lunes, 7 de noviembre de 2011

ESTUDIOS OCASIONALES


Bienvenidos a una nueva entrega dedicada a nuestro particular viaje por los principales centros de producción que acogieron la figura de Elvis Presley a lo largo de su trayectoria musical.
Hoy nos centraremos en los que de una manera un tanto ortodoxa hemos bautizado como “Estudios Ocasionales”. Aquellos que por motivos básicamente contractuales fueron testimonio musical de lo mejor y lo peor del Rey.
Analizando con rigurosidad los resultados artísticos más allá de las preferencias o debilidades que cada uno pueda manifestar y tratando objetivamente los datos, podemos afirmar con cierta seguridad que son tres las factorías principales que en el transcurso de también tres décadas aglutinan parte del extenso catálogo del de Tupelo.

1. “RCA Studios” en Nueva York

Una vez abandonado el compromiso con Sun Records y su mentor Sam Phillips, Elvis se enfrenta por primera vez al reto de una compañía de ámbito y distribución nacional con lo que todo ello conlleva implícito. Estamos aún en plena década de los ’50, concretamente a finales de enero de 1956 y la efervescencia del Rock ‘n’ Roll sacude a buena parte de la sociedad desde la perspectiva inconformista de los jóvenes.
Para su primera sesión “importante”, nuestro protagonista debe trasladarse a la ciudad de Nueva York en un edificio situado entre la Tercera Avenida y Lexington. Los responsables de producción continúan de alguna manera obsesionados con reproducir el sonido de la Sun y para tal empresa no dudarán en planificar el mayor número de factores favorables. A parte de los iniciales Scotty Moore y Bill Black y el cada vez más habitual D.J Fontana se contratarán los servicios del pianista de Boggie-woogie Shorty Long para proporcionar mayor dinamismo al material.
El repertorio habla por sí solo: “Blue suede shoes”, “My baby left me”, “So glad you’re mine”, “Tutti frutti”, “Lawdy, Miss Clawdy”, “Shake, rattle and roll”...Composiciones y compositores que beben en las aguas del Blues y del Rhythm & Blues que convenientemente tamizados y adaptados al registro y personal estilo de Presley se transformarán en una manera de entender la música que sólo el tiempo se ha encargado de proporcionarle la justa y merecida recompensa.
En el ámbito discográfico, estas sesiones iniciales servirán para poner la guinda al primer y mítico álbum de debut para su nueva compañía a parte de completar el contenido de singles y E.P’s pertinentes que en aquel tiempo tenían mayor repercusión mediática y una aceptación comercial considerable en comparación al joven formato que significaba entonces un larga duración.
Elvis volverá a pisar una vez más los estudios de la RCA en la ciudad de los rascacielos. Será en julio de ese mismo año inmerso en plena promoción televisiva pero con el suficiente instinto para apostar por temas como “Hound dog” o “Don’t be cruel” que de alguna forma marcarán su consagración definitiva a nivel nacional como ídolo de masas y fenómeno social. Su sonido básico había cambiado, el eco había desaparecido y la frescura había dado paso a la fuerza y ya nada volvería a ser igual.

