martes, 25 de octubre de 2011

IVORY JOE HUNTER

 

¡Saludos! Y bienvenidos a una nueva entrega de nuestro particular viaje a través de todos aquellos autores que con diferente intensidad influyeron en la trayectoria profesional y musical de Elvis Presley.

A medida que avanzamos, el nivel de especialización aumenta, la cantidad cede parte de su protagonismo a la calidad y también a la curiosidad que en muchos casos nos permite revelar detalles y personalidades que en una primera impresión pasan para la mayoría desapercibidos. Para todos aquellos que siempre hemos priorizado la vertiente musical y su potencial artístico, esta labor de investigación y estudio es toda una pasión que crece con los años toda vez que nos brinda la oportunidad de descubrir identidades como la que ilustra hoy nuestro reportaje: Ivory Joe Hunter.



Pincelada biográfica



Ivory Joe Hunter y su “original” nombre vinieron al mundo el 10 de octubre de 1914 en la localidad tejana de Kirbyville con el auspicio musical de sus progenitores ya que su madre era cantante de Gospel mientras que su padre ejercía de guitarrista.

Profesionalmente tenemos que remontarnos a 1933 para encontrar su primera grabación oficial, concretamente con el histórico Alan Lomax y su labor para la Biblioteca del Congreso.

Años más tarde, a principios de los cuarenta y sin dejar el estado de Texas, en la ciudad de Beaumont goza de su propio programa de radio. Poco después efectúa al lado de los Johnny Moore’s Three Blazers su debut comercial aunque el primer hit regional lo conseguirá con “Blues at sunrise”. Cerrará la década colocando singles como “I quit my pretty mama” o “Guess who” en las listas de Rhythm & Blues.

Coincidiendo con el inicio de los cincuenta firma para una discográfica reconocida como “MGM” e inmediatamente la edición de “I almost lost my mind” le supone el éxito y el reconocimiento a nivel nacional. En 1954 ya había grabado más de 100 canciones, hecho refrendado con su fichaje para una compañía de mayor difusión como “Atlantic”. Será aquí donde dejará testimonio de su creación más universal y con la que ha inscrito su nombre en la historia de la música popular del pasado siglo XX, “Since I met you baby” (1956) de la que hablaremos más adelante.

Tal vez como le sucedió al mismo Rock ‘n’ Roll y a muchos intérpretes de la época, al finalizar la década su popularidad también empieza a resentirse a pesar de tener a favor el factor de que entonces estaba a la orden del día el que muchos artistas blancos hiciesen sus particulares versiones de composiciones de artistas de color. No olvidemos ni el contexto histórico ni el país del que estamos hablando: Estados Unidos, con toda su grandeza y su peculiar doble moral.

En los agitados años sesenta, Hunter hizo su particular retorno a la palestra orientando su andadura hacia el Country, un género que desde siempre le había influenciado. Aunque su nueva faceta estilística no le brindó la posibilidad de revivir glorias pasadas si que le permitió gozar de cierto prestigio en un mercado tan selecto llegando incluso a disfrutar de apariciones y actuaciones en el mismísimo Grand Ole Opry con cierta periodicidad. Mérito del que muy pocos intérpretes de color podían presumir entonces.

De cualquier forma, pocos autores han estado a su altura en cuanto a productividad. Hay quien dice que llegó a componer más de 7.000 canciones, escribiendo según él, siempre sobre cosas cotidianas y que se repiten a lo largo de las generaciones.

Ivory Joe Hunter falleció de cáncer en Memphis a los 60 años el 8 de noviembre de 1974 aunque su cuerpo reposa en su Kirbyville natal.

Su legado musical se caracteriza por encima de todo por la enorme elegancia y la alegría que supo transmitir en su trabajo. Un sentimiento reflejo de su eterna sonrisa que le valió en algunos círculos el apodo de “El hombre más feliz”.



Presley & Hunter



La primer vez que Elvis Presley toma contacto con la música de Ivory Joe Hunter y  de la que tengamos testimonio se produce de una forma un tanto “accidental”. Concretamente sucede el 4 de diciembre de 1956 en el Sun Studio y dentro de la mítica “jam session” del “Million Dollar Quartet”. Allí en mitad de la misma y durante aproximadamente medio minuto, Elvis arremete unas breves estrofas de la bella “Out of sight, out of mind”. Un tema que Hunter había compuesto junto a Clyde Otis, compositor y productor de Misisipi que ostenta el mérito da haber sido el primer afroamericano que obtuvo el puesto de responsable de “A&R” (Artistas y repertorio) de un sello importante (Mercury Records) en 1958. Trabajó para gente del calibre de Brook Benton, Dinah Washington o Sarah Vaughan. Bajo el pseudónimo de Cliff Owens por cuestiones contractuales y en colaboración con Aaron Schroeder firmaría el sencillo “Any way you want me” que el mismo Elvis grabaría en 1956.

El segundo contacto con las composiciones de Ivory Joe Hunter se produce de manera más convencional. En febrero de 1957, durante la elaboración de la banda sonora de “Loving you” hace falta más material para la publicación final del long play, motivo por el cual, entre otras se recurre a un tema como “I need you so”, sencillo que ya había sido seleccionado previamente.

A nivel humano es en la primavera de 1957 cuando Ivory Joe Hunter es invitado personalmente por Elvis a compartir jornada en Graceland. De ese encuentro, Hunter guardaría siempre un grato recuerdo y a parte del exquisito trato recibido siempre haría referencia al hecho de haber compartido y entonado canciones como “I almost lost my mind” de una forma totalmente informal.

La siguiente aproximación a la música de Hunter sin dejar 1957 se lleva a cabo en septiembre y en concreto dando forma a la deliciosa balada “My wish came true”. Un sencillo grabado durante las sesiones del magnífico “Christmas Album” y que sería editada como cara B del single “A big hunk o’ love” en 1959 durante el servicio militar de Presley y con el objetivo de mantener su popularidad a buen nivel. El mismo tema formó parte del segundo volumen de grandes éxitos (“50.000.000 Elvis fans can’t be wrong”) lanzado en diciembre de ese mismo año y con idéntica finalidad.

Nos adentramos ya en el capítulo más “exclusivo” de esta particular relación musical dado que es esta canción la única que Ivory Joe Hunter compuso de una forma premeditada para Elvis Presley. Nos referimos a “Ain’t that loving you baby”. Un tema creado de nuevo en colaboración con Clyde Otis que recordaba perfectamente la anécdota de su gestación. En 1958, Otis había ido a Louisiana a visitar a su colega. Durante el encuentro recibieron una llamada de la editora “Hill & Range” con la propuesta de escribir algún tema para Elvis Presley. Iniciativa a la que rápidamente respondieron de forma afirmativa pero también con la sinceridad de confesar no tener ninguna idea preconcebida al respecto. Casi de forma inmediata se sentaron al piano y se pusieron a trabajar en “Ain’t that loving you baby” y aunque el resultado fue excelente tal vez la salida comercial que le dispensaron los responsables de RCA no se correspondió con la que de verdad se merecía la composición.

Elvis la grabó en junio de 1958 en el estudio B de Nashville aprovechando un permiso militar antes de embarcar hacia a Alemania y dentro de la que para muchos elitistas es la última sesión “pura” de Rock ‘n’ Roll.

Del mismo tema se recogieron dos versiones conocidas para la mayoría de fans. Una más “bluesy” con la presencia destacada de los coros de los Jordanaires que no vería la luz hasta 1964 como cara B del sencillo “Ask me” y una más cercana al “boogey” con un tempo mucho más acelerado y con el grupo vocal tan solo haciendo palmas que tardaría más de dos décadas en ser editada de forma “oficial”. Concretamente en el recopilatorio en torno al Blues de 1985, “Reconsider baby”. Un lustro después y dentro de la serie “Essential Elvis”, sería el volumen 3 el que lanzaría conjuntamente tomas de las dos versiones para poder contrastar y elegir la preferida si es que para alguien ambas alternativas no tienen la suficiente personalidad.

Sea como fuere, después de 1958 Elvis no volvería a contactar musicalmente con Ivory Joe Hunter hasta 1971. Otra vez en el estudio B de la RCA en Nashville y dentro de un ejercicio muy productivo a nivel discográfico para el Rey se tenía de nuevo presente el buen hacer del compositor tejano.

En una sesión de mayo enmarcada en la confección del que sería un álbum como “Elvis” (previamente bautizado como “Fool”) y después del paréntesis obligatorio de la comida, el de Tupelo se sentó al piano para dejar testimonio quizás de uno de los instantes más “acústicos” de toda su trayectoria. Tan solo él y el piano y por encima de todo el encanto de su voz dando forma a dos temas de Hunter con denominación de origen: “It’s still here” y “I will be true”.

Sobran comentarios de ningún tipo aunque de justicia es recordar que del segundo de ellos ya tenemos referencias en algunas “home recordings” efectuadas en Bad Nauheim (Alemania) confirmando el hecho de que Elvis siempre le tuvo en cuenta sobretodo en aquellos instantes marcados por la intimidad del hogar y el gusto personal por la buena música.

Un magnífico colofón a una relación musical breve pero intensa con un balance final de seis composiciones que contribuyeron de forma más que ostensible a la aproximación que desde siempre Elvis manifestó respecto al Rhythm & Blues más puro y convencional.



Discografía



A parte de infinidad de recopilatorios que tratan de recoger lo más selecto de su extenso catálogo es relativamente fácil y asequible encontrar algunos álbumes pertenecientes a su discografía oficial, básicamente de su época en Atlantic, editados en formato 2x1 en sellos especializados en este tipo de productos como son “Collectables” o “Ace”.

