lunes, 7 de noviembre de 2011

HUGO PERETTI & LUIGI CREATORE


¡Socios y amigos del Club! Bienvenidos a un nuevo capítulo de nuestro particular repaso por todos aquellos compositores o autores que de una forma u otra contribuyeron a engrandecer la figura musical de Elvis Presley.
El de hoy es un caso muy especial dado que confluyen en él apuntes de lo que podríamos denominar arqueología musical con pequeñas trazas del mejor cine negro de la época dorada del género sin dejar de lado la calidad y la originalidad. Aunque nuestros protagonistas, Hugo Peretti y Luigi Creatore gozaran de un papel más destacado en la década de los sesenta con su labor de composición y producción para otros artistas, en el caso de Elvis su vínculo común es mucho más breve pero no por ello carente de intensidad y relevancia. Porqué hablar de Hugo & Luigi es hablar de “Can’t help falling in love”. Todo un himno en la trayectoria del Rey.


Origen de la melodía

Si bien es cierto que nuestra pareja de italo americanos no son los auténticos creadores de tan famosa tonada, de justicia es atribuirles la merecida importancia que aportaron en su popularización.
Históricamente, el origen de la melodía se remonta a una vieja canción de amor francesa titulada “Plaisir d’amour”, fechada en 1785 y firmada por el compositor clásico Johann Paul Aegidius Martini que también ha pasado a la  posteridad con el nombre de Jean Paul Egide Martini por cuestiones geográficas y profesionales.
Años más tarde, en 1859 sería adaptada a un formato más orquestal por el también compositor francés Héctor Berlioz y tendremos que esperar hasta 1902 para tener constancia de su primera grabación en un soporte físico.
Escuchándola en su formato original, las semejanzas con el título que nos ocupa son más que ostensibles. A pesar de todas las evidencias y similitudes, expertos y profanos coinciden en catalogar el proceso más como una adaptación en lugar de utilizar el término versión que omitiría el papel desarrollado por cada elemento en un ejercicio carente de coherencia dejando en un segundo plano las más que significativas innovaciones introducidas para el tema de Elvis.  


Apuntes biográficos

Hugo Peretti nació en la ciudad de Nueva York el 6 de diciembre de 1916. Cuatro años después lo hacía su primo Luigi Creatore en el peligroso suburbio de “Hell’s Kitchen” de la misma ciudad. Si bien Hugo tenía formación instrumental como trompetista llegando a debutar en orquestas de Broadway, Luigi sólo gozaba de pedigrí musical personificado en las figuras de su padre y hermanos que si tenían estudios y vinculación artística.
La primera colaboración del dueto fue bajo el sello “Mercury” y dando forma a canciones infantiles pero pronto su talento no pasó desapercibido para los ojeadores del pop. Los conocimientos musicales del primero y el instinto del segundo para modelar historias de dos o tres minutos pronto darían sus frutos en forma de éxitos para artistas de la talla de Jimmie Rodgers o Sarah Vaughan que por entonces también empezaban a labrarse una sólida carrera.
Su fama y prestigio fue progresivamente en aumento llegando a ser propietarios y directores de una compañía como “Roulette Records” al lado de un personaje como Morris (“Mo”) Levy.
Peretti y Creatore eran los responsables del llamado control creativo mientras que el amigo Levy ejercía el papel de ejecutivo y empresario. Según el FBI pertenecía al “Clan de los Genovese” y la venta de discos y la floreciente industria discográfica a parte de proporcionarle buenos dividendos se erigía en una excelente tapadera para “blanquear” capital procedente de otras actividades del crimen organizado. Sin entrar en valoraciones partidistas, es más que evidente su vinculación con círculos de dudosa reputación. Sea como fuere, a finales de los cincuenta firmaron un lucrativo y ventajoso contrato con la poderosa RCA que de forma consensuada les proporcionaba carta blanca para poder desarrollar todas sus ideas en el marco de la producción. Una tarea que en aquellos años no tenía la trascendencia actual y que por tanto suponía toda una novedad en todos los aspectos de la composición y la posterior distribución y difusión de un producto mucho más elaborado.
Durante la década de los sesenta, la más prolífica para el tandem, serán responsables de éxitos como el “Shout” de los Isley Brothers, aportarán su grano de arena en la adaptación del texto al inglés del clásico, “The lion sleeps tonight” o firmarán la producción de gran parte de los hits de un intérprete como Sam Cooke. Bajo la humilde opinión del que esto subscribe, el mejor vocalista de color de la historia de la música popular al que proporcionaron un sonido que cambiaría de forma notable la manera de tratar las melodías y la instrumentación en el marco del pop. Posteriormente, hicieron su incursión en el ámbito del musical, concretamente en una producción titulada “Maggie Flynn” que con la temática de la Guerra de Secesión gozó del reconocimiento de la crítica de Broadway.
Hugo Peretti falleció en la localidad de Englewood (New Jersey) el 1 de mayo de 1986 a la edad de 69 años mientras que Luigi Creatore continua disfrutando de su longevidad.


