que daba título al largometraje fue rechazado, sí se incluyó en ella una composición como “We’re comin’ in loaded” junto con “Return to sender”, otro de los grandes himnos de Presley en la década de los ’60.

Para finalizar tan fructífero ejercicio, durante las sesiones de grabación de la banda sonora de “It happened at the world’s fair”, aunque el resultado no fue el mismo, Elvis buscaría en la nueva aportación en formato de single de Blackwell / Scott, “One broken Heart for sale” la misma fórmula y tratamiento que se había obtenido con “Return to sender” añadiéndole incluso un ligero toque al estilo vocal de Jackie Wilson.

Oficialmente, a nivel discográfico, la colaboración entre compositor y cantante se cerró en 1963 con el tema “Please don’t drag that string around” que parecía recrear antiguas fórmulas y que se editaría como cara “b” del hechizante “(You’re the) devil in disguise”.

Un año más tarde, el 3 de marzo de 1964, Elvis grabó el tema “(I’m a) Roustabout” para la cabecera de su nuevo proyecto cinematográfico. Finalmente fue descartado en beneficio de otra propuesta firmada por el equipo Giant / Baum / Kaye, durmiendo un olvidado letargo cercano a las cuatro décadas en los baúles particulares de Winfield Scott. Gracias a la tenacidad de Ernst Jorgensen vio la luz como canción inédita y como un auténtico regalo para los fans al ser incluido como “bonus track” en el recopilatorio de 2003, “Elvis 2nd to none”. ¡Sorpresas te da la vida!

A lo largo de los ’70, el cancionero de Otis Blackwell siguió muy presente en el tintero de Elvis Presley. Rara era la vez en la que no había un hueco para recordar “All shook up” aunque fuera en un formato más breve, acelerado y adaptado a las circunstancias del directo y a los nuevos tiempos, eso sin olvidar a “Don’t be cruel” que en innumerables ocasiones irrumpía en forma de “medley” al lado de otro de sus éxitos, “(Let me be your) Teddy bear”.

Un balance total de once canciones de las que destacan dos Nº 1 y de las que al menos tres están siempre presentes en más del 90% de cualquier recopilación que se precie. Un mérito difícilmente alcanzable del que muy pocos pueden presumir.  



Discografía, homenajes y reconocimientos



Otis Blackwell es desde 1991 miembro reconocido del prestigioso “Songwriters Hall of Fame”.

Existen diversos discos que recopilan la obra de Otis como cantante y compositor pero recientemente la discográfica independiente, “Floridita Records” lanzó al mercado “When you’re around”. Un álbum que aglutina 22 temas originales extraídos de sus singles, sus pocos L.P’s y alguna vieja “demo”, comprendiendo un período que abarca desde mediados de los ’50 hasta 1962. Entre esas composiciones encontramos baladas, Rhythm & Blues y poderoso Rock ‘n’ Roll con curiosidades como el tratamiento personal de la voz en “All shook up” refirmando la disyuntiva de quien influyó a quien.

Por otro lado, en 1994 se editaba “Brace yourself: A tribute to Otis Blackwell”. Un trabajo con quince cortes con personalidades tan diversas como Graham Parker (“Paralyzed”), Ronnie Spector (“Brace yourself”), Debby Harry (“Don’t be cruel”), Willy Deville (“Daddy Rolling Stone”) y con mención especial a las deliciosas versiones de Dave Edmunds (“Return to sender”) y Kris Kristoferson (“All shook up”).

En definitiva, un pequeño reconocimiento al que está considerado uno de los grandes compositores del Rhythm & Blues con un estilo y un sello personal comparable al que proporcionaron gente como Leiber & Stoller, Willie Dixon o el mismo Chuck Berry.







Jordi Prat ( Socio 1101)

JERRY LEIBER & MIKE STOLLER

 

¡Saludos a todos los socios y amigos del Club! Iniciamos hoy un nuevo recorrido por la versátil carrera de Elvis Presley desde el particular punto de vista de la composición. A lo largo de diversas entregas trataremos de analizar las figuras de los compositores que trabajaron con el Rey o le proporcionaron material de una forma premeditada o casual durante su trayectoria. Su vida, su relación personal y su aportación musical serán los pilares de los diferentes reportajes con los matices que cada uno de ellos merezca.

De una forma cronológica y tal vez también desde un punto de vista de relevancia no podía ser de otra manera. Nuestros primeros protagonistas son Jerry Leiber y Mike Stoller, para muchos, el mejor tandem de colaboradores que trabajó con Elvis.