Vía importación también podemos acceder a algún directo representativo de su etapa y paso por el Grand Ole Opry de Nashville.

Como denominador común y de forma casi obligatoria en todos ellos no puede faltar un hit como “Since I met you baby”. Definida por algunos críticos como una obra maestra de suave elegancia cargada de espíritu de Blues, actualmente y de forma indiscutible se erige en todo un estándar de la música popular norte americana que forma parte ya del repertorio obligado de cualquier escuela con cierto atisbo de sensibilidad.

Innumerables han sido los artistas que han hecho su particular lectura de tan ilustre composición. Por citar sólo algunos: Sonny James, Mindy Carson, Freddy Fender, Pat Boone, Sam Cooke, B.B. King, Jerry Lee Lewis, Dean Martín o más recientemente Willy Deville, lamentablemente fallecido en agosto de 2009.





Jordi Prat ( Socio 1101)

DON ROBERTSON

 

¡Saludos! Amigos y socios del Club. Una vez aparcado el paréntesis estival, para unos símbolo de descanso y diversión y para otros de todo lo contrario, recuperamos de nuevo nuestro particular repaso por todos aquellos compositores y autores que de una manera u otra hicieron mella en la carrera de Elvis Presley.

Si en el capítulo anterior la presencia de Otis Blackwell nos brindó la aportación de diversos momentos estelares en forma de temas inolvidables, en esta ocasión la tónica dominante vendrá marcada por un equilibrio constante en la calidad y el estilo y es que durante un período muy concreto de la vida del de Tupelo, Don Robertson fue su autor favorito, sinónimo de un sonido que en años posteriores crearía escuela siendo punto de referencia ineludible de nuevos talentos.



Apuntes biográficos



Donald Irwing Robertson nació en Pekín (China) un cinco de diciembre de 1922, fruto de la relación entre un eminente doctor en medicina impulsor entre otros avances de los primeros bancos de sangre y de una madre pianista y poeta que a muy corta edad inició a su hijo en los entresijos de la música. Con esta influencia, a los cuatro años ya paseaba sus manos por las teclas de un piano y tres más tarde ya era capaz de componer algunas melodías.

Inicialmente trató de seguir los pasos de su padre en el ámbito de la medicina pero muy pronto sintió en su interior la llamada de la música que ocupaba un segundo plano en sus prioridades profesionales.

De esta manera a principios de la década de los cincuenta ya formaba parte del plantel de pianistas de ensayo de los estudios de la discográfica Capitol Records tocando ocasionalmente en alguna sesión de grabación.

A parte de estar familiarizado con otros instrumentos será precisamente con el piano y como intérprete del mismo con el que obtendrá fama y reconocimiento. Su contribución fundamental es la creación de un sonido fácilmente identificable denominado por los técnicos como “Slip-note” o también “Nashville piano”. Un mérito de alguna manera compartido y potenciado por la figura y buen hacer de un coetáneo suyo, Floyd Cramer que indudablemente y de forma individual merecería más de un capítulo a parte.

Sea como fuere, ellos dos son considerados los responsables directos de un sonido muy particular que sobre todo a inicios de la década de los sesenta se convirtió en todo un sello representativo de la música de Elvis Presley, básicamente en aquellos temas marcados por los medios tiempos y como no, las baladas.

A diferencia de otros compositores, Robertson sí tuvo contacto directo con Elvis y su longevidad lo ha ido apartando paulatinamente de los actos públicos dejando paso a la vida familiar.



Presley & Robertson



Para rememorar la primera vez en que Elvis Presley estableció contacto musical con Don Robertson hemos de remontarnos a marzo de 1956 cuando el cantante ya bajo la tutela de RCA estaba inmerso en la confección de lo que sería su histórico primer álbum, escogiendo y rebuscando entre todas las propuestas que le hacían llegar.

Curiosamente, cuando Robertson por entonces compositor en ciernes que gozaba de contrastada proyección, asalariado de Hill & Range se enteró de que una de sus creaciones, “I’m counting on you” no sería grabada por un artista de primera línea, mostró cierto disgusto que en poco tiempo se transformó en una sensación de triunfo.

Precisamente en este tema y debido a que la banda tenía ciertos problemas con las baladas fue el papel activo de Chet Atkins a la guitarra el que logró desatascar definitivamente la sesión.

La siguiente aportación de Don Robertson se produjo cinco años más tarde, en marzo de 1961, entre las míticas paredes del Studio B de Nashville durante las sesiones del fantástico, “Something for everybody”, para muchos el clímax vocal de Presley como cantante.

“There’s always me” fue la primera de las escogidas y en palabras del propio Elvis (“Esta es mi canción”), no tardó ni un minuto en sentirse plenamente identificado con la estructura marcada por un inicio nostálgico y coronada por un final memorable.

De segundo plato, “Starting today”, otra balada cargada de ternura y emotividad.

A partir de aquel instante, la presencia compositiva de Robertson pasó a formar parte de una especie de constante del entorno musical del Rey.

Tan solo unos días más tarde pero esta vez en Hollywood, ambos tendrían su primer contacto personal. El cantante invitó al compositor a la primera jornada de las grabaciones de la banda sonora de “Blue Hawaii” para la que Robertson había hecho en inglés una adaptación del clásico “La Paloma” bajo el título de “No more”.

La sensación fue de auténtica sorpresa quedando impresionado por la seriedad en el trabajo y por la perseverancia del intérprete en la reiterada búsqueda de la mejor toma alternativa.

Tres meses más tarde, de vuelta a Nashville, sería el turno de “I’m yours”, una de las canciones finalmente descartadas de “Blue Hawaii”. A pesar de la oposición del Coronel Parker que la quería reservar para una nueva entrega cinematográfica, Elvis decidió no esperar y fue incluida en el álbum “Pot Luck” destilando el mismo aroma que composiciones como “I love you because” o “Are you lonesome tonight?”.

A mediados de octubre del mismo año y en el mismo escenario le llegó el turno a la excelente “Anything that’s part of you”. Otra composición con el inconfundible sello de Don Robertson que contó además con la mágica presencia de Floyd Cramer al piano que siguiendo el patrón que Robertson había marcado en la demo original contribuyó de forma activa en la confección de la mejor cara “b” posible de un sencillo lleno de encanto como resultó “Good luck charm”.

La segunda aportación de Robertson en aquella fecha fue “I met her today”. Otra excelente balada que desgraciadamente fue aparcada en los archivos durante cuatro años hasta ser editada finalmente en el refrito “Elvis for everyone”.

En 1962 si Don Robertson no era el compositor favorito de Elvis sí que se contaba entre el elenco de sus preferidos. Otra vez en los estudios Radio Recorders de Hollywood y para inaugurar la sesión de los temas correspondientes a la banda sonora de “It happened at world’s fair” se escogieron dos de sus composiciones: “I’m falling in love tonight” y “They remind me too much of you”.

En esta ocasión, la presencia del propio compositor sentado al piano proporcionó la fuerza y la intensidad necesarias al material. Los nervios y reticencias iniciales fueron substituidos por una absoluta confianza una vez Elvis entonó sus primeras notas. Concretamente, la excelente comunicación y comunión entre ambos evitó que el segundo de los temas no fuera descartado después que alguien en el control sugiriera un cierto parecido de la melodía con “Chapel in the moonlight”.

Al finalizar la sesión, Elvis invitó a Robertson a su casa inaugurando así una serie de encuentros y visitas que se repetirían posteriormente en Hollywood, Bel Air o Las Vegas.

La siguiente sociedad Robertson – Presley sin abandonar la ciudad de los sueños la encontramos a principios de 1963. Acompañado del que sería su más fiel colaborador, Hal Blair, Don Robertson trabajó en dos temas que formarían parte del nuevo proyecto cinematográfico de Elvis, “Fun in Acapulco”. Ambos compositores visitarían incluso un “night club” español a la búsqueda de inspiración. El resultado: “I think I’m gonna like it here” y “Margherita”. Empapados de aires latinos aparcaron momentáneamente su particular estilo caracterizado por la presencia del dialogo entre piano y voz.

Sin abandonar 1963 pero esta vez de nuevo en Nashville le llegó el turno a un sencillo como “What now, what next, where to”, un tema descartado por Johnny Cash de ahí tal vez su aroma country, que pasó a formar parte del L.P “Double Trouble” como bonus track del repertorio de la banda sonora.

En la misma sesión se dio salida a una nueva balada, “Love me tonight”, que aun tendría tiempo de ser incluida en “Fun in Acapulco”. Cargada de pasión repetía una vez más la fórmula estructural quizá un poco fuera de la órbita de las tendencias musicales que se cocían por aquel entonces.

La guinda final de los encuentros musicales entre Elvis Presley y Don Robertson se produjo en junio de 1970 como no en Nashville. Durante la famosa y prolífica sesión en la que Elvis apostaba por un sonido country actual combinado con el soul y el rhythm & blues de Memphis se decidió a recuperar todo un clásico como “I really don’t want to know” que escrita en colaboración con Howard Barnes ya había sido todo un hit en 1954 en la voz de Eddy Arnold.

Haciendo una valoración objetiva, al tirar la vista atrás es evidente que en la relación musical Robertson / Presley no encontramos ningún número 1 como en el caso de Leiber / Stoller, Pomus / Shuman u Otis Blackwell pero es indudable que su importancia como baladista contribuyó activamente en la construcción de un estilo dotado de una calidad más que contrastada sobretodo en el contexto de la llamada “fórmula” que inexorablemente se imponía en las bandas sonoras de las películas no dejando margen para demasiadas florituras.       