Hugo, Luigi & Elvis

El primer “contacto musical” de Elvis Presley con nuestra pareja protagonista se produjo el 7 de noviembre de 1960 en los Radio Recorders de Hollywood durante las sesiones de grabación de un tema como “Wild in the country”. Una preciosa melodía que daba título a un proyecto cinematográfico que pretendía potenciar la faceta interpretativa de Presley en la misma línea de “Flaming Star” un mes antes. Lamentablemente, una alternativa de trabajo que no tubo continuidad en beneficio de tratamientos mucho más comerciales dirigidos a mayor público y mayor consumo. La prueba fehaciente es que “Wild in the country” sería editada como cara “b” de un poderoso single como fue, “I feel so bad”, relegándola a un papel secundario de acompañamiento o relleno.
Siempre colaborando con su fiel “escudero”, el también compositor George David Weiss, el 21 de marzo de 1961 iniciaron su singladura en la confección de la histórica banda sonora de la pel·lícula, “Blue Hawaii”.
Su primera aportación se tradujo en un tema como “Ku-u-i-po” que comulgando con el espíritu del álbum pretendía combinar música folclórica tradicional con el particular estilo de Elvis.
Un par de días más tarde, sin abandonar los Radio Recorders darían forma a su clásico imperecedero, “Can’t help falling in love”. Después de 29 exigentes intentos lo consideraron terminado con la sensación generalizada de que habían moldeado todo un hit  a la altura de propuestas como “It’s now or never”. Recomendable al cien por cien para cualquier fan que se precie es el escuchar el mayor número de tomas de la composición para contrastar en toda su  plenitud la evolución y el tratamiento de la melodía en todo su esplendor.
Curiosamente, cuatro días después, Elvis protagonizaría sin ser plenamente consciente desde el “Bloch Arena” de Pearl Harbour la que iba a ser su última actuación en directo en mucho tiempo. Lo que son los giros de la vida y las casualidades, a finales de la década y con su regreso a los escenarios, el Rey enseguida adoptó la balada de “Blue Hawaii” como elemento diferenciador para que el público identificara el final de sus shows. Una costumbre que se convirtió en ley y que prácticamente mantendría inalterable hasta el fin de sus días.
 

Discografía y repercusión

Seguir el rastro discográfico de la pareja de compositores y su huella en las labores de producción no es demasiado difícil sobretodo en aquellos éxitos que de una manera u otra han marcado parte de la historia musical de la segunda mitad del siglo XX. Algunos de ellos mencionados brevemente a lo largo de este artículo.
Indudablemente no solamente para los fans de Elvis Presley sino también para la mayoría del gran público, Hugo Peretti y Luigi Creatore serán siempre recordados por el papel desempeñado en la confección y adaptación de tan conocida balada. Un tema que con el paso de los años, periódicamente continua inspirando nuevas lecturas a la vez que a intérpretes y artistas de índole muy variada. Por citar sólo algunos: Perry Como, Andy Williams, Doris Day, Marty Robbins, Bob Dylan. Corey Hart, Julio Iglesias, UB40, Harry Connick Jr, U2, Andrea Bocelli, Bruce Springsteen o Michael Bublé.







