¡Saludos! Amigos y socios del Club. Una vez aparcado el paréntesis estival, para unos símbolo de descanso y diversión y para otros de todo lo contrario, recuperamos de nuevo nuestro particular repaso por todos aquellos compositores y autores que de una manera u otra hicieron mella en la carrera de Elvis Presley.
Si en el capítulo anterior la presencia de Otis Blackwell nos brindó la aportación de diversos momentos estelares en forma de temas inolvidables, en esta ocasión la tónica dominante vendrá marcada por un equilibrio constante en la calidad y el estilo y es que durante un período muy concreto de la vida del de Tupelo, Don Robertson fue su autor favorito, sinónimo de un sonido que en años posteriores crearía escuela siendo punto de referencia ineludible de nuevos talentos.
Apuntes biográficos
Donald Irwing Robertson nació en Pekín (China) un cinco de diciembre de 1922, fruto de la relación entre un eminente doctor en medicina impulsor entre otros avances de los primeros bancos de sangre y de una madre pianista y poeta que a muy corta edad inició a su hijo en los entresijos de la música. Con esta influencia, a los cuatro años ya paseaba sus manos por las teclas de un piano y tres más tarde ya era capaz de componer algunas melodías.
Inicialmente trató de seguir los pasos de su padre en el ámbito de la medicina pero muy pronto sintió en su interior la llamada de la música que ocupaba un segundo plano en sus prioridades profesionales.
De esta manera a principios de la década de los cincuenta ya formaba parte del plantel de pianistas de ensayo de los estudios de la discográfica Capitol Records tocando ocasionalmente en alguna sesión de grabación.
A parte de estar familiarizado con otros instrumentos será precisamente con el piano y como intérprete del mismo con el que obtendrá fama y reconocimiento. Su contribución fundamental es la creación de un sonido fácilmente identificable denominado por los técnicos como “Slip-note” o también “Nashville piano”. Un mérito de alguna manera compartido y potenciado por la figura y buen hacer de un coetáneo suyo, Floyd Cramer que indudablemente y de forma individual merecería más de un capítulo a parte.
Sea como fuere, ellos dos son considerados los responsables directos de un sonido muy particular que sobre todo a inicios de la década de los sesenta se convirtió en todo un sello representativo de la música de Elvis Presley, básicamente en aquellos temas marcados por los medios tiempos y como no, las baladas.
A diferencia de otros compositores, Robertson sí tuvo contacto directo con Elvis y su longevidad lo ha ido apartando paulatinamente de los actos públicos dejando paso a la vida familiar.
Presley & Robertson
Para rememorar la primera vez en que Elvis Presley estableció contacto musical con Don Robertson hemos de remontarnos a marzo de 1956 cuando el cantante ya bajo la tutela de RCA estaba inmerso en la confección de lo que sería su histórico primer álbum, escogiendo y rebuscando entre todas las propuestas que le hacían llegar.
Curiosamente, cuando Robertson por entonces compositor en ciernes que gozaba de contrastada proyección, asalariado de Hill & Range se enteró de que una de sus creaciones, “I’m counting on you” no sería grabada por un artista de primera línea, mostró cierto disgusto que en poco tiempo se transformó en una sensación de triunfo.
Precisamente en este tema y debido a que la banda tenía ciertos problemas con las baladas fue el papel activo de Chet Atkins a la guitarra el que logró desatascar definitivamente la sesión.
La siguiente aportación de Don Robertson se produjo cinco años más tarde, en marzo de 1961, entre las míticas paredes del Studio B de Nashville durante las sesiones del fantástico, “Something for everybody”, para muchos el clímax vocal de Presley como cantante.
“There’s always me” fue la primera de las escogidas y en palabras del propio Elvis (“Esta es mi canción”), no tardó ni un minuto en sentirse plenamente identificado con la estructura marcada por un inicio nostálgico y coronada por un final memorable.
De segundo plato, “Starting today”, otra balada cargada de ternura y emotividad.
A partir de aquel instante, la presencia compositiva de Robertson pasó a formar parte de una especie de constante del entorno musical del Rey.
Tan solo unos días más tarde pero esta vez en Hollywood, ambos tendrían su primer contacto personal. El cantante invitó al compositor a la primera jornada de las grabaciones de la banda sonora de “Blue Hawaii” para la que Robertson había hecho en inglés una adaptación del clásico “La Paloma” bajo el título de “No more”.
La sensación fue de auténtica sorpresa quedando impresionado por la seriedad en el trabajo y por la perseverancia del intérprete en la reiterada búsqueda de la mejor toma alternativa.
Tres meses más tarde, de vuelta a Nashville, sería el turno de “I’m yours”, una de las canciones finalmente descartadas de “Blue Hawaii”. A pesar de la oposición del Coronel Parker que la quería reservar para una nueva entrega cinematográfica, Elvis decidió no esperar y fue incluida en el álbum “Pot Luck” destilando el mismo aroma que composiciones como “I love you because” o “Are you lonesome tonight?”.