Discografía y reconocimientos



Como intérprete y catalogado por el mismo como un desliz de juventud, Don Robertson obtuvo su primer hit en 1956 con la desenfadada “The happy whistler”.

Sus composiciones han sido recreadas por un sinfín de artistas destacando entre muchas el senzillo “Please help me I’m falling” en la voz de Hank Locklin en 1960.

Como músico de sesión colaboró con gente tan variopinta de la talla de Chet Atkins, Nat King Cole, Waylon Jennings, Ann Margret o Charlie Pride.

Desde 1972 su nombre forma parte del prestigioso “Song writers Hall of Fame” de Nashville y a título de curiosidad su canción “Pianjo”, escrita e interpretada por el mismo puede escucharse en los diferentes parques de atracciones que la factoría Disney tiene repartidos por todo el planeta.

A nivel discográfico “Bear Family” editó en agosto de 2003 el recopilatorio “...And then I wrote songs for Elvis”. Un disco que ofrece 26 composiciones interpretadas por el propio Robertson muchas de ellas en formato demo junto un interesante y extenso libreto ilustrativo de toda su trayectoria.





Jordi Prat ( Socio 1101)

DOC POMUS & MORT SHUMAN

 

¿Qué tal socios? Bienvenidos a la segunda entrega de nuestro repaso personal a la carrera musical de Elvis Presley desde el prisma de la composición. Si en el capítulo inicial nos centramos en Jerry Leiber y Mike Stoller, para una gran mayoría el mejor equipo de compositores que trabajaron con el Rey, para esta ocasión tenemos preparado un segundo plato digno también de las mejores cocinas. Nos referimos a Doc Pomus y Mort Shuman, responsables de algunos hits memorables y de una constante presidida por la calidad tan solo ensombrecida por cierta monotonía que acompañó al de Tupelo durante la década de los sesenta.



Apuntes biográficos



Nacido como Jerome Solon Felder el 27 de junio de 1925 en el barrio de Brooklyn (New York), la vida de Doc Pomus estuvo marcada por la fatalidad aunque nunca desistió su pasión por la música, ya fuera como intérprete o bien como autor.

Después de superar una poliomielitis infantil que le obligaba a desplazarse con muletas, la mala suerte se cebó de nuevo en él en forma de accidente condenándolo a una silla de ruedas, condición que le acompañó el resto de su vida.

Contaba que su pasión por el “Blues” surgió después de escuchar un disco de Big Joe Williams y ya durante la adolescencia trató de lanzar su carrera como intérprete del género ayudándose de sus muletas para mantenerse en los escenarios pero muy pronto se dio cuenta que el tema de la composición le podía reportar un mayor reconocimiento junto con mejores beneficios.

Por su parte, el pianista Mortimer Shuman, natural también del barrio de Brooklyn había venido al mundo una década más tarde, concretamente el 12 de noviembre de 1936.

Ambos vivieron de lleno el nacimiento y posterior explosión del “Rock ‘n’ Roll” de la segunda mitad de los cincuenta junto con la consolidación de lo que se catalogó como “Pop” ya en plenos sesenta.

Su espíritu inquieto y su formación musical les llevaron a coincidir en el mítico “Brill Building” de la ciudad de los rascacielos. En sus oficinas que pasarían a la posteridad como una de las factorías musicales más influyentes de la música popular del pasado siglo XX cimentaron su leyenda.

En 1958, asociados bajo la tutela del sello “Hill & Range” iniciaron una relación personal y profesional que se prolongó hasta 1965 y que les proporcionó éxito y prestigio hasta el punto de ser considerados toda una garantía para el afortunado cantante que pudiera beneficiarse de sus composiciones.

A la hora de trabajar, normalmente era Mort Shuman el encargado de elaborar la melodía mientras que en Pomus recaía la responsabilidad de la construcción de las letras adecuadas al estilo del destinatario y acordes con los tiempos y las tendencias del momento. A pesar de todo, en muchas ocasiones los méritos eran compartidos y en el caso de Doc Pomus su versatilidad le llevó a colaborar con otros compositores como Phil Spector o el mismo Jerry Leiber con el que firmaría en 1962 la magistral “She’s not you”, una canción que era pura dinamita y que el propio Elvis llevaría al Top 5 gracias a su tonada dulce y contagiosa.

Después de la llamada invasión británica, en pleno epicentro de los sesenta, la relación profesional entre ambos autores prácticamente finalizó sobretodo con la marcha de Mort Shuman al Reino Unido donde empezó a componer para artistas británicos. Más tarde, su inquietud lo trasladó a París donde trabajó con el rockero local Johnny Hallyday, adaptó al inglés las letras del compositor belga Jacques Brel y trató de relanzar su propia trayectoria como solista sin demasiada repercusión.

Finalmente y de una manera un tanto triste, los caprichos del destino se encargaron de “reunir” de nuevo al tandem de compositores ya que ambos nos dejaron en 1991 con un estrecho margen de diferencia. 



Elvis chante Doc Pomus & Mort Shuman



En el año 2000, el Club de fans de Elvis de Francia auspició la edición de un doble álbum que con este título pretendía recopilar los vínculos musicales entre el cantante y los dos compositores.

Un contacto que se inició en marzo de 1960 durante las sesiones de grabación del mítico “Elvis is back!”. Después de casi dos años sin pisar un estudio, un ansioso Elvis en mejor forma que nunca consolidaba su nueva forma de cantar bordando un “A mess of blues” cargado de “feeling”.

Un mes más tarde la siguiente aportación del dueto fue la balada “Doin’ the best I can” para la banda sonora de “G.I. Blues” en su primera incursión cinematográfica, inaugurando así una especie de tradición que requería la presencia de al menos una de sus composiciones en todas las películas del Rey.

A partir de 1961 la conexión musical Presley/ Pomus/ Shuman, se acentúa de una forma más que evidente y su aportación se verá recompensada con la producción de auténticas joyas. De las jornadas de grabación del álbum “Pot Luck” surgirán temas como “Kiss me quick”, cargada de aires latinos pero con espíritu Pop, “Gonna get back home somehow” con clara esencia roquera, “Suspicion” con un Elvis a pleno pulmón, “She’s not you” de la que ya hemos hablado unos párrafos antes, “I feel that I’ve know you forever o “Night rider” de la que con toda seguridad habrían podido sacar mayor rendimiento caso de no haber estado programada al final de una jornada agotadora.

Mención a parte merecen “(Marie’s the name of) His latest flame” y “Little sister”. Cara A y B respectivamente de uno de los mejores singles de la discografía de Presley. “His latest flame” desde un primer momento encantó a Elvis e inicialmente decidieron darle un trato basado en el sonido de las congas y las guitarras acústicas tratando de acercarse al típico ritmo creado por Bo Diddley. En cuanto a “Little sister” ya de todos es conocida la anécdota de que el guitarrista Hank Garland tenía contrato con Gibson pero necesitaban el sonido de una Fender para acabar dando forma a otro clásico con un ritmo totalmente diferente al que había pensado originalmente Mort Shuman.

En 1963 llega el turno para un tema trepidante como “(It’s a) Long lonely highway”, típico del sonido Nashville del Studio B de la RCA. Aunque se incluyó en el álbum de “Kissin’ cousins” no formaba parte de su banda sonora sino que apareció en calidad de “bonus track”.

Unos meses más tarde llegaba la consagración definitiva en la colaboración entre compositores y cantante con la irrupción del tema “Viva Las Vegas”. Un sencillo que acabó dando título a la película a parte de mostrar toda su capacidad de síntesis, melodía y tratamiento del texto en poco más de dos minutos.

Décadas después, el sello “Follow that dream” nos descubría una deliciosa primera toma inacabada con mayor protagonismo del piano de Floyd Cramer y su inconfundible estilo y buen hacer que para muchos hubiera podido ser una seria alternativa caso de haber profundizado en ella. Tampoco podemos pasar por alto el papel de la balada “I need somebody to lean on”. Un excelente retrato de la desolación de la noche con ligeras reminiscencias del estilo de Sinatra con aroma de “Blues”.

En definitiva, hablamos de un tema que ya es todo un himno de la ciudad del juego y que tanto para Elvis como para el tandem Pomus y Shuman supuso una especie de ave fénix de su relación musical.

A partir de aquel instante continuaron las aportaciones puntuales en las bandas sonoras del cantante pero ya fuera por la calidad de los guiones cinematográficos o bien por cierta tendencia a la reiteración, la verdad es que ninguna de ellas no obtuvo ni la repercusión ni el éxito de las anteriores.

“Girl Happy” en 1964, “What every woman lives for” de “Frankie and Johnny” en 1965, “Never say yes” de “Spinout” y “Double trouble” en 1966 marcan la recta final de sus colaboraciones. De forma excepcional, Elvis tan solo volvió a ellos en 1969 al incluir el tema “You’ll think of me” durante las sesiones en los American Studios y que finalmente se editaría como cara B de la mítica “Suspicious Minds”.

Punto final a una relación musical de casi una década con un balance cercano a la veintena de canciones algunas de ellas inmortales y con derecho a capítulo a parte en la biografía del cantante.

El eco de Pomus y Shuman en la voz de Elvis Presley sólo se podría escuchar de una forma no demasiado frecuente al inicio de los setenta en su largo periplo por la ciudad de Las Vegas al incluir un “medley” de “Little sister” y el “Get back” de los Beatles en algunas de sus actuaciones sobretodo en los comienzos de su espectacular regreso.



