¿Qué tal socios? Bienvenidos a una nueva entrega de nuestro particular periplo musical a través de todos aquellos compositores que de forma directa influyeron en la trayectoria profesional de Elvis Presley.
Si en el anterior capítulo dedicado al tándem “Hugo & Luigi” priorizamos la calidad por encima de cualquier otro factor, sin lugar a dudas, el protagonista de hoy viene avalado por la garantía de la cantidad. Las cifras son siempre una excelente referencia y en este aspecto nadie podrá discutir jamás el mérito y aportación de un personaje como Ben Weisman que, pese a quien pese, ostenta la distinción de ser el autor que mayor número de canciones proporcionó al Rey. Repasar su obra, supone también realizar un nuevo viaje prácticamente a través de toda la discografía de Presley, sobretodo la que abarca el período comprendido entre 1956 y 1971.
Apuntes biográficos
Benjamín Weisman nació el 16 de noviembre de 1921 en Providence (Rhode Island) aunque creció en Brooklyn. Auspiciado por una familia con fuerte tradición musical, siendo todavía un niñó, ya cantaba de una forma casi profesional en el coro de la iglesia. Con la llegada de la adolescencia, tuvo la suerte de conocer la obra de grandes maestros como Bach o Beethoven estudiando piano cinco años bajo la supervisión de la concertista Grace Castagnetta. Ya en plena juventud y sirviendo a la patria en el ejército de su país dio rienda suelta a su vocación ejerciendo de director musical a las órdenes del “Tío Sam”. Una vez licenciado, regresó a Nueva York y debido a su enorme versatilidad musical y al prestigio que ya le acompañaba encontró las puertas del emblemático “Tin Pan Alley” (míticas calles de la ciudad de los rascacielos donde se concentraban buena parte de las factorías musicales que distribuían material por todo el país) abiertas de par en par. De todas maneras, fue la editora “Hill & Range” la que se llevó el gato al agua ofreciéndole un magnífico contrato en exclusiva con la que conseguiría labrarse más que un nombre en la historia de la música popular del pasado siglo XX. A las órdenes de su director, Jean Aberbach y manteniendo siempre una estrecha relación con las tendencias más actuales del momento consiguió copar los principales puestos de las listas transmitiendo su sello personal y tratando de adaptarse a cada contexto que el intérprete en cuestión requería.
El trabajar y colaborar con Elvis Presley fue para Weisman un constante reto. Sus composiciones contenían una mezcla de casi todo: country, blues, rock, pop e incluso gospel y siempre se manifestó afortunado de haber podido contribuir al éxito de una estrella de las dimensiones de Presley.
Ben Weisman falleció el 20 de mayo de 2007 en la ciudad californiana de Los Ángeles rodeado de familiares y amigos pero su relación personal y musical con Elvis merece un extenso capítulo a parte.
Weisman & Presley
Para recuperar el primer “contacto” profesional de Elvis con Ben Weisman hemos de retroceder hasta septiembre de 1956 y situarnos en los estudios Radio Recorders de Hollywood. Allí, el joven cantante se encontraba dando forma al que sería su segundo L.P. “Elvis”, en unas sesiones de grabación de las que existen un magnífico testimonio gráfico en forma de estupendas fotografías. Arropado por excelentes músicos y sentado al piano, transmitía toda la fuerza y potencial que su encanto atesoraba. En este inmejorable entorno, la pareja de compositores Aaron Schroeder y Ben Weisman, miembros del staff de “Hill & Range” aportaron un tema como “First in line”. Una preciosa melodía con un tempo totalmente diferente a los que estaba acostumbrado el de Tupelo y que le brindaba la oportunidad de explorar nuevos campos de su faceta como intérprete.