Los inicios



Jerome “Jerry” Leiber nació el 25 de abril de 1933 en un pequeño suburbio de la ciudad de Baltimore mientras que su tocayo Mike Stoller vino al mundo unos días antes, concretamente el 13 de marzo del mismo año en la localidad de Long Island. Ambos se conocieron en la ciudad de Los Angeles en plena década de los cincuenta cuando la música y la cultura en general vivían una época de asombrosa y prolífica ebullición. Fue su amor, estima y pasión por el Blues y el Rhythm ‘n’ Blues lo que les llevó a entablar una fuerte amistad y a ingeniar proyectos y composiciones que les permitieran entrar a formar parte del por aquel entonces prometedor negocio musical.

Jimmy Witherspoon, fue el encargado de grabar su primer tema comercializado oficialmente, “Real ugly woman” pero su primer hit importante llegó con “Hard times” a cargo de Charles Brown en 1952. Un año después, no exenta de polémica, llegaría “Hound Dog”. Una canción escrita en colaboración y para la cantante de Blues, Big Mama Thornton, que no guardó un buen recuerdo de su relación con el dúo de creadores. Big Mama jamás consiguió cobrar un solo centavo por los derechos de autor ya que Jerry y Mike se las apañaron para demostrar ante los tribunales que ellos eran los auténticos padres del futuro himno del Rock ‘n’ Roll. Según ella, Leiber y Stoller sólo aportaron unos pocos versos al total de la pieza y le pagaron 500 dólares por su contribución a un éxito que en 1970 ya había recaudado más de dos millones.

Litigios a parte, a Elvis le llamó la atención la versión que en 1955 publicaron Freddy Bell and the Bellboys. Incluso sin haberla grabado oficialmente en julio de 1956, ya la había estrenado un mes antes en la aparición televisiva del “Milton Berle Show” y refrendó su adopción personal a su repertorio en el show de Steve Allen.

Con toda su fuerza y potencial fue escogida como cara b del single “Don’t be cruel” en una decisión comercial más que discutible. Se iniciaba así, una relación que de forma directa o indirecta se mantendría a lo largo de toda la carrera del de Tupelo.



Elvis sings Leiber & Stoller



El siguiente tema de la factoría “Leiber & Stoller” que atacó Elvis fue el sencillo “Love me”. Un tema escrito como una especie de parodia de la música country en 1954 y grabado sin demasiada repercusión por el dúo Willie and Ruth. En la voz de Presley se convirtió rápidamente en todo un clásico que vio la luz formando parte de su segundo L.P titulado simplemente “Elvis”.

Poco después, compositores y cantante iniciaron su particular singladura por el universo de la bandas sonoras. “Loving you”, a inicios de 1957 fue la primera de ellas y la canción que daba título al film junto con el sencillo “Hot dog” fueron de hecho las primeras canciones pensadas y escritas para Elvis Presley. Meses más tarde llegaría la consagración con la publicación y el estreno de “Jailhouse Rock” que además del tema estrella de la película ofrecía perlas como “Treat me nice”, “I want to be free” o “Baby I don’t care”. Como curiosidad, la pareja de compositores aparecían en algunas escenas musicales de la película acompañando a Presley y a su grupo de músicos habituales.

Sin abandonar 1957, el prolífico dueto todavía tubo tiempo de firmar un maravilloso single como “Don’t”, moldeado a medida para la voz y lucimiento de Elvis y cerrar el magnífico año con la creación de un original villancico a ritmo de Blues, “Santa Claus is back in town” que formaría parte de su primer álbum navideño, “Elvis´ Christmas Album”.

La temporada siguiente, 1958, mantuvo el mismo nivel de calidad y compromiso reflejado en la banda sonora de “King Creole”, para la mayoría la mejor película de Presley que contó con joyas musicales como la que finalmente bautizó al film, la rompedora “Trouble” o la intimista “Steadfast, loyal & true”. Después vendría el inevitable paréntesis militar del cantante y a su regreso las cosas ya no volverían a ser lo mismo en ningún aspecto.