Relación personal con Elvis



Quizá sea este el capítulo más curioso del reportaje de hoy. Mortimer Shuman no conoció jamás de forma personal a Elvis Presley. El caso de Doc Pomus tiene un componente añadido.

A principios de los sesenta, durante una sesión de grabación , el cantante llamó al compositor para aclarar algunas dudas y Pomus habló con él sin saber realmente quien era su interlocutor.

Años más tarde, el mismo Pomus quería poner fin a este sin sentido de incomunicación y en 1974 trató de contactar con él durante una de sus tandas programadas en el Hilton pero Elvis ya “había abandonado el edificio” y tan solo pudo encontrarse con su padre, Vernon. Finalmente, tres años después, Elvis y Doc pusieron fecha a su reunión definitiva pero desgraciadamente la muerte del Rey una semana antes cerró categóricamente las puertas a su anhelado encuentro.



Discografía y Reconocimientos



Doc Pomus, a parte de ser miembro reconocido del “Blues Hall of Fame” lo es también desde 1992 del “Rock ‘n’ Roll Hall of Fame” y del “Songwriters Hall of Fame”.

Entre otros éxitos del dueto podemos destacar temas como “Lonely avenue” de Ray Charles (1956), “A teenager in love” de Dion and the Belmonts (1959), “Save the last dance for me” de Ben E. King (1960) o “Sweets for my sweet” de The Drifters (1961).

Sus canciones han sido interpretadas por gente tan diversa como Willy Deville, Charlie Rich, Ruth Brown, Dr John, Irma Thomas, Andy Williams o Marianne Faithful.

En clave de homenaje, en 1995 “Rhino” editó un álbum titulado “Til the night is gone” con canciones de Doc Pomus versionadas por artistas como Bob Dylan, Brian Wilson, Los Lobos, John Hiatt, B.B. King o Lou Reed.

A nivel recopilatorio, tres temporadas atrás, “Ace” lanzó al mercado “The Pomus & Shuman Story: Double trouble 1956-57” dónde como curiosidad Elvis interpretaba el sencillo “Double Trouble” y Lavern Baker llevaba a cabo su particular lectura del “Little sister” bajo el título de “Hey Memphis”.

Después de Jerry Leiber y Mike Stoller, Doc Pomus y Mort Shuman son evidentemente la pareja de compositores más ilustres que aportaron canciones a la carrera de Elvis Presley. Si bien es cierto que no fue en la etapa más creativa y rompedora del cantante si que lo fue sin lugar a dudas durante los años en que gozaba plenamente de su mejor técnica y condición vocal. 

 







Jordi Prat ( Socio 1101)

OTIS BLACKWELL

 

¡Saludos! Bienvenidos a un nuevo capítulo dedicado a los principales compositores que trabajaron para Elvis que iniciamos hace un par de entregas. Si en las dos anteriores los tandems de creadores fueron los protagonistas, en esta ocasión el mérito absoluto recae sólo en un individuo. Igualmente, si en los reportajes precedentes se conjugaban en equilibradas proporciones cantidad y calidad, esta vez la calidad concentrada predomina sobre la cantidad de una forma más que ostensible aunque no por ello en ningún caso merezca un tratamiento menor. Al contrario, la aportación de un personaje como Otis Blackwell resultó fundamental en el desarrollo musical y creativo de un joven Elvis Presley todavía en formación e inmerso en un contexto musical susceptible a influencias y cambios constantes



Pincelada biográfica



Otis Blackwell nació un 16 de febrero de 1932 en Brooklyn (New York). Desde muy pequeño aprendió a tocar el piano y creció escuchando Rhythm & Blues y Country & Western. Un estilo, este último no muy en consonancia con un joven de color de su época pero la pasión por las películas del género que vivía su mejor momento y las canciones que en ellas aparecían se erigían en reclamo ineludible para un creador con ganas de innovar.

La primera publicación de Blackwell fue el tema “Daddy Rolling Stone” que se convirtió en todo un éxito en Jamaica en la voz de Derek Martin aunque su primer hit oficial llegó en 1956 cuando el cantante de Rhythm & Blues, Little Willie John publicó “Fever”. Una canción escrita en colaboración con Eddie Cooley y firmada por Blackwell bajo el pseudónimo de John Davenport que aún obtuvo mayor repercusión con la lectura más cercana al Pop que de ella hizo Peggy Lee. Poco después iniciaría su peculiar relación con Elvis Presley.

Muchos años más tarde en una aparición en el show de David Letterman confesó lo que en algunos círculos era un secreto a voces, que nunca conoció personalmente al de Tupelo.

Existen dos explicaciones al respecto. La que podríamos calificar de oficial y que hace referencia a que el propio Otis creía que un encuentro cara a cara podría romper la química e incluso ser portador de mala suerte. De hecho, llegó a renunciar a participar en el rodaje de “Girls! Girls! Girls!” para el cual había sido invitado y una segunda con un matiz más oficioso que culpa al Coronel Parker y a su obsesión por mantener aislado a su pupilo de las influencias externas junto con el propio carácter introvertido del mismo Elvis no muy proclive a este tipo de encuentros en aquellos años.

De cualquier manera, fue Otis Blackwell quien mostró a Elvis la manera tan personal de entonar y vocalizar en composiciones como “Don’t be cruel” ya que sus propias “demos” eran las que servían de pauta inicial.

La carrera de Blackwell como compositor va más allá de las 2.000 canciones en himnos destacados como “Great Balls of Fire” y “Breathless” para la voz de Jerry Lee Lewis o “Heartbreak hill”de Fats Domino sin olvidar que artistas de la talla de Ray Charles, Otis Redding, James Brown, Carl Perkins o Billy Joel han ilustrado su extenso catálogo.

Blackwell continuó trabajando, escribiendo y grabando música hasta bien entrada la década de los ’80. Su versatilidad incluso como productor lo llevó a experimentar con diversos géneros llegando a producir un álbum para la reina del Gospel, Mahalia Jackson.

En 1991 sufrió un ataque de apoplejía que lo dejó medio paralizado y lo obligó a retirarse paulatinamente de la escena musical hasta su fallecimiento víctima de un ataque al corazón el 6 de mayo de 2002 en la localidad de Nashville (Tennessee) donde fue enterrado.



Presley & Blackwell



El primer contacto musical entre ambos se produjo a principios de julio de 1956. Después de una de sus apariciones televisivas y antes de regresar a Memphis, Elvis entraba en los estudios de la RCA en New York para iniciar una sesión cuyas fotografías testimoniales revelan a un cantante todavía con el pelo rubio, cargado de ilusión, alegría y de frescura.

Presley admiraba al intérprete, pianista y compositor, por eso cuando le propusieron un tema como “Don’t be cruel”, rápidamente se enamoró de él. Aunque trabajaron en el sencillo más de dos docenas de tomas pronto se dieron cuenta de que tenían una auténtica joya entre manos. Tras el arpegio inicial de Scotty Moore, Elvis giró la guitarra creando una percusión y una atmósfera vinculada nunca antes escuchada. El resultado final, uno de los mejores singles de su carrera dado que “Hound dog” fue la elegida para la cara “b” del mismo.

Una par de meses después, inmerso en la elaboración del repertorio de su segundo álbum, el tema escogido fue “Paralyzed”. Una composición con una estructura musical muy similar a “Don’t be cruel”, con el ritmo característico y contagioso con el que los jóvenes de la época parecían enloquecer.

Días más tarde en la actuación del “Toast of the Town” de Ed Sullivan, conducido por el actor Charles Laughton debido a que el presentador estaba convaleciente de un accidente de coche, Elvis estrenó en televisión “Don’t be cruel”.

En diciembre del mismo año durante la mítica sesión del “Million Dollar Quartet” en los estudios de la Sun, el Rey transmitía algo más que interés en la interpretación de “Don’t be cruel” y “Paralyzed”.

Ya en enero de 1957, Elvis Presley grabaría en los estudios de la RCA en Hollywood el que posiblemente sea el tema más popular de su relación con Otis Blackwell, “All shook up”. Con una irresistible tonada y una melodía igualmente pegajosa, Elvis volvía a golpear el dorso de su guitarra creando una sonoridad que tal vez se convertiría en una especie de denominación de origen para las composiciones de Blackwell.

Superado su paréntesis militar y con unas ganas locas de volver a grabar, las sesiones del sensacional “Elvis is back!” se iniciaron con “Make me know it”, una nueva aportación del compositor de Brooklyn en quien Elvis creía ciegamente hasta el punto de apostar por una particular versión de “Fever” en la que prácticamente sin instrumentación añadida se ponía de manifiesto su excelente dominio vocal.

Un par de temporadas después, en 1962 y ya firmando sus temas con Winfield Scott, uno de sus colaboradores habituales, Blackwell cedía un sencillo como “(Such an) easy question”, un medio tiempo Pop con aires de Blues que formaría parte del contenido del álbum “Pot Luck”.

Ese mismo año, Blackwell y Scott trabajarían en la banda sonora de la película “Girls! Girls! Girls!”. Si bien el tema que daba título al largometraje fue rechazado, sí se incluyó en ella una composición como “We’re comin’ in loaded” junto con “Return to sender”, otro de los grandes himnos de Presley en la década de los ’60.

Para finalizar tan fructífero ejercicio, durante las sesiones de grabación de la banda sonora de “It happened at the world’s fair”, aunque el resultado no fue el mismo, Elvis buscaría en la nueva aportación en formato de single de Blackwell / Scott, “One broken Heart for sale” la misma fórmula y tratamiento que se había obtenido con “Return to sender” añadiéndole incluso un ligero toque al estilo vocal de Jackie Wilson.