Su siguiente encuentro se produjo unos meses más tarde, a mediados de enero de 1957 en el mismo lugar pero en esta ocasión trabajando en la banda sonora de la película, “Loving you” y para ser más exactos en el sencillo “Got a lot o’ livin’ to do”. Teniendo en cuenta el guión y la escena en cuestión, debía transmitir la fuerza adecuada e ilustrar la emergente carrera de una estrella del Rock ‘n’ Roll, algo muy parejo a la realidad del cantante. Tras nueve intentos en forma de otras tantas tomas decidieron que ya disponían del master ideal para su edición.
Días después y durante las mismas sesiones de grabación del proyecto cinematográfico, Elvis tendría la oportunidad de conocer directamente a Ben Weisman. El compositor había venido a California para ver en persona a su prometedor cliente y también para potenciar la inclusión de alguna de sus composiciones en el nuevo film del artista.
Weisman recordaba que encontró a Elvis en un rincón del estudio punteando acordes de blues con una guitarra. Poco después se sentaron juntos al piano y mostrando la sonrisa que le había hecho famoso tardaron muy poco en congeniar.
En febrero de ese mismo año el tandem Weisman / Presley volvió a asociarse para un single como “Don’t leave me now”. Un excelente medio tiempo que es toda una curiosidad en la carrera de Elvis y que fue incluido en la banda sonora de “Loving you”. Meses más tarde de nuevo se grabó para formar parte del siguiente proyecto cinematográfico, “Jailhouse Rock”. Comparando las dos versiones, la segunda es tal vez un poco más elaborada, con una introducción de piano sugerente y una presencia del teclado mucho más evidente junto con la guitarra y los coros de los Jordanaires que le proporcionan un acabado homogéneo aunque el tempo es prácticamente el mismo en ambos casos, al igual que el magnífico tratamiento vocal de Elvis.
A partir de entonces, la presencia de alguna composición de Ben Weisman en las bandas sonoras de las películas del Rey se convirtió casi en una constante habitual.
El año 1958 se inició con la confección de los temas del que para muchos es el mejor film de Elvis, “King Creole”. Con un guión basado en una novela de Harold Robbins, un director como Michael Curtiz (“Casablanca”) y actores de la talla de Walter Matthau o Carolyn Jones, la propuesta gozaba de todos los ingredientes para convertirse en éxito y la música tenía que estar a la altura. El primer tema destacable de la factoría Weisman es “Crawfish”.Un ritmo encantador y totalmente innovador servía para introducir el personaje de Elvis al inicio de la historia en plena ciudad de Nueva Orleáns. Los puristas pueden disfrutar en el disco “Essential Elvis, Hits like never before. Vol.3” de la versión en la que el cantante comparte un mágico duelo vocal con la solista Kitty White. Después atacaron las excelentes “Don’t ask me why” y “As long as I have you” dejando para el final un sencillo como “Danny” que a la postre fue descartado por el cambio en el título de la película y que durmió cerca de 20 años en los baúles de RCA antes de ver la luz.
Una vez superado el paréntesis militar, Ben Weisman también aportó su sello en el esperado regreso musical de nuestro ídolo con dos temas como “Fame and fortune” (editado como cara “b” de “Stuck on you”) y “It feels so right” formando parte del mítico “Elvis is back”. Ambas propuestas con un marcado espíritu de blues que tanto gustaba al Rey.
Con la llegada de la década de los ’60, Ben Weisman contribuirá con sus composiciones a difundir la llamada “Fórmula” que caracterizará la música de las bandas sonoras de las películas, de todos los fans conocidas, con unas evidentemente mejores que otras. Por destacar tan solo algunas: la adaptación de una bonita tonada tradicional alemana como es “Muss I denn” que en “G.I. Blues” se transformó en “Wooden Heart”, dos baladas deliciosas como “In my way” o “Forget me never” que aparecieron en “Wild in the country”, la repercusión y el éxito de un proyecto como “Blue Hawaii” aderezado con composiciones como “Almost always true” o “Moonlight swim” o el buen tono que transmitían temas como “Riding the rainbow”, “I got lucky”o “This is living” en la más que aceptable “Kid Galahad”. Mención especial para un sencillo como “Follow that dream”. Una melodía rebosante de optimismo para un film menor del mismo título de la que Weisman siempre se mostró muy satisfecho citándola como una de sus mejores canciones. Curiosamente, un criterio compartido por muchos fans, entre ellos el mismísimo “Boss”, Bruce Springsteen, que no duda en incluirla en el repertorio de muchos de sus conciertos.