Jordi Prat ( Socio 1101)

ESTUDIOS OCASIONALES


Bienvenidos a una nueva entrega dedicada a nuestro particular viaje por los principales centros de producción que acogieron la figura de Elvis Presley a lo largo de su trayectoria musical.
Hoy nos centraremos en los que de una manera un tanto ortodoxa hemos bautizado como “Estudios Ocasionales”. Aquellos que por motivos básicamente contractuales fueron testimonio musical de lo mejor y lo peor del Rey.
Analizando con rigurosidad los resultados artísticos más allá de las preferencias o debilidades que cada uno pueda manifestar y tratando objetivamente los datos, podemos afirmar con cierta seguridad que son tres las factorías principales que en el transcurso de también tres décadas aglutinan parte del extenso catálogo del de Tupelo.

1. “RCA Studios” en Nueva York

Una vez abandonado el compromiso con Sun Records y su mentor Sam Phillips, Elvis se enfrenta por primera vez al reto de una compañía de ámbito y distribución nacional con lo que todo ello conlleva implícito. Estamos aún en plena década de los ’50, concretamente a finales de enero de 1956 y la efervescencia del Rock ‘n’ Roll sacude a buena parte de la sociedad desde la perspectiva inconformista de los jóvenes.
Para su primera sesión “importante”, nuestro protagonista debe trasladarse a la ciudad de Nueva York en un edificio situado entre la Tercera Avenida y Lexington. Los responsables de producción continúan de alguna manera obsesionados con reproducir el sonido de la Sun y para tal empresa no dudarán en planificar el mayor número de factores favorables. A parte de los iniciales Scotty Moore y Bill Black y el cada vez más habitual D.J Fontana se contratarán los servicios del pianista de Boggie-woogie Shorty Long para proporcionar mayor dinamismo al material.
El repertorio habla por sí solo: “Blue suede shoes”, “My baby left me”, “So glad you’re mine”, “Tutti frutti”, “Lawdy, Miss Clawdy”, “Shake, rattle and roll”...Composiciones y compositores que beben en las aguas del Blues y del Rhythm & Blues que convenientemente tamizados y adaptados al registro y personal estilo de Presley se transformarán en una manera de entender la música que sólo el tiempo se ha encargado de proporcionarle la justa y merecida recompensa.
En el ámbito discográfico, estas sesiones iniciales servirán para poner la guinda al primer y mítico álbum de debut para su nueva compañía a parte de completar el contenido de singles y E.P’s pertinentes que en aquel tiempo tenían mayor repercusión mediática y una aceptación comercial considerable en comparación al joven formato que significaba entonces un larga duración.
Elvis volverá a pisar una vez más los estudios de la RCA en la ciudad de los rascacielos. Será en julio de ese mismo año inmerso en plena promoción televisiva pero con el suficiente instinto para apostar por temas como “Hound dog” o “Don’t be cruel” que de alguna forma marcarán su consagración definitiva a nivel nacional como ídolo de masas y fenómeno social. Su sonido básico había cambiado, el eco había desaparecido y la frescura había dado paso a la fuerza y ya nada volvería a ser igual.