Oficialmente, a nivel discográfico, la colaboración entre compositor y cantante se cerró en 1963 con el tema “Please don’t drag that string around” que parecía recrear antiguas fórmulas y que se editaría como cara “b” del hechizante “(You’re the) devil in disguise”.

Un año más tarde, el 3 de marzo de 1964, Elvis grabó el tema “(I’m a) Roustabout” para la cabecera de su nuevo proyecto cinematográfico. Finalmente fue descartado en beneficio de otra propuesta firmada por el equipo Giant / Baum / Kaye, durmiendo un olvidado letargo cercano a las cuatro décadas en los baúles particulares de Winfield Scott. Gracias a la tenacidad de Ernst Jorgensen vio la luz como canción inédita y como un auténtico regalo para los fans al ser incluido como “bonus track” en el recopilatorio de 2003, “Elvis 2nd to none”. ¡Sorpresas te da la vida!

A lo largo de los ’70, el cancionero de Otis Blackwell siguió muy presente en el tintero de Elvis Presley. Rara era la vez en la que no había un hueco para recordar “All shook up” aunque fuera en un formato más breve, acelerado y adaptado a las circunstancias del directo y a los nuevos tiempos, eso sin olvidar a “Don’t be cruel” que en innumerables ocasiones irrumpía en forma de “medley” al lado de otro de sus éxitos, “(Let me be your) Teddy bear”.

Un balance total de once canciones de las que destacan dos Nº 1 y de las que al menos tres están siempre presentes en más del 90% de cualquier recopilación que se precie. Un mérito difícilmente alcanzable del que muy pocos pueden presumir.  



Discografía, homenajes y reconocimientos



Otis Blackwell es desde 1991 miembro reconocido del prestigioso “Songwriters Hall of Fame”.

Existen diversos discos que recopilan la obra de Otis como cantante y compositor pero recientemente la discográfica independiente, “Floridita Records” lanzó al mercado “When you’re around”. Un álbum que aglutina 22 temas originales extraídos de sus singles, sus pocos L.P’s y alguna vieja “demo”, comprendiendo un período que abarca desde mediados de los ’50 hasta 1962. Entre esas composiciones encontramos baladas, Rhythm & Blues y poderoso Rock ‘n’ Roll con curiosidades como el tratamiento personal de la voz en “All shook up” refirmando la disyuntiva de quien influyó a quien.

Por otro lado, en 1994 se editaba “Brace yourself: A tribute to Otis Blackwell”. Un trabajo con quince cortes con personalidades tan diversas como Graham Parker (“Paralyzed”), Ronnie Spector (“Brace yourself”), Debby Harry (“Don’t be cruel”), Willy Deville (“Daddy Rolling Stone”) y con mención especial a las deliciosas versiones de Dave Edmunds (“Return to sender”) y Kris Kristoferson (“All shook up”).

En definitiva, un pequeño reconocimiento al que está considerado uno de los grandes compositores del Rhythm & Blues con un estilo y un sello personal comparable al que proporcionaron gente como Leiber & Stoller, Willie Dixon o el mismo Chuck Berry.







Jordi Prat ( Socio 1101)

JERRY LEIBER & MIKE STOLLER

 

¡Saludos a todos los socios y amigos del Club! Iniciamos hoy un nuevo recorrido por la versátil carrera de Elvis Presley desde el particular punto de vista de la composición. A lo largo de diversas entregas trataremos de analizar las figuras de los compositores que trabajaron con el Rey o le proporcionaron material de una forma premeditada o casual durante su trayectoria. Su vida, su relación personal y su aportación musical serán los pilares de los diferentes reportajes con los matices que cada uno de ellos merezca.

De una forma cronológica y tal vez también desde un punto de vista de relevancia no podía ser de otra manera. Nuestros primeros protagonistas son Jerry Leiber y Mike Stoller, para muchos, el mejor tandem de colaboradores que trabajó con Elvis.



Los inicios



Jerome “Jerry” Leiber nació el 25 de abril de 1933 en un pequeño suburbio de la ciudad de Baltimore mientras que su tocayo Mike Stoller vino al mundo unos días antes, concretamente el 13 de marzo del mismo año en la localidad de Long Island. Ambos se conocieron en la ciudad de Los Angeles en plena década de los cincuenta cuando la música y la cultura en general vivían una época de asombrosa y prolífica ebullición. Fue su amor, estima y pasión por el Blues y el Rhythm ‘n’ Blues lo que les llevó a entablar una fuerte amistad y a ingeniar proyectos y composiciones que les permitieran entrar a formar parte del por aquel entonces prometedor negocio musical.

Jimmy Witherspoon, fue el encargado de grabar su primer tema comercializado oficialmente, “Real ugly woman” pero su primer hit importante llegó con “Hard times” a cargo de Charles Brown en 1952. Un año después, no exenta de polémica, llegaría “Hound Dog”. Una canción escrita en colaboración y para la cantante de Blues, Big Mama Thornton, que no guardó un buen recuerdo de su relación con el dúo de creadores. Big Mama jamás consiguió cobrar un solo centavo por los derechos de autor ya que Jerry y Mike se las apañaron para demostrar ante los tribunales que ellos eran los auténticos padres del futuro himno del Rock ‘n’ Roll. Según ella, Leiber y Stoller sólo aportaron unos pocos versos al total de la pieza y le pagaron 500 dólares por su contribución a un éxito que en 1970 ya había recaudado más de dos millones.

Litigios a parte, a Elvis le llamó la atención la versión que en 1955 publicaron Freddy Bell and the Bellboys. Incluso sin haberla grabado oficialmente en julio de 1956, ya la había estrenado un mes antes en la aparición televisiva del “Milton Berle Show” y refrendó su adopción personal a su repertorio en el show de Steve Allen.

Con toda su fuerza y potencial fue escogida como cara b del single “Don’t be cruel” en una decisión comercial más que discutible. Se iniciaba así, una relación que de forma directa o indirecta se mantendría a lo largo de toda la carrera del de Tupelo.



Elvis sings Leiber & Stoller



El siguiente tema de la factoría “Leiber & Stoller” que atacó Elvis fue el sencillo “Love me”. Un tema escrito como una especie de parodia de la música country en 1954 y grabado sin demasiada repercusión por el dúo Willie and Ruth. En la voz de Presley se convirtió rápidamente en todo un clásico que vio la luz formando parte de su segundo L.P titulado simplemente “Elvis”.

Poco después, compositores y cantante iniciaron su particular singladura por el universo de la bandas sonoras. “Loving you”, a inicios de 1957 fue la primera de ellas y la canción que daba título al film junto con el sencillo “Hot dog” fueron de hecho las primeras canciones pensadas y escritas para Elvis Presley. Meses más tarde llegaría la consagración con la publicación y el estreno de “Jailhouse Rock” que además del tema estrella de la película ofrecía perlas como “Treat me nice”, “I want to be free” o “Baby I don’t care”. Como curiosidad, la pareja de compositores aparecían en algunas escenas musicales de la película acompañando a Presley y a su grupo de músicos habituales.

Sin abandonar 1957, el prolífico dueto todavía tubo tiempo de firmar un maravilloso single como “Don’t”, moldeado a medida para la voz y lucimiento de Elvis y cerrar el magnífico año con la creación de un original villancico a ritmo de Blues, “Santa Claus is back in town” que formaría parte de su primer álbum navideño, “Elvis´ Christmas Album”.

La temporada siguiente, 1958, mantuvo el mismo nivel de calidad y compromiso reflejado en la banda sonora de “King Creole”, para la mayoría la mejor película de Presley que contó con joyas musicales como la que finalmente bautizó al film, la rompedora “Trouble” o la intimista “Steadfast, loyal & true”. Después vendría el inevitable paréntesis militar del cantante y a su regreso las cosas ya no volverían a ser lo mismo en ningún aspecto.

En 1960, durante las sesiones de grabación de “Elvis is back!”, una vez finalizadas sus obligaciones patrióticas, Presley recuperó el tema “Dirty dirty feeling” del dúo de creadores que había quedado fuera de la selección final de la banda sonora de “King Creole”. Fue precisamente durante estas sesiones cuando Jerry Leiber sugirió al ilusionado cantante ideas sobre nuevos proyectos cinematográficos y musicales mucho más enriquecedores artísticamente hablando que los que le presentaban por los canales habituales. Para el Coronel Parker, aquella fue la gota que colmó el vaso de la intromisión profesional sobre su pupilo y con su “savoir faire” característico dio por finiquitada su relación con los compositores, los cuales nunca habían sido santo de su particular devoción.

A partir de aquel instante, con la excepción de la explosiva y dinámica “She’s not you” de 1962, escrita conjuntamente con el gran Doc Pomus, Jerry Leiber y Mike Stoller no volverían a componer una canción para Elvis Presley.

De cualquier manera, el Rey siguió interpretando y adaptando a su estilo temas que la pareja componía para otros intérpretes como es el caso de “Girls! Girls! Girls!”, “Bossa nova baby”, “Little Egypt”, “Saved” o años más tarde “If you don’t come back” o “Three corn patches”.

 En total fueron más de veinte canciones con estilos tan variados como el Blues, el Gospel, el Pop, el Rock ‘n’ Roll o el Jazz. Aportaron su sello inconfundible en la confección de seis bandas sonoras y contribuyeron a que llegara en cuatro ocasiones al número uno de las listas de sencillos. De hecho, Elvis siempre contó con Leiber y Stoller hasta el final de su carrera y resulta extraño encontrar una actuación donde no hubiera espacio para alguna de sus composiciones con especial predilección por “Hound Dog” o “Love me” ya fuera de forma completa, abreviada o formando parte de alguno de sus originales “medleys”.



