Bienvenidos a una nueva entrega de nuestro particular repaso a los principales estudios de grabación que acogieron a Elvis Presley en su carrera musical.
Hoy el turno es para los American Studios de Memphis. Si bien en cuanto a cantidad de temas producidos, poco más de treinta, no podrían ser a priori significativos en comparación con otras factorías, si que lo son en lo que se refiere a calidad. Al margen de ser testimonio posiblemente del punto de inflexión más importante en la trayectoria profesional del Rey y en cierto modo también personal.
El contexto
Nos encontramos en 1968. Elvis deja atrás su esperado retorno televisivo, por fin puede ir aparcando sus contratos cinematográficos y se abre ante él un ansiado horizonte musical que de alguna manera le ha de transmitir energías positivas a la par que motivar.
Situados en pleno gueto de Memphis, en el 827 de Thomas Street, confluencia con Chelsea, los American Studios fueron fundados por el productor Chips Moman en 1965 que anhelaba encontrar un sonido renovado que volviera a combinar con éxito los dos elementos fundamentales que una década antes habían sacudido la industria musical: el Rhythm & Blues negro y el Country & Western blanco. Eso sí, aderezado esta vez con la mejora de las tecnologías y con el añadido de unas gotas de Soul para proporcionar una perspectiva más actual e innovadora.
En pocos años de funcionamiento, de sus paredes habían surgido éxitos como “The letter” de los Box Tops de Alex Chilton, sin obviar el haber albergado a figuras como Neil Diamond o Dusty Springfield, erigiéndose junto con los “Stax” (próxima entrega de nuestra serie) en paladines de lo que sería conocido popularmente como el “Memphis Sound”. Un sonido con denominación de origen fácilmente reconocible con pocos compases de audición.
Con el asesinato de Martín Luther King todavía muy reciente, Memphis era una ciudad especialmente tensa y más aún en vecindarios predominantemente habitados por comunidades negras. La decisión no fue fácil y su elección se verá claramente reflejada en la inclusión de temas comprometidos como el mismo “In the ghetto”.
Algo estaba cambiando en los planteamientos de Elvis. Si en los ’60 se había mostrado reacio a comulgar con el folk reaccionario y la canción protesta, ahora sin entrar en valoraciones políticas si que apostaba por temas de clara concienciación social con este histórico single que en cierto modo complementó el impactante “If I can dream” con el que cerró de forma contundente su especial de televisión meses atrás.
Las grabaciones
Elvis Presley entró por primera vez en los American Studios el 13 de enero de 1969, pocos días después de haber cumplido 34 años. Su voz había iniciado entonces lo que podríamos denominar período de madurez. En ciertos aspectos aparcaba la candidez y suavidad de la primera mitad de los sesenta para centrarse más en transmitir fuerza, sentimiento, rabia y espontaneidad a veces incluso con matices desgarradores dejando en el pasado una etapa de monotonía consecuencia directa del tedio de algunas bandas sonoras.
Su registro lo conoce todo el mundo y en este sentido no necesita demostrar nada a nadie pero si sorprenderá a todos y lo hará con creces.
Para su objetivo, técnicamente contará con la producción del mismo Chips Moman que se acompañará de Felton Jarvis, el cual ya había trabajado con Presley en 1967 en grabaciones como “Guitar man” o “Big boss man”. En el control de sonido aportará su grano de arena el buen hacer de Al Pachuki.
En cuanto a la plantilla de músicos, todos son prácticamente nuevos en el entorno de Elvis proporcionando ya inicialmente una bocanada de aire fresco a su sonido.
Gente como el bajista Tommy Cogbill, provinente del entorno del jazz, el guitarra Reggie Young, de gran versatilidad y colorido y capaz de ofrecer nuevos sonidos incluso con un instrumento como el sitar, el pianista Bobby Wood, el órgano de Bobby Emmons o la harmónica de Ed Kollis. Todos influenciados por el Rhythm & Blues más oscuro y lo que tal vez es también muy importante, la mayoría de la misma generación que Elvis. Un factor favorable a la creación de un buen ambiente de trabajo, compenetración y entendimiento sobre todo en cuestiones referentes a la música y las canciones.