2. “Radio Recorders”, Hollywood

El segundo apartado de nuestro peregrinaje nos traslada a la costa oeste, concretamente a los “Radio Recorders” de Hollywood en la ciudad de Los Ángeles (California) en pleno Santa Mónica Boulevard.
Esta factoría por cantidad y calidad se erigirá en la auténtica protagonista de los años sesenta pero su relación con Elvis comienza exactamente en septiembre de 1956. Allí, acompañado hasta ese momento de su inseparable trío y de los cada vez más omnipresentes “Jordanaires”, iniciarán un periplo musical marcado claramente por los contratos cinematográficos y por sus respectivas bandas sonoras.
A pesar de todo, inicialmente tendrán tiempo y libertad para dar rienda suelta a su talento atacando temas como “Love me”, “Paralyzed”, “Too much”, “Ready Teddy” o “Rip it up”. Piezas que configurarán la columna vertebral de su segundo álbum titulado simplemente “Elvis”. El formato tradicional encontrará salida con la grabación del fantástico E.P de Gospel, “Peace in the valley” y en la manufactura de singles como “All shook up”, de nuevo con la sensacional aportación de Elvis golpeando el dorso de su guitarra en una original producción que marcará una insólita referencia musical. Mención a parte, la confección del que para muchos todavía hoy es uno de los mejores álbumes de “Christmas” de la historia. Algo muy en boga del mercado norte americano.
La sombra y el buen hacer de excelentes compositores como Jerry Leiber, Mike Stoller, Otis Blackwell o Thomas A. Dorsey son un fundamental punto de apoyo que lamentablemente no tendrá toda la continuidad que muchos hubiéramos deseado.
El Coronel Parker y su ambicioso afán por controlar todo el entorno comercial de su pupilo, las obligaciones contractuales derivadas del cine y la maraña de intereses vinculados a las diferentes editoriales encargadas de proporcionar nuevo material marcarán directamente la pauta menos creativa de la década pero también la más lucrativa para todas las partes implicadas. De aquí surgirán éxitos de ventas como “Loving you”, “G.I Blues”, “Blue Hawaii”o “Viva Las Vegas”.
Musicalmente y de forma progresiva, los estudios “Radio Recorders” serán testimonio activo de la evolución del estilo de Elvis Presley que adoptará un carácter más sofisticado con apuntes más cercanos al Pop y las baladas en todas sus manifestaciones, alejándose del genuino cóctel que lo consagró como Rey del Rock.
De alguna manera adoptará lo que periodistas acreditados han definido como “la fórmula”, consistente en la repetición de una serie de parámetros marcados por la monotonía y la reiteración siempre con alguna que otra excepción y teniendo en cuenta un registro vocal inimitable capaz de convertir cualquier mediocridad en una pieza más que digna.
Llegados a este punto, es aquí donde un servidor aporta su humilde opinión con el recuerdo especial para un proyecto como “King Creole”, posiblemente el mejor largometraje protagonizado por Elvis. Pero no sólo eso, contó además con un prestigioso director como Michael Curtiz, secundarios de la talla de Walter Matthau, un guión consistente, una evocadora fotografía en blanco y negro, unas localizaciones inolvidables y lo más destacado, una banda sonora de ensueño. Todavía hoy, transcurridos poco más de cincuenta años, sencillos como: “Trouble”, “Dixieland Rock”, “Crawfish” o el que dio título al film, nos siguen cautivando por su magia, espontaneidad, vigencia y trepidante ritmo cargado del auténtico aroma de Blues de Nueva Orleáns. Todo ello en unas sesiones de grabación llevadas a cabo a principios de 1958 cargadas de “feeling” perceptible a través de las fotografías de las mismas.
 
 
3. Studio “C” de RCA en Hollywood

La tercera y última parada ya en la década de los ’70, sin movernos de Hollywood nos sitúa de nuevo en unas instalaciones pertenecientes a RCA, concretamente al estudio “C” en Sunset Boulevard, no visitadas por Elvis desde abril de 1960.
De todos es conocida la situación personal de nuestro artista en aquellos años que de una manera premeditada o no, repercutirá en algunos de los temas que pasarán a formar parte de su repertorio.
El estudio “C” de la RCA albergará dos tandas importantes de producción. Una primera fechada en marzo del ’72 de la que surgirán singles míticos como “Burning love”, “Always on my mind” o “Separate ways” y una segunda tres años después, también en marzo pero del ’75 que dará lugar al más que aceptable álbum “Today”, formado por composiciones como “Green, green grass of home”, “And I love you so” o “Shake a hand”.
En ambos casos la base instrumental y humana será prácticamente la misma. Sin lugar a dudas el equipo de lujo de la década con personal del calibre de James Burton, John Wilkinson, Ronnie Tutt o Glen D. Hardin. Todos ellos responsables del sonido característico de la música de Elvis en aquellos años.
Las técnicas de grabación y aparatos responsables junto con los instrumentos han ido evolucionando acorde con los tiempos y los resultados son en ese aspecto más que significativos con un claro reflejo en el sonido mucho más contundente. Desgraciadamente y por razones obvias, el Rey ya no podrá saborear en toda su dimensión los avances tecnológicos que en poco más de un lustro sacudirían los planteamientos y formatos de la industria discográfica