Aportación musical



A parte de la relación personal con Elvis Presley a quien en el ámbito musical supieron comprender como nadie, Jerry Leiber y Mike Stoller por su meticulosidad y creatividad en los campos de la composición y la producción proporcionaron una nueva perspectiva a numerosos artistas sin obviar que consiguieron erigirse como referencia e influencia de gente tan variopinta como los mismos Beatles, Gerry Goffin y Carole King sin dejar de banda factorías como la mismísima “Motown”. Todos ellos de alguna manera herederos de su particular huella musical.

Creadores de hits inolvidables como “Stand by me” (junto a Ben E. King), “Yakety yak” o “Kansas City” también contribuyeron al afianzamiento de las nuevas discográficas con espíritu independiente con la fundación de sellos como “Spare Records” en 1953 o “Red Bird Records” a principios de los sesenta.

La lista de intérpretes que han gravado en alguna ocasión temas suyos es tan extensa que necesitaríamos más de un ejemplar de nuestra revista para enumerarlos a todos:

Ben E. King, Peggy Lee, Lavern Baker, Ruth Brown, The Drifters, The Coasters, Roy Hamilton, Tom Jones, Paul Mc Cartney, Little Richard, Fats Domino, The Beatles, The Rolling Stones, Johnny Cash o Trini Lopez son tan solo una pequeña representación.



Discografía y Reconocimientos



Junto a la obtención de diversos premios Grammy, Jerry Leiber y Mike Stoller forman parte ya de la leyenda al ser miembros del prestigioso “Songwriters Hall of Fame” desde 1985. Un par de años más tarde fue el “Rock and Roll Hall of Fame” quien les abría sus puertas sin olvidar al famoso “Hollywood Walk of Fame” que también les rendía tributo dedicándoles una de sus preciadas estrellas.

A nivel discográfico existen diversos recopilatorios que acunan buena parte de su extenso catálogo como son los tres volúmenes que repasan su carrera desde 1951 hasta 1969. Por su parte, RCA, a principios de los noventa editó el mítico álbum “Elvis sings Leiber & Stoller” ilustrado con la famosa portada de los compositores y el cantante leyendo la partitura de “Jailhouse Rock” y con veinte canciones de su repertorio común.

Por último, a nivel de imagen destacar un DVD editado el año 2001 que bajo el título de “A tribute to Leiber & Stoller” recoge un show registrado en Londres con artistas como Tom Jones (“Jailhouse Rock”), David Gilmour (“Don’t”), Sam Brown (“Saved”), Ben E. King (“Stand by me”) o Steve Harley (“Love me”), rindiendo un merecido y emotivo homenaje a tan ilustre dúo de compositores, fundamentales en la evolución de la música popular del siglo XX.

 







Jordi Prat ( Socio 1101)

ELVIS: 30 ANIVERSARIO

 

Saludos,



Ya han pasado treinta años y el recuerdo sigue más vivo que nunca para todos aquellos que nos sentimos atraídos por su música. No entraré a valorar lo que significa Elvis para todo fan porqué sería reiterativo incidir en unos vínculos que tan solo el que los siente en su interior sabe perfectamente a que me refiero en instantes como atravesar las puertas de Graceland.

Desde un punto de vista sociológico es difícil que se vuelvan a producir las circunstancias ambientales, antropológicas y musicales propicias para que aparezca un fenómeno como el de Elvis Presley siempre teniendo en cuenta un contexto de música popular que sin pecar de arrogancia lleva cerca de dos décadas sin aportar una pizca de originalidad repitiendo clichés cíclicos de “revivals” agotados.



Si bien es cierto que el ser humano tiende a ridiculizar o desmitificar todo aquello que desconoce ya va siendo hora de que en este país se reclame un poco de seriedad o quizá profesionalidad por parte de la llamada “prensa especializada” que no se molesta ni siquiera en contrastar la información cuando no trata al público interesado en el rock como retrasados o adolescentes carentes de un mínimo de capacidad intelectual.

Toda esta parrafada es simplemente para hacer una sencilla valoración de que ha supuesto la noticia del 30 aniversario y su seguimiento en la prensa escrita.

Dejando a un lado la rigurosidad de un periodista como Diego A. Manrique que en las páginas de “El País” dejaba constancia de su oficio y originalidad sobre todo al escoger el material gráfico de soporte, un servidor ha recopilado auténticas estupideces de las cuales selecciono las aparecidas en el diario “Avui”. En ellas he podido leer frivolidades como que a menudo los Beatles visitaban a Elvis para hablar de música, que editó 75 álbumes de estudio o que obtuvo 14 premios “Grammy” a lo largo de su carrera. Esto dejando a un lado los errores que quiero considerar de imprenta del tipo situar la localidad de Tupelo en el estado de Missouri.

Una vez más, ¡qué pena!...



Es lógico que una personalidad como la de Elvis llame más la atención por sus extravagancias personales y por su vida desenfrenada pero particularmente a mi siempre me ha motivado mucho más su relación con la música. En este aspecto es maravilloso disponer de un libro como “A Life in Music” de Ernst Jorgensen donde de forma minuciosa se analiza en profundidad su pasión por la música evidenciando su excelente vocación de productor (cuando aún no se había ni inventado esta figura), su extraordinaria faceta de arreglista sin olvidar su obstinada profesionalidad en el afán de encontrar siempre el sonido perfecto y la toma más cercana a la que tenia en su cabeza. Para muestra, las páginas del mencionado libro y cualquier grabación de estudio bajo la supervisión del mismo autor en el sello “Follow that Dream”.

La popularidad de un personaje público de su repercusión no otorga licencia a cualquiera para escribir todo tipo de sandeces con el único objetivo de vender papel sin conocimiento completo de causa y sin tener en cuenta las circunstancias y el contexto particular. En el caso de Elvis Presley y en nuestras latitudes, lamentablemente, la balanza siempre se ha inclinado hacia el lado de su privacidad que a diferencia del aspecto profesional poco puede aportar de nuevo que no se haya dicho anteriormente.



Ya para ir terminando y sin ánimo de ser pesado me gustaría invitar a todo fan a que diera rienda suelta a la fantasía en una especie de sección o ejercicio que supondría imaginar a Elvis con nosotros estas tres últimas décadas en lo que me permito el lujo de titular con todo mi respeto : “If I can dream”

Personalmente quiero pensar que de haber contado con su presencia el primer deseo sería verlo desvinculado de las garras del Coronel para poder gozar de libertad absoluta y dar forma a sus inquietudes musicales. Más allá de algún inevitable e insufrible álbum de duetos y colaboraciones fruto de obligaciones mercantiles quiero pensar en un Elvis envejeciendo musicalmente con dignidad y profundizando en discos de blues, folk, country o de su estimado gospel.

La guinda la podría poner entrar en contacto con un productor como Rick Rubin y que hiciera con él, el tratamiento que tuvo en los noventa Johnny Cash y la serie de las llamadas “American Recordings” o más recientemente el álbum de Neil Diamond, “12 Songs”. Sencillamente, música.



En fin, no es ningún consuelo, pero de todas maneras la sombra del Rey sigue siendo alargada y apareciendo como  referencia en películas, historias y sobre todo canciones: “Back to Tupelo” (Mark Knopfler), “Elvis Presley blues” (Gillian Welch), “Looking for Elvis” (Patti Scialfa), “Mystery train part II” (Steve Earle), “Boy from Tupelo” (Emmylou Harris), “A room at the Heartbreak hotel” (U2)...

Hay quien mantiene que las casualidades no existen, pero casualidad o no, todas las canciones en las que él es el eje principal o la fuente de inspiración son preciosas.

En definitiva que soñar de momento es gratis y siempre permite llegar allí donde el ser humano no es capaz de hacerlo mientras haya una canción.



Un abrazo para todos los miembros del Club.



Jordi Prat ( Socio 1101)

GRACELAND

¡Saludos, fans y “Elvismaníacos” del Club! Con el capítulo de hoy damos por finalizado nuestro particular repaso a los centros y estudios de grabación que albergaron la figura musical de Elvis Presley. De una forma cronológica, no podía ser de otra manera, la última estación del viaje es la vuelta al hogar, “Graceland”.

Actualmente para la mayoría de seguidores el hecho de llegar a Graceland, sobre todo si es por primera vez, se convierte de forma metafórica en la culminación exitosa de un peregrinaje hacia la tierra prometida. Para Elvis, el regresar a casa era casi siempre sinónimo de descanso, refugio, protección y algo de intimidad. Unas sensaciones que más allá de su situación personal le llevaron incluso a tratar de adaptar su vivienda a sus necesidades profesionales convirtiéndola en la mejor medida de lo posible en unos nuevos estudios donde prolongar su actividad contractual.

De cualquier forma, al valorar su trayectoria vemos que una utilización del entorno particular y con esta finalidad ya contó con un par de precedentes de importancia significativa que a continuación analizamos.





Antecedentes



Como en casi todo lo referente al negocio musical, mal que le pese a algunos, Elvis fué el primero y pionero en experimentar nuevas fórmulas, algunas veces de forma premeditada y en algunos casos de una manera totalmente espontánea.

La utilización comercial de grabaciones “caseras” o “personales” será en un futuro un elemento más de innovación y la simiente la encontramos en la mítica sesión del “Million Dollar Quartet”.

Corría el 4 de diciembre de 1956 y Elvis ya totalmente inmerso en la vorágine y promoción de una discográfica de ámbito nacional decidía hacer una parada de cortesía en los estudios de la Sun mientras regresaba a su ciudad de adopción y visitaba a aquellos que le lanzaron a la popularidad y contribuyeron de forma activa y fundamental a su formación como fenómeno musical de masas.