A mediados de octubre del mismo año y en el mismo escenario le llegó el turno a la excelente “Anything that’s part of you”. Otra composición con el inconfundible sello de Don Robertson que contó además con la mágica presencia de Floyd Cramer al piano que siguiendo el patrón que Robertson había marcado en la demo original contribuyó de forma activa en la confección de la mejor cara “b” posible de un sencillo lleno de encanto como resultó “Good luck charm”.
La segunda aportación de Robertson en aquella fecha fue “I met her today”. Otra excelente balada que desgraciadamente fue aparcada en los archivos durante cuatro años hasta ser editada finalmente en el refrito “Elvis for everyone”.
En 1962 si Don Robertson no era el compositor favorito de Elvis sí que se contaba entre el elenco de sus preferidos. Otra vez en los estudios Radio Recorders de Hollywood y para inaugurar la sesión de los temas correspondientes a la banda sonora de “It happened at world’s fair” se escogieron dos de sus composiciones: “I’m falling in love tonight” y “They remind me too much of you”.
En esta ocasión, la presencia del propio compositor sentado al piano proporcionó la fuerza y la intensidad necesarias al material. Los nervios y reticencias iniciales fueron substituidos por una absoluta confianza una vez Elvis entonó sus primeras notas. Concretamente, la excelente comunicación y comunión entre ambos evitó que el segundo de los temas no fuera descartado después que alguien en el control sugiriera un cierto parecido de la melodía con “Chapel in the moonlight”.
Al finalizar la sesión, Elvis invitó a Robertson a su casa inaugurando así una serie de encuentros y visitas que se repetirían posteriormente en Hollywood, Bel Air o Las Vegas.
La siguiente sociedad Robertson – Presley sin abandonar la ciudad de los sueños la encontramos a principios de 1963. Acompañado del que sería su más fiel colaborador, Hal Blair, Don Robertson trabajó en dos temas que formarían parte del nuevo proyecto cinematográfico de Elvis, “Fun in Acapulco”. Ambos compositores visitarían incluso un “night club” español a la búsqueda de inspiración. El resultado: “I think I’m gonna like it here” y “Margherita”. Empapados de aires latinos aparcaron momentáneamente su particular estilo caracterizado por la presencia del dialogo entre piano y voz.
Sin abandonar 1963 pero esta vez de nuevo en Nashville le llegó el turno a un sencillo como “What now, what next, where to”, un tema descartado por Johnny Cash de ahí tal vez su aroma country, que pasó a formar parte del L.P “Double Trouble” como bonus track del repertorio de la banda sonora.
En la misma sesión se dio salida a una nueva balada, “Love me tonight”, que aun tendría tiempo de ser incluida en “Fun in Acapulco”. Cargada de pasión repetía una vez más la fórmula estructural quizá un poco fuera de la órbita de las tendencias musicales que se cocían por aquel entonces.
La guinda final de los encuentros musicales entre Elvis Presley y Don Robertson se produjo en junio de 1970 como no en Nashville. Durante la famosa y prolífica sesión en la que Elvis apostaba por un sonido country actual combinado con el soul y el rhythm & blues de Memphis se decidió a recuperar todo un clásico como “I really don’t want to know” que escrita en colaboración con Howard Barnes ya había sido todo un hit en 1954 en la voz de Eddy Arnold.
Haciendo una valoración objetiva, al tirar la vista atrás es evidente que en la relación musical Robertson / Presley no encontramos ningún número 1 como en el caso de Leiber / Stoller, Pomus / Shuman u Otis Blackwell pero es indudable que su importancia como baladista contribuyó activamente en la construcción de un estilo dotado de una calidad más que contrastada sobretodo en el contexto de la llamada “fórmula” que inexorablemente se imponía en las bandas sonoras de las películas no dejando margen para demasiadas florituras.
Discografía y reconocimientos
Como intérprete y catalogado por el mismo como un desliz de juventud, Don Robertson obtuvo su primer hit en 1956 con la desenfadada “The happy whistler”.
Sus composiciones han sido recreadas por un sinfín de artistas destacando entre muchas el senzillo “Please help me I’m falling” en la voz de Hank Locklin en 1960.
Como músico de sesión colaboró con gente tan variopinta de la talla de Chet Atkins, Nat King Cole, Waylon Jennings, Ann Margret o Charlie Pride.
Desde 1972 su nombre forma parte del prestigioso “Song writers Hall of Fame” de Nashville y a título de curiosidad su canción “Pianjo”, escrita e interpretada por el mismo puede escucharse en los diferentes parques de atracciones que la factoría Disney tiene repartidos por todo el planeta.
A nivel discográfico “Bear Family” editó en agosto de 2003 el recopilatorio “...And then I wrote songs for Elvis”. Un disco que ofrece 26 composiciones interpretadas por el propio Robertson muchas de ellas en formato demo junto un interesante y extenso libreto ilustrativo de toda su trayectoria.
Jordi Prat ( Socio 1101)
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