En 1960, durante las sesiones de grabación de “Elvis is back!”, una vez finalizadas sus obligaciones patrióticas, Presley recuperó el tema “Dirty dirty feeling” del dúo de creadores que había quedado fuera de la selección final de la banda sonora de “King Creole”. Fue precisamente durante estas sesiones cuando Jerry Leiber sugirió al ilusionado cantante ideas sobre nuevos proyectos cinematográficos y musicales mucho más enriquecedores artísticamente hablando que los que le presentaban por los canales habituales. Para el Coronel Parker, aquella fue la gota que colmó el vaso de la intromisión profesional sobre su pupilo y con su “savoir faire” característico dio por finiquitada su relación con los compositores, los cuales nunca habían sido santo de su particular devoción.

A partir de aquel instante, con la excepción de la explosiva y dinámica “She’s not you” de 1962, escrita conjuntamente con el gran Doc Pomus, Jerry Leiber y Mike Stoller no volverían a componer una canción para Elvis Presley.

De cualquier manera, el Rey siguió interpretando y adaptando a su estilo temas que la pareja componía para otros intérpretes como es el caso de “Girls! Girls! Girls!”, “Bossa nova baby”, “Little Egypt”, “Saved” o años más tarde “If you don’t come back” o “Three corn patches”.

 En total fueron más de veinte canciones con estilos tan variados como el Blues, el Gospel, el Pop, el Rock ‘n’ Roll o el Jazz. Aportaron su sello inconfundible en la confección de seis bandas sonoras y contribuyeron a que llegara en cuatro ocasiones al número uno de las listas de sencillos. De hecho, Elvis siempre contó con Leiber y Stoller hasta el final de su carrera y resulta extraño encontrar una actuación donde no hubiera espacio para alguna de sus composiciones con especial predilección por “Hound Dog” o “Love me” ya fuera de forma completa, abreviada o formando parte de alguno de sus originales “medleys”.



Aportación musical



A parte de la relación personal con Elvis Presley a quien en el ámbito musical supieron comprender como nadie, Jerry Leiber y Mike Stoller por su meticulosidad y creatividad en los campos de la composición y la producción proporcionaron una nueva perspectiva a numerosos artistas sin obviar que consiguieron erigirse como referencia e influencia de gente tan variopinta como los mismos Beatles, Gerry Goffin y Carole King sin dejar de banda factorías como la mismísima “Motown”. Todos ellos de alguna manera herederos de su particular huella musical.

Creadores de hits inolvidables como “Stand by me” (junto a Ben E. King), “Yakety yak” o “Kansas City” también contribuyeron al afianzamiento de las nuevas discográficas con espíritu independiente con la fundación de sellos como “Spare Records” en 1953 o “Red Bird Records” a principios de los sesenta.

La lista de intérpretes que han gravado en alguna ocasión temas suyos es tan extensa que necesitaríamos más de un ejemplar de nuestra revista para enumerarlos a todos:

Ben E. King, Peggy Lee, Lavern Baker, Ruth Brown, The Drifters, The Coasters, Roy Hamilton, Tom Jones, Paul Mc Cartney, Little Richard, Fats Domino, The Beatles, The Rolling Stones, Johnny Cash o Trini Lopez son tan solo una pequeña representación.



Discografía y Reconocimientos



Junto a la obtención de diversos premios Grammy, Jerry Leiber y Mike Stoller forman parte ya de la leyenda al ser miembros del prestigioso “Songwriters Hall of Fame” desde 1985. Un par de años más tarde fue el “Rock and Roll Hall of Fame” quien les abría sus puertas sin olvidar al famoso “Hollywood Walk of Fame” que también les rendía tributo dedicándoles una de sus preciadas estrellas.

A nivel discográfico existen diversos recopilatorios que acunan buena parte de su extenso catálogo como son los tres volúmenes que repasan su carrera desde 1951 hasta 1969. Por su parte, RCA, a principios de los noventa editó el mítico álbum “Elvis sings Leiber & Stoller” ilustrado con la famosa portada de los compositores y el cantante leyendo la partitura de “Jailhouse Rock” y con veinte canciones de su repertorio común.

Por último, a nivel de imagen destacar un DVD editado el año 2001 que bajo el título de “A tribute to Leiber & Stoller” recoge un show registrado en Londres con artistas como Tom Jones (“Jailhouse Rock”), David Gilmour (“Don’t”), Sam Brown (“Saved”), Ben E. King (“Stand by me”) o Steve Harley (“Love me”), rindiendo un merecido y emotivo homenaje a tan ilustre dúo de compositores, fundamentales en la evolución de la música popular del siglo XX.

 







Jordi Prat ( Socio 1101)