Aquella tarde de otoño y seguramente en conjunción con los astros, Presley coincidía con otros futuros mitos y el resultado gracias una vez más al avispado Sam Phillips que sabía poner en marcha las bovinas en el momento oportuno, era todo un cóctel de música fiel reflejo de las diversas influencias que les habían marcado desde la infancia. Figuras como Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y el propio Elvis daban rienda suelta a sus preferencias y referencias en un ambiente de total distensión, cargados de fuerza, ilusión y frescura.

¿El resultado? Poder asistir casi de forma clandestina a una fantástica puerta al pasado que no deja de ofrecer nuevos detalles y pequeños matices en cada escucha.

  

Años más tarde, en octubre de 1973 Elvis Presley sufría el segundo shock emocional importante de su vida después de la muerte de su madre y es que el día 9 se hacía oficial la sentencia de divorcio entre el cantante y su esposa Priscilla.

Unas semanas antes, el 22 y 23 de septiembre, RCA, enviaba equipo y material a la mansión que el de Tupelo tenía en Palm Springs con el objetivo de finiquitar un par de piezas necesarias para completar el nuevo álbum en cartera, “Raised on Rock”. El balance final fueron: “I miss you” y “Are you sincere”, muy en la línea melódica de aquella época con un resultado comercial también muy por debajo de los niveles de antaño.



Memphis 1976



Habiendo dejado atrás retos como el “Aloha from Hawai”, actuar en su ciudad residencial y las innumerables, monótonas y reiteradas tandas de conciertos en Las Vegas, pocos eran los estímulos que despertaban el interés del músico. Además, su salud y su estado de ánimo eran más que vulnerables. Elvis estaba harto de representar el papel de Elvis Presley y en consecuencia su entorno y su vida encontraban proyección en su música. Planificar una sesión de estudio y pretender que el Rey cumpliera con los horarios, repertorio, compromisos y obligaciones se había convertido en poco menos que una quimera. ¿Solución? Si el profeta no iba a la montaña sería la montaña la que se trasladaría al hogar del profeta.

De esta manera, RCA, ideó el montaje de un estudio móvil entre los muros de Graceland y más en concreto en la mítica “Jungle Room”. Enviando un camión que haría las veces de receptor en el exterior de la propiedad y solucionando de la manera más eficiente posible los problemas acústicos que las paredes y su material ofrecían, las primeras sesiones fueron programadas para los inicios del mes de febrero.

El equipo de músicos estaría formado por el habitual de aquellos años. Gente del calibre de James Burton, Jerry Scheff, Glen D. Hardin, Norbert Putnam, John Wilkinson, Ronnie Tutt...

La primera noche resultó prometedora capturando tres temas. El Elvis actual mostraba su talento en cuentagotas y de esta forma había que administrarlo. La concentración y la dedicación de otros años habían dado paso a una actitud de total resignación que en ocasiones rayaba incluso el tedio.

Lo más destacable de aquellas sesiones tal vez sea el peculiar sonido que de ellas se obtuvo y que los fans no pudieron apreciar con total autenticidad hasta la publicación de “The Jungle Room Sessions” por parte del sello “Follow that dream”. Hay quien sostiene la teoría de que fue la moqueta instalada la que proporcionó la particular sonoridad de aquellos temas. Lo cierto es que al añadir pistas y mezclas posteriores, la frescura y poca espontaneidad que desprendían las grabaciones, quedaron totalmente eclipsadas y difuminadas en un esfuerzo bien intencionado de ocultar otras flaquezas.

Así, de la tanda inicial surgieron temas como: “She thinks I still care”, “The last farewell”, “Moody blue”, “For the heart” y la nostálgica “Blue eyes crying in the rain”. El sencillo que un servidor ha escogido para subtitular este reportaje quizás por ser la canción que según cuentan fue la última que Elvis ensayó al piano antes de iniciar su particular y solitario viaje hacia la tierra de los mitos.

Unos meses más tarde, en octubre del mismo año, una nueva sesión fue programada en la mansión del cantante. Un par de jornadas que aún contando con un Elvis de buen humor solamente produjeron cuatro temas de los cuales el último, “He’ll have to go” se mostró un tanto premonitorio sobre su futuro personal.

De todo el material obtenido en ambas citas se lanzaron al mercado al margen de los preceptivos singles, dos álbumes: “From Elvis Presley Boulevard” y el último con material en estudio, “Moody blue”.

Elvis Presley no volvería a pisar nunca más al menos de forma terrenal un estudio de grabación. Poco después de su muerte fue sacado a la venta un directo que recogía momentos de sus últimas actuaciones y a partir de entonces infinidad de recopilatorios de toda índole se han ido sucediendo a través de los años manteniendo vivo el recuerdo del artista y su legado musical.

Espero que el recorrido que hemos hecho a lo largo de estas entregas por los centros de grabación que tuvieron la suerte y el privilegio de acogerle hayan sido de vuestro agrado y que lo hayáis pasado igual de bien que un servidor al recopilarlo en esta serie de artículos.

Hasta muy pronto. ¡Un abrazo para todos!



Jordi Prat ( Socio 1101)

STAX STUDIOS

Saludos y bienvenidos a un nuevo capítulo de nuestro recorrido por las principales factorías de grabación que albergaron a Elvis Presley durante su carrera.

En esta ocasión el turno es para los Stax Studios de Memphis que si bien no irrumpieron en el mejor momento personal de nuestro protagonista si que aportaron su granito de arena a su trayectoria musical.



La historia



Los Stax Studios nacieron el año 1957 fruto de la iniciativa de dos emprendedores hermanos, Jim Stewart y Estelle Axton. Con la simple combinación de las dos primeras letras de sus respectivos apellidos bautizaron un proyecto cuyo objetivo principal era acunar la infinidad de corrientes musicales que sacudían la ciudad con el mismo afán que su tocayo Sam Phillips en la Sun.

Si inicialmente se decantaron por el country, pronto vieron que el rhythm & blues podia representar una empresa mucho más lucrativa y agradecida.

Para tal empeño, la primera sede importante del sello se ubicó en el antiguo cine Capitol en el distrito sur de Memphis, concretamente en el 926, East McLemore Avenue.

Mientras Stewart se encargaba del estudio en las dependencias del edificio correspondientes al auditorio, Axton hacía lo propio en la zona de recepción donde también se instaló una pequeña tienda de discos.

Con el paso del tiempo, el soul en todas sus manifestaciones fue erigiéndose en el máximo protagonista de la escena musical con los matices peculiares aportados por una localidad como Memphis, abierta siempre a otras influencias como el blues o el jazz, dando lugar una vez más a un sonido con denominación de origen.

Infinidad de intérpretes a lo largo de más de una década consagraron su talento en el interior de sus muros, pero sin duda fue la figura de Otis Redding la que impulsó definitivamente su marca y el que pasará a la historia como máximo representante de su sonido, concepción y espíritu.



La situación personal



La vida de Elvis en el instante que entró en contacto profesional con los Stax no gozaba precisamente ni de dulzura ni mucho menos de estabilidad.

Inmerso en el proceso de separación de Priscilla, problemas de salud añadidos y un desinterés latente producido quizás por todo el contexto marcaron el balance final de la relación con los estudios, elegidos por la proximidad con la residencia del cantante y en segundo término para aportar un nuevo enfoque a su música tal como habían hecho los American Studios unas temporadas atrás.

Las sesiones de grabación se dividieron en dos tandas. Una inicial llevada a cabo del 20 al 25 de julio de 1973 y una posterior programada del 10 al 16 de diciembre del mismo año.

Desde los primeros compases, prácticamente todos los implicados percibieron que las vibraciones en el estudio no eran buenas. La primera noche Elvis no se presentó y la segunda llegó con cinco horas de retraso. Su mal aspecto físico era más que evidente y su actitud poco receptiva a la par que ausente tampoco invitaba al optimismo. Aún así, de la serie inicial se obtuvieron 11 cortes teniendo en cuenta también las características técnicas del estudio con ciertas limitaciones con las que Elvis y su equipo ya no estaban familiarizados.

El set de diciembre afortunadamente funcionó un poco mejor debido básicamente a la profesionalidad del cantante que insufló aire allí donde no había suficiente gancho obteniendo 18 temas, algunos de ellos más que aceptables.

 

Canciones, álbumes y músicos



El repertorio disponible con el que se encontró Elvis tampoco era para lanzar las campanas al vuelo. Las ansias de las diferentes editoriales que proporcionaban las canciones y la maraña tejida alrededor de los intereses personales y de autor eran mucho más poderosas que el criterio personal del propio cantante que una vez más se veía obligado a lidiar con temas que no eran de su total aprobación.

A pesar de todo, cabe destacar en primera instancia sencillos como “I’ve got a thing about you baby” de Tony Joe White o composiciones del calibre de “If you don’t come back” o “Three corn patches”, ambas firmadas por el duo Leiber & Stoller que años después volvían a colaborar con el Rey aunque no con la misma magia de antaño.

La segunda remesa, mucho más productiva, proporcionó temas como “You ask me to” de Waylon Jennings, “I’ve got a feeling in my body” de Dennis Linde o “Talk about the good times” de Jerry Reed.

En total 29 cortes que bien administrados y oportunamente distribuidos por la RCA configuraron la columna vertebral de tres álbumes de estudio : “Raised on rock” (1973), “Good times” (1974) y “Promised land” (1975).