Jordi Prat ( Socio 1101)
(Próximo apeadero: “Graceland”)

BEN WEISMAN


¿Qué tal socios? Bienvenidos a una nueva entrega de nuestro particular periplo musical a través de todos aquellos compositores que de forma directa influyeron en la trayectoria profesional de Elvis Presley.
Si en el anterior capítulo dedicado al tándem “Hugo & Luigi” priorizamos la calidad por encima de cualquier otro factor, sin lugar a dudas, el protagonista de hoy viene avalado por la garantía de la cantidad. Las cifras son siempre una excelente referencia y en este aspecto nadie podrá discutir jamás el mérito y aportación de un personaje como Ben Weisman que, pese a quien pese, ostenta la distinción de ser el autor que mayor número de canciones proporcionó al Rey. Repasar su obra, supone también realizar un nuevo viaje prácticamente a través de toda la discografía de Presley, sobretodo la que abarca el período comprendido entre 1956 y 1971.

Apuntes biográficos

Benjamín Weisman nació el 16 de noviembre de 1921 en Providence (Rhode Island) aunque creció en Brooklyn. Auspiciado por una familia con fuerte tradición musical, siendo todavía un niñó, ya cantaba de una forma casi profesional en el coro de la iglesia. Con la llegada de la adolescencia, tuvo la suerte de conocer la obra de grandes maestros como Bach o Beethoven estudiando piano cinco años bajo la supervisión de la concertista Grace Castagnetta. Ya en plena juventud y sirviendo a la patria en el ejército de su país dio rienda suelta a su vocación ejerciendo de director musical a las órdenes del “Tío Sam”. Una vez licenciado, regresó a Nueva York y debido a su enorme versatilidad musical y al prestigio que ya le acompañaba encontró las puertas del emblemático “Tin Pan Alley” (míticas calles de la ciudad de los rascacielos donde se concentraban buena parte de las factorías musicales que distribuían material por todo el país) abiertas de par en par. De todas maneras, fue la editora “Hill & Range” la que se llevó el gato al agua ofreciéndole un magnífico contrato en exclusiva con la que conseguiría labrarse más que un nombre en la historia de la música popular del pasado siglo XX. A las órdenes de su director, Jean Aberbach y manteniendo siempre una estrecha relación con las tendencias más actuales del momento consiguió copar los principales puestos de las listas transmitiendo su sello personal y tratando de adaptarse a cada contexto que el intérprete en cuestión requería.
El trabajar y colaborar con Elvis Presley fue para Weisman un constante reto. Sus composiciones contenían una mezcla de casi todo: country, blues, rock, pop e incluso gospel y siempre se manifestó afortunado de haber podido contribuir al éxito de una estrella de las dimensiones de Presley.
Ben Weisman falleció el 20 de mayo de 2007 en la ciudad californiana de Los Ángeles rodeado de familiares y amigos pero su relación personal y musical con Elvis merece un extenso capítulo a parte.