2. “Radio Recorders”, Hollywood

El segundo apartado de nuestro peregrinaje nos traslada a la costa oeste, concretamente a los “Radio Recorders” de Hollywood en la ciudad de Los Ángeles (California) en pleno Santa Mónica Boulevard.
Esta factoría por cantidad y calidad se erigirá en la auténtica protagonista de los años sesenta pero su relación con Elvis comienza exactamente en septiembre de 1956. Allí, acompañado hasta ese momento de su inseparable trío y de los cada vez más omnipresentes “Jordanaires”, iniciarán un periplo musical marcado claramente por los contratos cinematográficos y por sus respectivas bandas sonoras.
A pesar de todo, inicialmente tendrán tiempo y libertad para dar rienda suelta a su talento atacando temas como “Love me”, “Paralyzed”, “Too much”, “Ready Teddy” o “Rip it up”. Piezas que configurarán la columna vertebral de su segundo álbum titulado simplemente “Elvis”. El formato tradicional encontrará salida con la grabación del fantástico E.P de Gospel, “Peace in the valley” y en la manufactura de singles como “All shook up”, de nuevo con la sensacional aportación de Elvis golpeando el dorso de su guitarra en una original producción que marcará una insólita referencia musical. Mención a parte, la confección del que para muchos todavía hoy es uno de los mejores álbumes de “Christmas” de la historia. Algo muy en boga del mercado norte americano.
La sombra y el buen hacer de excelentes compositores como Jerry Leiber, Mike Stoller, Otis Blackwell o Thomas A. Dorsey son un fundamental punto de apoyo que lamentablemente no tendrá toda la continuidad que muchos hubiéramos deseado.
El Coronel Parker y su ambicioso afán por controlar todo el entorno comercial de su pupilo, las obligaciones contractuales derivadas del cine y la maraña de intereses vinculados a las diferentes editoriales encargadas de proporcionar nuevo material marcarán directamente la pauta menos creativa de la década pero también la más lucrativa para todas las partes implicadas. De aquí surgirán éxitos de ventas como “Loving you”, “G.I Blues”, “Blue Hawaii”o “Viva Las Vegas”.
Musicalmente y de forma progresiva, los estudios “Radio Recorders” serán testimonio activo de la evolución del estilo de Elvis Presley que adoptará un carácter más sofisticado con apuntes más cercanos al Pop y las baladas en todas sus manifestaciones, alejándose del genuino cóctel que lo consagró como Rey del Rock.
De alguna manera adoptará lo que periodistas acreditados han definido como “la fórmula”, consistente en la repetición de una serie de parámetros marcados por la monotonía y la reiteración siempre con alguna que otra excepción y teniendo en cuenta un registro vocal inimitable capaz de convertir cualquier mediocridad en una pieza más que digna.
Llegados a este punto, es aquí donde un servidor aporta su humilde opinión con el recuerdo especial para un proyecto como “King Creole”, posiblemente el mejor largometraje protagonizado por Elvis. Pero no sólo eso, contó además con un prestigioso director como Michael Curtiz, secundarios de la talla de Walter Matthau, un guión consistente, una evocadora fotografía en blanco y negro, unas localizaciones inolvidables y lo más destacado, una banda sonora de ensueño. Todavía hoy, transcurridos poco más de cincuenta años, sencillos como: “Trouble”, “Dixieland Rock”, “Crawfish” o el que dio título al film, nos siguen cautivando por su magia, espontaneidad, vigencia y trepidante ritmo cargado del auténtico aroma de Blues de Nueva Orleáns. Todo ello en unas sesiones de grabación llevadas a cabo a principios de 1958 cargadas de “feeling” perceptible a través de las fotografías de las mismas.
 
 
3. Studio “C” de RCA en Hollywood

La tercera y última parada ya en la década de los ’70, sin movernos de Hollywood nos sitúa de nuevo en unas instalaciones pertenecientes a RCA, concretamente al estudio “C” en Sunset Boulevard, no visitadas por Elvis desde abril de 1960.
De todos es conocida la situación personal de nuestro artista en aquellos años que de una manera premeditada o no, repercutirá en algunos de los temas que pasarán a formar parte de su repertorio.
El estudio “C” de la RCA albergará dos tandas importantes de producción. Una primera fechada en marzo del ’72 de la que surgirán singles míticos como “Burning love”, “Always on my mind” o “Separate ways” y una segunda tres años después, también en marzo pero del ’75 que dará lugar al más que aceptable álbum “Today”, formado por composiciones como “Green, green grass of home”, “And I love you so” o “Shake a hand”.
En ambos casos la base instrumental y humana será prácticamente la misma. Sin lugar a dudas el equipo de lujo de la década con personal del calibre de James Burton, John Wilkinson, Ronnie Tutt o Glen D. Hardin. Todos ellos responsables del sonido característico de la música de Elvis en aquellos años.
Las técnicas de grabación y aparatos responsables junto con los instrumentos han ido evolucionando acorde con los tiempos y los resultados son en ese aspecto más que significativos con un claro reflejo en el sonido mucho más contundente. Desgraciadamente y por razones obvias, el Rey ya no podrá saborear en toda su dimensión los avances tecnológicos que en poco más de un lustro sacudirían los planteamientos y formatos de la industria discográfica

Jordi Prat ( Socio 1101)
(Próximo apeadero: “Graceland”)

No hay comentarios:

Publicar un comentario