El equipo de músicos contó con nuevas incorporaciones ocasionales que se añadieron a los habituales del entorno de Presley de aquellos años. Gente como el batería Ronnie Tutt, los guitarras James Burton y Reggie Young o los bajistas Norbert Putnam y Tommy Cogbill, sin olvidar la sección de voces encabezada por las Sweet Inspirations y J.D. Sumner junto a los Stamps.

Un cóctel que si bien no salió redondo si que bebía en las fuentes del soul sureño con los detalles y matices particulares de la ciudad de Memphis.



El desenlace



A finales de los sesenta, los Stax Studios de Memphis junto a los Fame Recording Studios de Muscle Shoals en el estado de Alabama se consolidaron como paladines de la mejor música soul del momento. Un estandarte que mantuvieron en alto durante más de una década.

En el caso de los Stax, después de diversas vicisitudes y un triste final jurídico con bancarrota incluida acabaron siendo demolidos en 1989 tras diez años de abandono de las instalaciones.

Afortunadamente, “The Stax Museum of American Soul Music”, una réplica de la antigua factoría fue construida en el mismo emplazamiento, abriendo sus puertas al público el año 2003.

Todavía hoy, si uno cierra los ojos y se deja envolver por la magia de sus paredes, es posible contagiarse del trepidante ritmo de temas como “Promised land” de Chuck Berry y dejarse llevar por su hipnótica primera estrofa en un intento de recuperar viejos sonidos que en la voz de Elvis adquieren siempre una lectura totalmente diferente al original...”I left my home in Norfolk, Virginia, California on my mind...”



Jordi Prat ( Socio 1101)

(Próxima estación: Estudios circunstanciales)

lunes, 24 de octubre de 2011

AMERICAN STUDIOS, MEMPHIS - “SUSPICIOUS MINDS”

Bienvenidos a una nueva entrega de nuestro particular repaso a los principales estudios de grabación que acogieron a Elvis Presley en su carrera musical.
Hoy el turno es para los American Studios de Memphis. Si bien en cuanto a cantidad de temas producidos, poco más de treinta, no podrían ser a priori significativos en comparación con otras factorías, si que lo son en lo que se refiere a calidad. Al margen de ser testimonio posiblemente del punto de inflexión más importante en la trayectoria profesional del Rey y en cierto modo también personal.

El contexto

Nos encontramos en 1968. Elvis deja atrás su esperado retorno televisivo, por fin puede ir aparcando sus contratos cinematográficos y se abre ante él un ansiado horizonte musical que de alguna manera le ha de transmitir energías positivas a la par que motivar.
Situados en pleno gueto de Memphis, en el 827 de Thomas Street, confluencia con Chelsea, los American Studios fueron fundados por el productor Chips Moman en 1965 que anhelaba encontrar un sonido renovado que volviera a combinar con éxito los dos elementos fundamentales que una década antes habían sacudido la industria musical: el Rhythm & Blues negro y el Country & Western blanco. Eso sí, aderezado esta vez con la mejora de las tecnologías y con el añadido de unas gotas de Soul para proporcionar una perspectiva más actual e innovadora.
En pocos años de funcionamiento, de sus paredes habían surgido éxitos como “The letter” de los Box Tops de Alex Chilton, sin obviar el haber albergado a figuras como Neil Diamond o Dusty Springfield, erigiéndose junto con los “Stax” (próxima entrega de nuestra serie) en paladines de lo que sería conocido popularmente como el “Memphis Sound”. Un sonido con denominación de origen fácilmente reconocible con pocos compases de audición.
Con el asesinato de Martín Luther King todavía muy reciente, Memphis era una ciudad especialmente tensa y más aún en vecindarios predominantemente habitados por comunidades negras. La decisión no fue fácil y su elección se verá claramente reflejada en la inclusión de temas comprometidos como el mismo “In the ghetto”.
Algo estaba cambiando en los planteamientos de Elvis. Si en los ’60 se había mostrado reacio a comulgar con el folk reaccionario y la canción protesta, ahora sin entrar en valoraciones políticas si que apostaba por temas de clara concienciación social con este histórico single que en cierto modo complementó el impactante “If I can dream” con el que cerró de forma contundente su especial de televisión meses atrás.


Las grabaciones

Elvis Presley entró por primera vez en los American Studios el 13 de enero de 1969, pocos días después de haber cumplido 34 años. Su voz había iniciado entonces lo que podríamos denominar período de madurez. En ciertos aspectos aparcaba la candidez y suavidad de la primera mitad de los sesenta para centrarse más en transmitir fuerza, sentimiento, rabia y espontaneidad a veces incluso con matices desgarradores dejando en el pasado una etapa de monotonía consecuencia directa del tedio de algunas bandas sonoras.
Su registro lo conoce todo el mundo y en este sentido no necesita demostrar nada a nadie pero si sorprenderá a todos y lo hará con creces.
Para su objetivo, técnicamente contará con la producción del mismo Chips Moman que se acompañará de Felton Jarvis, el cual ya había trabajado con Presley  en 1967 en grabaciones como “Guitar man” o “Big boss man”. En el control de sonido aportará su grano de arena el buen hacer de Al Pachuki.
En cuanto a la plantilla de músicos, todos son prácticamente nuevos en el entorno de Elvis proporcionando ya inicialmente una bocanada de aire fresco a su sonido.
Gente como el bajista Tommy Cogbill, provinente del entorno del jazz, el guitarra Reggie Young, de gran versatilidad y colorido y capaz de ofrecer nuevos sonidos incluso con un instrumento como el sitar, el pianista Bobby Wood, el órgano de Bobby Emmons o la harmónica de Ed Kollis. Todos influenciados por el Rhythm & Blues más oscuro y lo que tal vez es también muy importante, la mayoría de la misma generación que Elvis. Un factor favorable a la creación de un buen ambiente de trabajo, compenetración y entendimiento sobre todo en cuestiones referentes a la música y las canciones.
Las sesiones se repartirán en dos tandas de grabación. Una primera en el mes de enero de la que surgirán 19 canciones y una segunda aproximadamente un mes después en la que producirán 14 temas más.
 
El repertorio

Los temas escogidos serán de lo más variado apostando por compositores ya conocidos como Mort Suman o Percy Mayfield en combinación con nuevos equipos de proveedores plenamente sensibilizados con el entorno musical del momento reflejado en elecciones como “Long black limousine”, “Wearin’ that loved on look”, “You’ll think of me” o “Gentle on my mind”.
En definitiva los ingredientes del cóctel habituales pero preparados, orquestados y tamizados de forma totalmente nueva sin perder de vista las raíces del gospel y la tradición.
El resultado en forma de álbum se traducirá en la publicación en junio de 1969 del indispensable y magistral “From Elvis in Memphis”. Un L.P con una acogida por parte de los fans comparable al que tuvo el “Elvis is back!” al regreso de sus obligaciones militares.
Meses más tarde aparecerá el doble trabajo “From Memphis to Vegas / From Vegas to Memphis” que contará con el soporte añadido de una actuación en directo desde el International Hotel de la ciudad de Nevada.
Mención especial la merecen la edición de los singles. Temas como el “In the ghetto” del que ya hemos hablado unos párrafos antes y el “Don’t cry daddy” ambos de Mac Davis o “Kentucky rain” que junto a “Edge of reality” (grabado en 1968) podrían dar perfectamente color a una entrega del Agente 007, James Bond...
Todo para llegar finalmente a “Suspicious minds”. Una canción original de Mark James que merece capítulo a parte. Si con “In the ghetto” llegó al nº 3 de las listas, con ella coronará el nº 1 del Billboard, una efeméride que Elvis no conseguía desde “Good luck charm” en un lejano ya 1962.
Es todo un privilegio poder escuchar todo el proceso de elaboración de un tema de estas características. Sin mezclas añadidas, con la voz de Elvis en primer plano asistiendo poco a poco a las diferentes inflexiones que darán lugar al éxito hasta conseguir hacer suya la canción tal como si de una experiencia personal se tratara. Una actitud que el de Tupelo adoptará en futuras composiciones que también se erigirán en emblemáticas (“Always on my mind”, “Separate ways”, “You gave me a mountain”)...
A pesar de su temática, todo en ella respira optimismo, desde el arpegio inicial hasta la bajada y posterior subida del master en un final apoteósico y sorprendente.
Personalmente y comprobado de forma empírica, una escucha matutina casual en cualquier emisora de radio garantiza sin lugar a dudas la llegada de una jornada alegre y positiva.

El final

Lamentablemente la relación entre la discográfica de Elvis y los American Studios no se cerró con un final completamente feliz. Felton Jarvis y sobretodo Chips Moman querían constar en la contraportada del álbum “From Elvis in Memphis” en calidad de productores, exigencia a la que los responsables de la compañía se negaron en rotundo vetando así cualquier posibilidad de continuidad en futuras colaboraciones.
En la década de los ’70, Moman se trasladó a Nashville para continuar con su faceta de productor pero regresó a Memphis en 1985 con ánimo de impulsar un nuevo proyecto, los “Three Alarm Studios”.
En cuanto a los American Studios, fueron demolidos coincidiendo con la llegada de los noventa. Desde entonces en más de una ocasión se han escuchado rumores de una hipotética reconstrucción más como reclamo turístico y en forma de museo que no como factoría musical. De momento, el lugar que ocuparon sigue siendo objeto de peregrinación de algunos nostálgicos seguidores que recorren su entorno tal como si quisieran empaparse de un sonido histórico que no volverá ya a repetirse.




Jordi Prat ( Socio 1101)

(Próxima entrega: Stax Studios, Memphis)