Weisman & Presley

Para recuperar el primer “contacto” profesional de Elvis con Ben Weisman hemos de retroceder hasta septiembre de 1956 y situarnos en los estudios Radio Recorders de Hollywood. Allí, el joven cantante se encontraba dando forma al que sería su segundo L.P. “Elvis”, en unas sesiones de grabación de las que existen un magnífico testimonio gráfico en forma de estupendas fotografías. Arropado por excelentes músicos y sentado al piano, transmitía toda la fuerza y potencial que su encanto atesoraba. En este inmejorable entorno, la pareja de compositores Aaron Schroeder y Ben Weisman, miembros del staff de “Hill & Range” aportaron un tema como “First in line”. Una preciosa melodía con un tempo totalmente diferente a los que estaba acostumbrado el de Tupelo y que le brindaba la oportunidad de explorar nuevos campos de su faceta como intérprete.
Su siguiente encuentro se produjo unos meses más tarde, a mediados de enero de 1957 en el mismo lugar pero en esta ocasión trabajando en la banda sonora de la película, “Loving you” y para ser más exactos en el sencillo “Got a lot o’ livin’ to do”. Teniendo en cuenta el guión y la escena en cuestión, debía transmitir la fuerza adecuada e ilustrar la emergente carrera de una estrella del Rock ‘n’ Roll, algo muy parejo a la realidad del cantante. Tras nueve intentos en forma de otras tantas tomas decidieron que ya disponían del master ideal para su edición.
Días después y durante las mismas sesiones de grabación del proyecto cinematográfico, Elvis tendría la oportunidad de conocer directamente a Ben Weisman. El compositor había venido a California para ver en persona a su prometedor cliente y también para potenciar la inclusión de alguna de sus composiciones en el nuevo film del artista.
Weisman recordaba que encontró a Elvis en un rincón del estudio punteando acordes de blues con una guitarra. Poco después se sentaron juntos al piano y mostrando la sonrisa que le había hecho famoso tardaron muy poco en congeniar.
En febrero de ese mismo año el tandem Weisman / Presley volvió a asociarse para un single como “Don’t leave me now”. Un excelente medio tiempo que es toda una curiosidad en la carrera de Elvis y que fue incluido en la banda sonora de “Loving you”. Meses más tarde de nuevo se grabó para formar parte del siguiente proyecto cinematográfico, “Jailhouse Rock”. Comparando las dos versiones, la segunda es tal vez un poco más elaborada, con una introducción de piano sugerente y una presencia del teclado mucho más evidente junto con la guitarra y los coros de los Jordanaires que le proporcionan un acabado homogéneo aunque el tempo es prácticamente el mismo en ambos casos, al igual que el magnífico tratamiento vocal de Elvis.
A partir de entonces, la presencia de alguna composición de Ben Weisman en las bandas sonoras de las películas del Rey se convirtió casi en una constante habitual.
El año 1958 se inició con la confección de los temas del que para muchos es el mejor film de Elvis, “King Creole”. Con un guión basado en una novela de Harold Robbins, un director como Michael Curtiz (“Casablanca”) y actores de la talla de Walter Matthau o Carolyn Jones, la propuesta gozaba de todos los ingredientes para convertirse en éxito y la música tenía que estar a la altura. El primer tema destacable de la factoría Weisman es “Crawfish”.Un ritmo encantador y totalmente innovador servía para introducir el personaje de Elvis al inicio de la historia en plena ciudad de Nueva Orleáns. Los puristas pueden disfrutar en el disco “Essential Elvis, Hits like never before. Vol.3” de la versión en la que el cantante comparte un mágico duelo vocal con la solista Kitty White. Después atacaron las excelentes “Don’t ask me why” y “As long as I have you” dejando para el final un sencillo como “Danny” que a la postre fue descartado por el cambio en el título de la película y que durmió cerca de 20 años en los baúles de RCA antes de ver la luz.
Una vez superado el paréntesis militar, Ben Weisman también aportó su sello en el esperado regreso musical de nuestro ídolo con dos temas como “Fame and fortune” (editado como cara “b” de “Stuck on you”) y “It feels so right” formando parte del mítico “Elvis is back”. Ambas propuestas con un marcado espíritu de blues que tanto gustaba al Rey.