A lo largo de los años, la amistad entre cantante y compositor se fue acrecentando durante las muchas sesiones que Presley programó en los estudios de Hollywood. Según Weisman, Elvis poseía un gran sentido del humor y tenía la capacidad de transformar las tediosas horas de grabación en jornadas mucho más divertidas. El propio Ben Weisman que dirigió personalmente alguna de ellas (“Frankie and Johnny”) recibió el cariñoso apelativo de “The Mad Professor” por parte del Rey.
Musicalmente, de la colaboración entre ambos durante la década no hay que dejar en el tintero la edición inexplicable de un sencillo como “Do the clam” o la magnífica aportación de un tema como “We call on him”. Editado como cara “b” del sencillo “You’ll never walk alone” ofrecía una sensacional intro de piano, el buen hacer una vez más de los coros de los Jordanaires y el extraordinario contrapunto de la soprano Millie Kirkham para colorear una balada con tintes de himno religioso.
Para finalizar, de justicia es también mencionar un tema como “Rubberneckin’” perteneciente a las sesiones de los American Studios de Memphis de 1969 que se publicó como reverso de un sencillo como “Don’t cry daddy” y que Weisman cedió y presentó como si fuera obra de su mujer seguramente por cuestiones relacionadas con los derechos de autor.
La última vez que Ben Weisman estuvo personalmente con Elvis Presley fue en 1976 en el Hotel Hilton de Las Vegas. Era el último show que cerraba la temporada y fue invitado a la fiesta posterior. A su llegada, el cantante lo recibió con efusividad y le preguntó cuantas canciones suyas había llegado a cantar. Weisman respondió que 57 a lo que Elvis reaccionó haciendo callar a todos los presentes y anunciándolo junto con tan distintivo honor a lo que la concurrencia respondió con una fuerte ovación. Después se retiraron para mantener una conversación básicamente entorno a la música. Elvis le comentó que meditaba incorporar a su repertorio una composición como “Softly as I leave you”, una canción que en palabras del Rey era más propia de un hombre a un paso de la muerte que no sobre alguien a quien su amada lo acaba de abandonar. Weisman intuyó lógicamente que las cosas no funcionaban del todo bien en la vida de su amigo. A pesar de todo siempre recordó aquella conversación con afecto y nostalgia.
Reconocimientos
Aunque para muchos críticos y seguidores, Ben Weisman es uno de los directos responsables de mediocridades como: “It’s carnival time”, “A dog’s life”, “Chesay”, “Clambake” o “He’s your uncle not your dad”, lo cierto es que su figura para bien o para mal contribuyó a engrandecer el mito de Elvis Presley.
De hecho, poco después de la muerte del cantante, Weisman compuso en su honor una suite sinfónica a la que tituló “The Elvis Concerto”. Después de estrenarla por muchos lugares del mundo se fue retirando paulatinamente de la vida pública y también prodigó cada vez menos su faceta creativa.
A nivel de cifras se calcula que las composiciones de “The Mad Professor” rondan las 400 que han proporcionado unas ventas cercanas a los 100 millones de álbumes y obteniendo a título personal unos 60 discos de oro.
Sus canciones, muchas de ellas inolvidables, han sido interpretadas por gente tan diversa como: The Beatles, Dean Martín, Barbra Streisand, Nat King Cole, Dusty Springfield, Carl Perkins, Peggy Lee o Dionne Warwick.
Jordi Prat ( Socio 1101)
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