Las sesiones se repartirán en dos tandas de grabación. Una primera en el mes de enero de la que surgirán 19 canciones y una segunda aproximadamente un mes después en la que producirán 14 temas más.
El repertorio
Los temas escogidos serán de lo más variado apostando por compositores ya conocidos como Mort Suman o Percy Mayfield en combinación con nuevos equipos de proveedores plenamente sensibilizados con el entorno musical del momento reflejado en elecciones como “Long black limousine”, “Wearin’ that loved on look”, “You’ll think of me” o “Gentle on my mind”.
En definitiva los ingredientes del cóctel habituales pero preparados, orquestados y tamizados de forma totalmente nueva sin perder de vista las raíces del gospel y la tradición.
El resultado en forma de álbum se traducirá en la publicación en junio de 1969 del indispensable y magistral “From Elvis in Memphis”. Un L.P con una acogida por parte de los fans comparable al que tuvo el “Elvis is back!” al regreso de sus obligaciones militares.
Meses más tarde aparecerá el doble trabajo “From Memphis to Vegas / From Vegas to Memphis” que contará con el soporte añadido de una actuación en directo desde el International Hotel de la ciudad de Nevada.
Mención especial la merecen la edición de los singles. Temas como el “In the ghetto” del que ya hemos hablado unos párrafos antes y el “Don’t cry daddy” ambos de Mac Davis o “Kentucky rain” que junto a “Edge of reality” (grabado en 1968) podrían dar perfectamente color a una entrega del Agente 007, James Bond...
Todo para llegar finalmente a “Suspicious minds”. Una canción original de Mark James que merece capítulo a parte. Si con “In the ghetto” llegó al nº 3 de las listas, con ella coronará el nº 1 del Billboard, una efeméride que Elvis no conseguía desde “Good luck charm” en un lejano ya 1962.
Es todo un privilegio poder escuchar todo el proceso de elaboración de un tema de estas características. Sin mezclas añadidas, con la voz de Elvis en primer plano asistiendo poco a poco a las diferentes inflexiones que darán lugar al éxito hasta conseguir hacer suya la canción tal como si de una experiencia personal se tratara. Una actitud que el de Tupelo adoptará en futuras composiciones que también se erigirán en emblemáticas (“Always on my mind”, “Separate ways”, “You gave me a mountain”)...
A pesar de su temática, todo en ella respira optimismo, desde el arpegio inicial hasta la bajada y posterior subida del master en un final apoteósico y sorprendente.
Personalmente y comprobado de forma empírica, una escucha matutina casual en cualquier emisora de radio garantiza sin lugar a dudas la llegada de una jornada alegre y positiva.
El final
Lamentablemente la relación entre la discográfica de Elvis y los American Studios no se cerró con un final completamente feliz. Felton Jarvis y sobretodo Chips Moman querían constar en la contraportada del álbum “From Elvis in Memphis” en calidad de productores, exigencia a la que los responsables de la compañía se negaron en rotundo vetando así cualquier posibilidad de continuidad en futuras colaboraciones.
En la década de los ’70, Moman se trasladó a Nashville para continuar con su faceta de productor pero regresó a Memphis en 1985 con ánimo de impulsar un nuevo proyecto, los “Three Alarm Studios”.
En cuanto a los American Studios, fueron demolidos coincidiendo con la llegada de los noventa. Desde entonces en más de una ocasión se han escuchado rumores de una hipotética reconstrucción más como reclamo turístico y en forma de museo que no como factoría musical. De momento, el lugar que ocuparon sigue siendo objeto de peregrinación de algunos nostálgicos seguidores que recorren su entorno tal como si quisieran empaparse de un sonido histórico que no volverá ya a repetirse.
Jordi Prat ( Socio 1101)
(Próxima entrega: Stax Studios, Memphis)
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