Con la llegada de la década de los ’60, Ben Weisman contribuirá con sus composiciones a difundir la llamada “Fórmula” que caracterizará la música de las bandas sonoras de las películas, de todos los fans conocidas, con unas evidentemente mejores que otras. Por destacar tan solo algunas: la adaptación de una bonita tonada tradicional alemana como es “Muss I denn” que en “G.I. Blues” se transformó en “Wooden Heart”, dos baladas deliciosas como “In my way” o “Forget me never” que aparecieron en “Wild in the country”, la repercusión y el éxito de un proyecto como “Blue Hawaii” aderezado con composiciones como “Almost always true” o “Moonlight swim” o el buen tono que transmitían temas como “Riding the rainbow”, “I got lucky”o “This is living” en la más que aceptable “Kid Galahad”. Mención especial para un sencillo como “Follow that dream”. Una melodía rebosante de optimismo para un film menor del mismo título de la que Weisman siempre se mostró muy satisfecho citándola como una de sus mejores canciones. Curiosamente, un criterio compartido por muchos fans, entre ellos el mismísimo “Boss”, Bruce Springsteen, que no duda en incluirla en el repertorio de muchos de sus conciertos.
A lo largo de los años, la amistad entre cantante y compositor se fue acrecentando durante las muchas sesiones que Presley programó en los estudios de Hollywood. Según Weisman, Elvis poseía un gran sentido del humor y tenía la capacidad de transformar las tediosas horas de grabación en jornadas mucho más divertidas. El propio Ben Weisman que dirigió personalmente alguna de ellas (“Frankie and Johnny”) recibió el cariñoso apelativo de “The Mad Professor” por parte del Rey.
Musicalmente, de la colaboración entre ambos durante la década no hay que dejar en el tintero la edición inexplicable de un sencillo como “Do the clam” o la magnífica aportación de un tema como “We call on him”. Editado como cara “b” del sencillo “You’ll never walk alone” ofrecía una sensacional intro de piano, el buen hacer una vez más de los coros de los Jordanaires y el extraordinario contrapunto de la soprano Millie Kirkham para colorear una balada con tintes de himno religioso.
Para finalizar, de justicia es también mencionar un tema como “Rubberneckin’” perteneciente a las sesiones de los American Studios de Memphis de 1969 que se publicó como reverso de un sencillo como “Don’t cry daddy” y que Weisman cedió y presentó como si fuera obra de su mujer seguramente por cuestiones relacionadas con los derechos de autor.
La última vez que Ben Weisman estuvo personalmente con Elvis Presley fue en 1976 en el Hotel Hilton de Las Vegas. Era el último show que cerraba la temporada y fue invitado a la fiesta posterior. A su llegada, el cantante lo recibió con efusividad y le preguntó cuantas canciones suyas había llegado a cantar. Weisman respondió que 57 a lo que Elvis reaccionó haciendo callar a todos los presentes y anunciándolo junto con tan distintivo honor a lo que la concurrencia respondió con una fuerte ovación. Después se retiraron para mantener una conversación básicamente entorno a la música. Elvis le comentó que meditaba incorporar a su repertorio una composición como “Softly as I leave you”, una canción que en palabras del Rey era más propia de un hombre a un paso de la muerte que no sobre alguien a quien su amada lo acaba de abandonar. Weisman intuyó lógicamente que las cosas no funcionaban del todo bien en la vida de su amigo. A pesar de todo siempre recordó aquella conversación con afecto y nostalgia.

Reconocimientos

Aunque para muchos críticos y seguidores, Ben Weisman es uno de los directos responsables de mediocridades como: “It’s carnival time”, “A dog’s life”, “Chesay”, “Clambake” o “He’s your uncle not your dad”, lo cierto es que su figura para bien o para mal contribuyó a engrandecer el mito de Elvis Presley.
De hecho, poco después de la muerte del cantante, Weisman compuso en su honor una suite sinfónica a la que tituló “The Elvis Concerto”. Después de estrenarla por muchos lugares del mundo se fue retirando paulatinamente de la vida pública y también prodigó cada vez menos su faceta creativa.
A nivel de cifras se calcula que las composiciones de “The Mad Professor” rondan las 400 que han proporcionado unas ventas cercanas a los 100 millones de álbumes y obteniendo a título personal unos 60 discos de oro.
Sus canciones, muchas de ellas inolvidables, han sido interpretadas por gente tan diversa como: The Beatles, Dean Martín, Barbra Streisand, Nat King Cole, Dusty Springfield, Carl Perkins, Peggy Lee o Dionne Warwick. 



Jordi Prat ( Socio 1101)